miercoles, 4 de agosto

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Opinión

Asociación Ojos del Guadiana Vivos sobre la gestión de las aguas de la mancha occidental

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La tubería de la Llanura Manchega ya es una realidad que va avanzando poco a poco hacia las zonas occidentales manchegas para transportar agua detraída de la cuenca del Tajo, esta temporada algo más boyante gracias a Filomena que en la usual situación de escasez de los últimos decenios. Esta tubería “será clave para resolver los problemas de abastecimiento en toda la provincia con un aporte extra de agua superficial que permitirá acabar con el uso de agua subterránea de los acuíferos”, según ha dicho recientemente el Consejero de Agricultura, Francisco Martínez Arroyo.

Pero una tubería no tiene porqué ser necesaria para solventar el abastecimiento humano en La Mancha, y sin duda, las afirmaciones del optimista consejero, son cuando no una exageración idealizada, un atentado contra la lógica del ciclo hidrológico natural y un flagrante incumplimiento de la Directiva Marco del Agua que es quien regula las líneas generales del uso, consumo, disfrute o precauciones respecto al uso del agua en España y en toda la Comunidad Europea.

Como suponíamos, esta tubería pretende la cancelación y descarte de la solución más simple y más lógica de suministro, los pozos de abastecimiento en cada municipio interesado. Bajo los suelos manchegos tenemos la enorme fortuna de poseer un gran pantano subterráneo, sin pérdidas por evaporación para un suministro que debería ser de calidad, obligada para el consumo humano, pero no menos, para el consumo agrícola. Este descarte del agua para consumo humano de nuestros acuíferos, no se pretende que sea una ventaja para su recuperación, para que vuelvan a abrirse los Ojos del Guadiana o para que los ríos manchegos recuperen algo del enorme terreno y calidad perdida, no. Esa agua, nuevamente, va a ser para aumentar los regadíos, en muchos casos para crear productos excedentarios cuyos costes, véase subvenciones, destilaciones de crisis, etc., que se pagan entre todos los contribuyentes.

Desde 1987, cuando se declaró sobre-explotado el acuífero 23, el regadío a pesar de ello, no hizo más que crecer, entrando desde entonces decenas de miles de pozos dentro del adjetivo “ilegales”, de estos, la gran mayoría se han legalizado, otros continúan en la ilegalidad y el mismo consejero es de la opinión de que ahora, con el uso de la Tubería Manchega, se les puede legalizar de una vez por todas, “solucionando” así un problema largamente arrastrado. Pero, lógicamente, no se es ilegal por echar la solicitud más tarde o por no haber tenido los contactos necesarios.

Los agricultores no paran de presionar a las autoridades, de un signo u otro, para que se garanticen sus riegos, se legalicen sus pozos, se aumenten superficies o dotaciones de regadío y la administración, tras caros intentos fallidos o pervertidos respecto a sus intenciones originarias como Planes Especiales, Compensaciones de Rentas, Derechos de Riegos, etc., se ha echado claramente a un lado, ha ido autorizando lo que ya estaba actuando desde hace años y ha dejado hacer al mercado a su aire, dejando por el camino unos ríos y un medio ambiente ya casi olvidados, y a los pequeños y medianos agricultores abandonados en medio de la selva de los grandes propietarios y los fondos de inversión.

El problema no son los “ilegales”, ni siquiera los foráneos fondos de inversión metidos a agricultores, el problema es que no hay agua, no solo eso, es que nunca la habrá, porque se trata de una demanda inflada y creciente, siempre muy por encima de la capacidad de recarga del acuífero. Pero ¿quién le pone el cascabel al gato?, quién se arriesga a ejercer de diana de los ataques de las organizaciones agrarias, quién se arriesga a perder apoyo político o electoral. No tenemos agua ni para todos ni para todo y esa es la pura y simple realidad.

Todas las previsiones, todas, apuntan a una reducción de las precipitaciones y a un aumento de las temperaturas, aumento que se traduce en mayores requerimientos hídricos. Pero es que tienen que ser siempre los agoreros de los ecologistas, los que hagan el papel que tendría que hacer cualquier gobernante con dos dedos de frente y con un mínimo de visión de futuro, o estamos en el muy popular “el que venga atrás que arree”. ¿Es que nadie ve venir el desastre?

Pero mientras tanto en el campo, cada vez hay más alambres y más regadíos; incluso cultivos que se van imponiendo por ser mediterráneos y tolerantes a la sequía veraniega, también se riegan, teóricamente con riegos de apoyo para que no se sequen, pero es que si los apoyas más, producen más, luego a regar se ha dicho; además, por tratarse de leñosos, tienen derechos de riego garantizados.

Sin duda, la agricultura es el sector fundamental en nuestros pueblos manchegos, pero hay muchas formas de hacer agricultura, de mantener a la gente en el campo y la sociedad tiene que ser consciente de ello y no dejar actuar libremente a los agentes interesados manejando la situación y el territorio en base a su lógica empresarial y partidista. Es mucho el dinero que la sociedad pone y que, parece como si fluyese de Europa como un maná, cuando todos formamos parte de las cuentas que mantienen esa agricultura que está acabando con el medio ambiente y con su propio futuro agrario.

El agricultor también es víctima y objetivo de muchos actores. Según algunas organizaciones agrarias es víctima de una Confederación Hidrográfica confundida y manipulada por los ecologistas, pero realmente como dicen las novelas, solo hay que seguir el dinero. Hasta hace poco, las cosas han ido saliendo bien, siempre sin mirar al futuro o al estado de la naturaleza, las rentas han ido creciendo, las subvenciones tanto por insumos, como fruto de una PAC europea y lejana, que no sabe ni de realidades locales ni de picarescas, fluían y eran más que interesantes. Ese dinero, en gran parte institucional y europeo, ha hecho que sobre el agricultor hayan planeado cajas y bancos (facilitando en exceso el endeudamiento e hipotecando al agricultor), vendedores de maquinaria, técnicos agrícolas y representantes de fitosanitarios (prescribiendo sin contestación, abonos, herbicidas, tratamientos, fertilizantes, etc.), a políticos que les han usado siempre que han podido, etc.

También, y todo hay que decirlo, el agricultor no es tonto, y si alguien o alguno de quienes planean sobre ellos, encontraba alguna argucia, atajo o coladero, este truco se imponía, pues pasaría por tonto si no lo hiciera. Las numerosas sanciones pagadas, en litigio o a pagar, así lo atestiguan. Pero cuidado, sin entrar en picarescas, los agricultores pueden ser el chivo expiatorio de un futuro poco halagüeño, pues es posible que se aminoren los grifos del dinero fácil, que llegue una PAC más exigente, que se imponga un mercado menos subvencionado, que haya que competir Fondos de Inversión, que el agua, no solo empiece a cobrarse a todos, como lleva exigiendo desde hace años la Comisión Europea, sino que su coste deje a bastantes regantes por el camino. Entonces muchos querrán hacer efectivo y reclamar deudas o simplemente el rendimiento del trabajo vaya mayormente a pagar compromisos. Es ahí donde de verdad van a hacer falta ayudas, ayudas a quienes de verdad la van a necesitar.

Tener bajo nuestros pies uno de los mayores embalses españoles es un lujo que no nos podemos permitir desperdiciar, ni estropearlo con un exceso de nitratos o fitosanitarios usados sin mesura en superficie o con aguas sin depurar. Hay que pensar en el futuro, en un futuro con poca agua, que va a afectar a todas las cuencas, no pensando que si nos quedamos sin agua vamos a tirar de Tubería Manchega, pues es probable que también se queden sin agua en la cabecera del Tajo, una cabecera que se debe, en principio al Tajo y que, pocos se lo han planteado, pero que va a servir, no para que a Toledo o Talavera les llegue el agua que incontestablemente merecen, sino para abrevar al gigante madrileño, una comunidad que no quiere ponerse barreras y que aparte de bajar los impuestos a las empresas madrileñas, no tiene reparos en llevarse el agua de los ríos que tiene a su alcance, ya lo hizo con todos los ríos propios y ajenos, como el (talaverano) Alberche, pero que ahora apunta claramente al Tajo y para ello se ha construido una gran potabilizadora en Colmenar de Oreja. ¿Quedarán excedentes en la cabecera del Tajo para derivar a la Tubería Manchega una vez atendida la demanda madrileña? o ¿la perteneciente a dicha cuenca hidrográfica?

La apuesta no es la Tubería Manchega, la apuesta son los acuíferos, su cuidado y mantenimiento como garantía para un abastecimiento humano, agrícola y medio ambiental. No de grandes infraestructuras, sino de plantas potabilizadoras para las poblaciones manchegas y con pequeñas redes locales de suministros. Para ello hay que empezar ya a regular sin demora el uso de fitoquímicos en la agricultura, subvencionar el cultivo ecológico y penalizar los excesos de consumo, tanto agrícolas como los demás. Prohibir el uso de pesticidas en el tratamiento de las malas hierbas, tanto en el campo como en las cunetas de nuestra carreteras, pues todo acaba yendo a parar al acuífero, a un acuífero cuyos niveles estén en estrecha relación con el agua disponible para el consumo agrario, buscando siempre el equilibrio reflejado en el Plan del Guadiana que pretende una afloramiento anual de agua, poco más que testimonial, pero de importancia, por los secos Ojos del Guadiana.

No queremos el agua ajena, ni siquiera para el Parque Nacional o la Reserva de la Biosfera, queremos usar nuestra agua, un agua de calidad que garantice la salud de nuestra población, de nuestra economía y de nuestros ecosistemas, todo lo demás serán conflictos con otras comunidades o peor aún, con nuestros norteños hermanos del Tajo. Por supuesto, que es necesario la modernización de redes y sistemas de riego y cualquier otro apoyo tecnológico que ahorre agua, así como el que todos los actores estén de acuerdo a la ley o que se tengan en especial consideración las explotaciones sociales o prioritarias. La naturaleza también necesita su espacio, la desaparición de las grandes llanuras de inundación manchegas así como de numerosas lagunas y lagunillas ha conllevado, aparte de una gran pérdida de biodiversidad, la pérdida de enormes superficies de recarga que se han convertido en superficies de consumo a pesar de ser áreas prácticamente improductivas. El mero cultivo de subvenciones, sin atender a la potencialidad natural o vocación agrícola del terruño ya es en sí una aberración a la lógica que finalmente repercutirá, no solo en el medio ambiente como ya lo está haciendo, sino en la economía y en la sociedad que estamos creando.

Aunque vengan tiempos difíciles, la Mancha tiene futuro, lo único que hay que hacer es apostar claramente por él, y eso lo tenemos que hacer entre todos, aunque muchos tengan que dejar de ganar parte de lo que venían ganando hasta hoy, pero es que estamos jugando con el futuro de todos.