sábado, 4 de julio

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Opinión

El corazón y sus razones

Por Fermín Gassol Peco

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Enrique Jardiel Poncela, (Madrid 1.901-1.952) fue un escritor y dramaturgo español, un genio del teatro del absurdo, algo así como el ancestro de Tip y Coll, aunque su obra, alejada de la ortodoxia ideológica de la época, resultara poco reconocida. Pues bien, este genio es autor de acertadas y ocurrentes frases, una de las cuales hace referencia a la manera más idónea según él, de proceder en  algunos momentos de nuestra existencia: “Cuando tiene que decidir el corazón es mejor que decida la cabeza.” Finísimo observador del alma hispana, con esta frase hacía referencia a nuestra apasionada visceralidad a la hora de hablar, decidir, justificar o reprobar pensamientos o conductas, obedeciendo de manera primordial, primaria y recurrente a los impulsivos dictados de ese noble pero ciego músculo vital que es el corazón.

Y es que llama poderosamente la atención la acentuada subjetividad que mantenemos buena parte de los españoles a la hora de analizar los hechos acaecidos del cariz que propongamos pero sobre todo en el mundo de la política. En general somos personas poco proclives a analizar y discernir las ideas o programas electorales de manera fría, objetiva y elaborada sin posturas preconcebidas porque quizá es más fácil recurrir al método de actuar pensando afectivamente en “contra de los otros” más que hacerlo a “favor de los míos” sobre todo cuando no existen elementos positivos y razonados para inclinarse por una u otra opción.

De esta manera no actuamos de manera pragmática, progresando en ”nuestro” conocimiento de las cosas, despreciando por sistema el mundo que nos es emocionalmente ajeno, ni nos preocupamos de saber el porqué del comportamiento de los que defienden otras posturas.

Así, por ejemplo, sintonizamos cada mañana con la emisora o compramos los periódicos que nos dicen lo que de antemano queremos oír o leer. Para nada ayudan además a este afán los penosos y vacios discursos electorales en que se convierten de manera asidua los mítines de los partidos políticos en donde el único programa que parecen tener es el del insulto al contrario, criticando cuestiones parecidas a las que ellos mismos hacen o han hecho a veces no muy lejos en el espacio o en el tiempo.

Evidente que no somos ni es aconsejable ser puro intelecto, pero en la vida las decisiones más importantes hay que tomarlas tras haber analizado entre las posibles aquella más conveniente, no arrastrados por el precipitado e irreflexivo golpe del corazón.

Podrán rebatirme ustedes estas reflexiones con la frase de otro genio, Blas Pascal: “el corazón tiene razones que la propia razón desconoce”. Y yo les respondo que cierto es, pero Pascal era físico, matemático, filósofo, teólogo, un genio que podía tener el privilegio de pensar y ver con el  corazón… y además era francés.