miercoles, 4 de agosto

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Opinión

Stop Making stupid people famous

Por Alberto Parrilla, matrón de Área del Campo de Montiel.

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Hace unos años las personas adultas teníamos la capacidad de hacer a la gente más o menos famosa, pudiendo elegir el canal de televisión que veíamos, comprando un libro u otro o suscribiéndote a una revista. Con la llegada de las nuevas tecnologías y gracias a los foros de internet, redes sociales o canales de streaming hemos conseguido aún más poder para elegir quién serán nuestros referentes en comunicación pudiendo, en muchos casos, financiar su proyecto.

Hoy en día las personas más jóvenes, niñ@s o adolescentes tienen una capacidad mucho mayor que los adultos para endiosar a ciertos personajes, los cuales pueden tener una influencia increíble en las mentes y pensamientos de este colectivo, independientemente de si su análisis social es adecuado, científico, respetuoso o, todo lo contrario.

Esta última semana ha saltado la polémica por la entrevista a un "TikToker" (influencer de la red social TikTok) realizada por un "YouTuber" (influencer de la plataforma YouTube) en la que el entrevistado relataba una serie de barbaridades en las que refería prácticas sexuales de alto riesgo, tanto para él, como para las mujeres con las que decía acostarse.

Son afirmaciones de una persona a la que siguen 26 millones de cuentas en su plataforma, siendo entrevistado por otra persona a la que siguen 1'8 millones de suscriptores en la suya. Esto por supuesto, ha tenido unas repercusiones brutales, tan importantes que hasta el Ministerio de Igualdad ha anunciado que llevará estas declaraciones a la fiscalía.

El título de este artículo hace referencia a un libro en el que se analiza cómo, porque una persona sea famosa, no tiene por qué ser un referente en ninguna materia. Habla sobre la importancia de no otorgar el poder comunicativo actual a personas estúpidas, refiriéndose a éstas como individuos que muestran torpeza o falta de entendimiento para comprender las cosas.

Y es, precisamente aquí, donde habría que tener mucho cuidado, porque el análisis superficial sería culpar a ese comunicador sobre sus declaraciones, aunque por supuesto tendrá que afrontar las consecuencias de sus actos, pero no deberíamos dejar de plantear qué es lo que lleva a los jóvenes de nuestro entorno a clickar y consumir un vídeo de este personaje. Habría que plantear que el desarrollo del pensamiento crítico es cada vez más importante y es necesario dar herramientas suficientes al colectivo juvenil para que puedan desenmascarar a estos profetas de pacotilla y desmentir sus ridículas ideas.

En el caso al que nos referimos, también habría que destacar la importancia en la educación sexual y afectiva en nuestros colegios e institutos que deben servir para que niñ@s y jóvenes que crecen ahora lo hagan siendo educados en el respeto, en la igualdad y en la empatía, para que no sean tutorizados por estúpidos o por algo mucho peor.

Y sí, cuando digo algo mucho peor, hablo de la pornografía, cada vez más violenta y más consumida debido al fácil acceso que tienen a ella. Y que es profesora de hábitos sexuales insanos, salvajes, peligrosos y patriarcales.

Cuando no damos importancia a la educación sexual en nuestras aulas o en nuestras casas, ésta se abrirá camino, y no hay que permitir que nuestros jóvenes recorran el camino que enseña la pornografía.