domingo, 22 de mayo

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Cultura

Emoción y sentimiento en el acto de inauguración de las fiestas de La Paz de Corral de Calatrava

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Imposible derrochar más emoción y sentimiento en el día de la inauguración  de las fiestas patronales de Corral de Calatrava, con un Pregón cargado  de hondas expresiones encadenadas en poesía lírica , como  nunca antes se escucharon en Corral, que tocó el corazón de los corraleños asistentes  al acto.  

Los recuerdos de la niñez, la vuelta a los orígenes históricos de la Villa  y el enaltecimiento del orgullo patrio con la imagen de la Virgen por bandera sirvieron de base al pregonero franciscano fraile y cocinero y  paisano oriundo de Corral ,  Ángel Ramón Serrano para  hacer  vibrar y poner un nudo en la garganta  a los varios cientos de corraleños  privilegiados que  vivieron  en vivo y en directo el comienzo de las fiestas de la Virgen de la Paz  2022 en el  Centro cultural del municipio.  

Un  Pregón   que estuvo precedido de la entrega de obsequios a las  personas, empresa y asociación distinguidos  este año. Sentimientos profundos que afloraron en las palabras de agradecimiento  del empresario Braulio y su compañera Angelines,  del profundo agradecimiento mostrado por  la artista fotógrafa Matilde Gómez, de la joven Noelia Vigara que conmovió  con sus lágrimas   al público asistente, de la  ternura   de los niños Valeria Zamora, Elías Broceño, Diego Calvo y Marina Encinar  y  el la gratitud también mostrada  por Juli y Paco de la Asociación de jubilados y pensionistas. 

Asistieron más de 300 personas  al acto de inauguración que estuvo seguido de un espectáculo de luz , sonido y fuegos artificiales  en la PLaza de  la Iglesia.  Además de los miembros del Hermano Mayor y los  representantes de  la Hermandad de Nuestra Señora de la Paz, asistieron también al acto la diputada Cristina López, el  director provincial del SESCAM Francisco José García y varios alcaldes de los pueblos de la comarca. El acto estuvo espléndidamente presentado y conducido, con sumo tacto   por la concejal de cultura Rosa Suñé 

Las fiestas quedaron oficialmente inauguradas por el Alcalde Andrés Cárdenas , que  valoró  la intervención de todos y cada una de las personas premiadas y  la magnífica exaltación a la Patrona, a  Corral y sus gentes pronunciada por el pregonero.  Cárdenas  por otro lado valoró  la labor que ejercen los profesionales sanitarios que trabajan en la localidad  y  recordó  al exalcalde Silvestre Arenas  como promotor del servicio  sanitario que se dispensa en la localidad, para  justificar la visita reciente de esta semana de las dos ministras que estuvieron en el pueblo: "las ministras de defensa y de sanidad eligieron Corral  para reconocer el trabajo de los profesionales de la sanidad,  valorar el esfuerzo de los ayuntamientos de la comarca, si bien - añadió-  responsable en gran  medida de todo ello fue el exalcalde Silvestre Arenas que puso la primera piedra del centro de salud de referencia que hoy tenemos  en la comarca".  

Texto íntegro del Pregón pronunciado (y cantado) por Fray Ángel Ramón Serrano: 

Excelentísimo Señor Alcalde y ayuntamiento de esta villa.

Reverendo Padre Don Arcangel, párroco.

Hermano Mayor.

Corraleña, joven y niños del año.

Empresarios del año.

Hermanos franciscanos y valencianos aquí bien representados.

Padre, Madre, hermanos y demás familia.

Corraleños y Corraleñas.

Con la venia de todos ustedes,

permítanme pregonar estos días grandes,

en honor de nuestra Virgen de la Paz.

 

Y antes de comenzar,

mostrar mi más sincero agradecimiento

a Don Andrés Cárdenas, Alcalde de esta villa,

por ir a buscar a tierras valencianas

a este corraleño que ahora os habla.

 

No soy persona con mérito

como para afrontar este oficio.

Pero hay algo que me avala,

mis raíces,

arraigadas en estos campos.

Este árbol que ven hoy

 y que ahora extiende sus ramas junto al mar,

sigue bebiendo de estas tierras

del campo de Calatrava.

 

Cantó una vez el poeta:

“Uno se cree que las mató

el tiempo y la ausencia,

pero su tren

vendió boleto de ida y vuelta.

Son aquellas pequeñas cosas

que nos dejó un tiempo de rosas,

en un rincón,

en un papel,

o en n cajón”.

 

Y así fue:

que mientras trataba 

de escribir estas letrillas,

al tiempo que buscaba en el cajón del escritorio

pluma o bolígrafo ,

apareció una bolsita de anises,

de esas que al uso se reparten en el cetro

y que yo guardé para el recuerdo.

De pronto se abrió mi mente

como un  libro ojeado por el viento,

y empezaron a revolotear, juguetones

recuerdos de aquí y de allá,

tan dulces como aquellos anises

que aún guarda esa bolsita

que amarilleó el tiempo.

 

Con la venia de todos ustedes,

nobles corraleños,

doy comienzo.

 

Abrazado al Guadiana,

en el campo de Calatrava,

y bajo un cielo que es de todos,

en esta tierra nuestra,

Vive mi pueblo.

 

Tierra empedrada, en otro tiempo

acariciada de un agua

que fue y está,

aunque no se ve;

de ella bebe la encina

que está y se ve,

y el trigo y la avena

y la cebada.

Agua que da de comer

pan candeal a mi pueblo.

 

Casa bajas, de gigantes

habitadas,

calles anchas, salpicadas

de braseros humeantes

en espera de abrigar, del frio

a mi pueblo.

 

Corral de paz

en campos de Calatrava

camino de la Alcudia,

puerta de Andalucía.

Castilla Nueva de brazos

fuertes,

blandeando banderas blancas.

 

Y la Paz nos viene de Madre:

que “quien nace en el Corral,

lleva en su pecho gravado,

como divisa filial,

en nombre de Paz sagrado”.

Y no hay más que hablar,

que el nombre lo dice todo

pues es el Corral

Mi pueblo.

 

En enero de las noches largas,

sale La Paz a la calle,

para romper la noche

a cohetazos,

para adelantar el día

sembrando de estrellas el cielo,

para hacer sonar el silencio

en música

y adelantar primaveras.

 

Tierra era de nadie

esta calatrava extensa,

Cuando llegó Alfonso el de Castilla.

Y ofreció estas tierras

a aguerridos nobles castellanos

de origen y porte;

pero no quisieron estas tierras

sin castillos ni nobleza.

 

Pública subasta hizo el rey Alfonso

de estas tierras

que aceptó recibir,

entre sornas de castellanos,

un monje navarro,

de nombre Raimundo,

y su hermano de religión, Diego,

que a la sazón, había sido

en otro tiempo,

aguerrido soldado.

 

Llegaron monje y discípulo a Calatrava,

que así sonaba en castellano

los que los moros habían llamado

“Qual´at Rabat”.

 

Feroces incursiones de aguerridos moros,

venidos de Al´Andalus,

sometían a saqueos y violencias

estos campos de Calatrava,

ahora en manos del Abad Raimundo y sus monjes navarros.

 

No quisieron los nobles castellanos

estas tierras y estas gentes,

faltos de títulos y nobleza.

Pero la nobleza no está escrita

en papel o pergamino,

que se lleva en el alma

como preciado tesoro.

Y la ve quien la ve.

Y el calatravo es noble de alma,

grande de corazón,

inmenso por dentro.

Al igual que en estas tierras el agua no se ve,

pero está, y en abundancia.

 

Tierra barbecheada,

preñada de vida,

que revienta en fruto

para quien confía en ella.

 

Y supieron estos monjes navarros

confiar en las gentes de esta tierra;

gentes de corazón valeroso,

sin nobleza de títulos.

Pueblos de casas bajas

habitadas por gigantes.

 

Y cuentan las crónicas,

que lograron juntar 

un valeroso ejército

de más de 20.000 hombres

celosos de una tierra a la que amaban.

 

Narran los romances

que pusieron a la morisma en huida

sin entablar batalla,

tal era la fiereza del aspecto

de labradores y pastores.

Y llamaron y llaman a aquellos hombres

calatravos,

y a esta tierra,

Calatrava.

 

Ante tan valerosa hazaña,

el rey Alfonso concedió titularidad de estas tierras

a aquellas gentes.

desde la  Alcudia hasta el Guadiana.

 

Cantores de gesta forjaron romances

que cantaron las heroicidades de aquellas gentes durante siglos.

Sin ser caballeros, sin títulos ni nobleza,

conquistaron tierras

cual quijotes sobre rocinantes,

soñando aventuras

y doblegando a gigantes.

 

Hombres y mujeres valerosos

caballeros y damas.

Calatravos los llamaban.

Una cruz negra sobre el pecho

que tornó en roja

y floreció en lis.

Plantaron olivos sobre piedras,

fuertes bajo el hielo,

enraizados en roca,

enhiestos frente al viento;

contadores de historias,

pues no en vano

vieron pasar generaciones,

que acariciando sus ramas,

lograron ese aceite,

que los hace tan fuertes como ellos.

 

Hicieron fértil esta tierra

que es roja, negra y blanca;

rompiendo durezas,

abriendo cortezas y sacando

de dentro lo bueno y lo bello,

eso que la tierra guarda

cual tesoro escondido, para los valientes

que atraviesan murallas,

no con espadas, sino con arados.

 

Y la tierra produjo sus frutos,

que por estas tierras son:

avena, trigo y cebada;

austeros y pobres frutos, sí…

para quienes no saben

que florecen en esa flor de harina

que embellece la mesa de los pobres.

 

Que por estas tierras pasa un rio al que llaman Guadiana,

río de patos, dicen significar,

Un río que mueve piedras,

de molino,

donde entran en sagrada procesión

granos de trigo y cebada

que allí abren sus entrañas

floreciendo en esa flor de harina

que alimenta a hombres y animales

en estas tierras de Calatrava.

 

Camino del río se oye esta coplilla:

“De los cuatro muleros,

de los cuatro muleros,

de los cuatro muleros 

mamita mía

que van al río,

que van al río”…

Cargados al amanecer de costales de grano,

regresan, cayendo el sol a su espalda,

cargados de flor de harina.

 

Flor del campo

hecha flor de harina

por un río que mueve piedras,

con el ingenio de gentes,

que sin títulos ni honras,

supieron sacar pan de campos empedrados

donde antes reinaba la abulaga y la carrasca.

 

Flor de harina y agua,

trabajada y moldeada,

tal como el creador modelo al hombre de la tierra;

para hacer pan blanco,

pan candeal, abizcochado.

Y bollos y tortas de manteca,

rosquillos y barquillos…

y pan frito.

Fruta en sarten.

Que en esta tierra no hay naranjas,

pero si hay mucho pan y mucho aceite.

 

En estos campos de calatrava,

camino de la Alcudia,

surgió este pueblo de casa bajas

habitado por gigantes.

Paso de quienes venían de Castilla

o de quienes a ella iban;

como Teresa de Jesús o Juan de la Cruz,

poetas de llanuras y páramos,

que rompían sus versos

en quejidos confiados,

frente a la morena sierra

que ante ellos se alzaba.

 

Vinieron también de Castilla,

pastores con ovejas y vacas,

buscando abrigo y mies

pues Castilla yace bajo nieve y frío

en los meses de invierno.

Montaban sus majadas,

compraban pan, vino y aceite,

y cantaban romances que aun hoy

suenan en cantos de esos niños que fueron.

Como aquel romance de la loba parda

que si no recuerdo mal sonaba asi:

 

“Estando yo en la mía choza,

pintando la mia cayada,

las estrellas altas iban

y la luna rebajada;

mal barruntan las ovejas

no paran en la majada.

 

Vide venir siete lobos

por una oscura cañada,

venían echando suerte

cual entrará en la majada.

 

Le tocó a una loba vieja,

patituerta, cana y parda,

que tenía los colmillos

como puntas de navaja.

 

Dio tres vueltas al redil

y no pudo sacar nada,

a la otra vuelta que dio

sacó la cordera blanca”.

 

Cantaban en torno a la lumbre

en la felicidad de quienes

sin tener nada, vivían

sin faltarles de nada.

 

En los últimos días de enero,

cuando las noches aun son largas

y oscuras,

cuando los amaneceres

pintan de blanco el suelo,

y el avefría corretea los barbechos,

las chimeneas perfuman el aire,

en humo de encina y olivo.

Cuando los braseros

reúnen en torno a una mesa

a varias generaciones, como libros de historia…

En esos días,

La Virgen sale, vestida de sol,

la luna bajo sus pies

y coronada de estrellas,

con una bandera blanca en la mano,

para llenar de Paz

los corazones

de las gentes de este pueblo.

 

La noche es oscura y fría,

calmada.

El hielo cae a plomo 

sobre los tejados,

sobre las calles de este pueblo,

que sopla,

abrigada entre sus manos,

una mecha encendida,

para que no se apague,

pues ha de encender,

cohetes,

uno tras otro,

hasta colorear un cielo,

que de negro que era,

ya nos pesaba demasiado.

 

Y ese ruido que no es ruido,

sino música,

par quien lo entienda.

Enciende los corazones en ígneas pasiones

que, cual antorchas,

alumbran el camino de nuestra Madre,

La Virgen de la Paz,

Reina y Señora de estas Tierras.

 

Quien se atreva,

que entre en la plaza esa noche,

que allí está mi pueblo;

ardiente, valeroso, grande,

inmenso.

Capaz de poner en fuga la noche

y el frío

para que entre su Reina,

su Madre,

La Paz.

 

Desde hace más de una década,

a este corraleño que os habla,

lo acoge la terra valenciana,

allí donde el cielo se une con la tierra

en un horizonte azul

al que llaman Mediterraneo,

allí donde las noches no son tan frías,

ni el cielo pinta de blanco los campos.

Y cuando llegan 

los últimos días de Enero,

sueño con ese frío,

con ese cielo iluminado de fuego

y con esa Paz

abrazando los corazones de sus hijos

en un solo corazón

de nombre

Corraleño.

 

Y cuando “els valencians” me preguntan de dónde soy,

pues mi acento y lengua me delata,

con voz clara, digo:

“Soy del Corral”

Así, sin apellidos,

pues esa palabra, basta y sobra:

“del Corral”

Y cuando la extrañeza del oyente

se delata en su gesto,

yo reafirmo,

casi silabeando

con el afán de que so se escape

ni una sola letra,

que todas son necesarias:

“del Corral”

 

De un corral empedrado

tapizado en manzanilla

cuando apunta la primavera,

que mi padre barría cada domindo

con una escoba de esas

que nunca vi en otro sitio.

 

De un corral de piedras

baldeadas manotazos

desde un cubo lleno de esa agua

que en mi pueblo no se ve, 

pero está;

piedras que rezuman frescor en verano,

y en el invierno,

calentadas al sol,

son la patria de lagartijas juguetonas,

perseguidas de juguetones niños,

en el afán de domesticar lo indomesticable.

 

 

De un corral de piedras que cantan,

al paso de cabalgaduras y carros,

anunciando que padre ya está en casa.

 

De un corral de piedras

donde se amontona el grano,

en verano

y donde se mata el cerdo,

en invierno.

 

Este es el Corral de donde yo soy,

y no hacen falta apellidos,

aunque los hay, y lo digo,

pues me enorgullece:

“de Calatrava”.

 

Corraleños y corraleñas,

ya se barrunta el veinticuatro de enero.

Vivamos con orgullo

lo que somos y tenemos,

que es mucho.

 

Despertemos nuestra pasión

a cohetazos;

iluminemos la negrura de esta noche

que parece que no acaba,

a cohetazos;

alumbremos la esperanza,

provoquemos al sol,

a cohetazos,

para que salga, reclamando su sitio,

y haga de la noche, medio día.

 

¡Gritad conmigo, corraleños!

¡VIVA LA VIRGEN DE LA PAZ!

¡VIVA LA REINA DE LOS ÁNGELES!

¡VIVA LA PATRONA DE CORRAL!

¡VIVA ESTE PUEBLO!