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Economía

Entrevista

Rubén de Pedro: "La crisis del COVID-19 agitará el sistema actual con cambios de calado en las relaciones comerciales y en los hábitos de consumo"

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Rubén de Pedro, director de la Consultora Rusbáltika

Rubén de Pedro es director de la Consultora Rusbáltika, especialista en comercio internacional y responsable, junto con su socio José María Rodríguez Clemente, de haber ayudado a casi medio millar de empresas españolas a exportar sus productos a los países bálticos, nórdicos y euroasiáticos. Anteriormente vivió y trabajó en China, lo que le proporcionó un conocimiento de la idiosincrasia y de las particularidades de este país, origen de la pandemia. Con él analizamos las consecuencias sociales del Covid-19 y el impacto que esta crisis va a provocar en la actividad económica y comercial.

¿Cómo se dirige una empresa teletrabajando, obligado por la crisis del coronavirus?

En una empresa tan dinámica el teletrabajo siempre ha sido una prioridad. Es por ello que en Rusbáltika continuamos con la operativa habitual gracias a la comunicación diaria que mantengo con mi socio, José María Rodríguez, y con todo el personal en teletrabajo. Nos marcamos unos objetivos a llevar a cabo, con fechas y responsables, y les damos seguimiento mediante correo electrónico y videollamadas. Pero más allá de los protocolos, la clave para poder dirigir con éxito es que haya confianza de la dirección en el equipo y responsabilidad de cada empleado en cuanto a su trabajo.

¿Cómo está afectando esta crisis al negocio de la compañía?

A corto plazo el mayor problema ha sido la paralización de algunos proyectos en marcha ante la imposibilidad de viajar por las restricciones en los espacios aéreos, provocando que no podamos realizar viajes comerciales que teníamos previstos con clientes, así como la cancelación de ferias, misiones inversas, showrooms y conferencias. En ese sentido las llamadas agendas virtuales nos han ayudado mucho a continuar con las reuniones habituales, adaptadas en tiempo y forma al nuevo escenario. Durante el confinamiento, el contacto con proveedores y clientes se ha vuelto incluso más frecuente.

Y ¿cómo cree que puede afectarles en el futuro?

El negocio de Rusbáltika es muy global puesto que, bien directamente o a través de clientes, trabajamos con empresas de un buen número de países que exportan a los cinco continentes. Por lo tanto, las repercusiones a medio plazo pueden ser muy diversas dependiendo de la gestión postcrisis que se haga en cada país.

¿Cómo valora los paquetes económicos aprobados por el Gobierno para paliar los efectos negativos de la crisis?

Desde la posición de Rusbáltika, nos preocupa mucho más la respuesta global que la puntual de un país. Las acciones específicas y temporales de cualquier Gobierno podrán tener más o menos efecto a corto plazo y sobre todo en determinados sectores, pero en el nuestro, en el medio y largo plazo, la respuesta global será la que de verdad nos afecte y para la que nos tenemos que preparar. Afortunadamente, llevamos años trabajando en la diversificación de proveedores y mercados, lo que esperamos que sirva para paliar parcialmente el descenso temporal de proyectos.

El caso de España lo vemos con gran preocupación, ya que está en juego la viabilidad de la base de nuestra economía: las pymes y los autónomos. Sin duda el primer objetivo es salvar vidas, pero el Gobierno tiene que ser consciente de que sin empresas que paguen impuestos no hay bienestar posible. Por ello, el objetivo que debería compartir toda la sociedad española, incluida su parte política, es evitar que mueran las empresas y con ellas el empleo. Solo pedimos sentido común para todos los que arriesgamos nuestro patrimonio, tiempo y futuro para generar una riqueza que beneficia a toda la sociedad. Por ejemplo, suspender las cotizaciones y el pago de impuestos durante la inactividad lo han hecho ya 22 países europeos. ¿Alguien crearía una empresa para contribuir a las arcas públicas y no generar ingresos? Se van a necesitar más ayudas tangibles que lleguen a quienes más lo necesitan y al conjunto del tejido empresarial.

¿Cómo está afectando esta crisis a las empresas exportadoras y qué sectores cree que tardarán más en recuperarse?

La crisis está afectando tanto al suministro de muchos productos en los procesos de elaboración de las fábricas como a la exportación y venta de la mayoría de empresas, que están viendo una contención en los mercados debido al descenso drástico de la demanda provocado por el confinamiento y el distanciamiento social.

El impacto sobre la actividad productiva lo van a sufrir todos los sectores, pero se va a cebar especialmente con el sector turístico (aerolíneas, agencias de viajes, hoteles...) y con aquellos más dependientes de la cadena internacional de suministros (calzado y textil, alta tecnología y artículos del hogar, además de la industria automotriz).

A priori no parece que la industria agroalimentaria, clave en la región, esté siendo de las peor paradas en esta crisis. ¿Cómo ve la situación de las empresas castellano-manchegas?

Si bien es cierto que en algunos sectores los grandes productores han experimentado un notable incremento de ventas en el mercado nacional debido al cambio en los hábitos de consumo provocado por el confinamiento, no lo es menos que en torno a un 60% de las pymes alimentarias venden más a los sectores horeca, turístico, tiendas gourmet y colectividades que en hipermercados y grandes cadenas de alimentación, por lo que están sufriendo más las consecuencias de esta crisis. Esto puede generar efectos difícilmente reversibles a medio plazo en la economía rural, que arrastren también al sector primario.

Ha trabajado y vivido en China y en varios países de Europa. ¿Qué diferencias ha encontrado a la hora de afrontar el coronavirus y sus consecuencias?

En primer lugar hay que analizar las diferencias culturales. China es una civilización milenaria, con un Gobierno que prioriza el bien colectivo sobre el individual. Por su organización política, puede permitirse medidas mucho más drásticas, algunas de ellas impensables en occidente. Además, el Gobierno chino dispone de muchos datos sobre los ciudadanos, así como de sus patrones de conducta. Todo ello les ha permitido ser más rápidos al controlar la propagación del virus. En Europa esto no es posible hoy por la política de protección de datos. El debate al que probablemente nos tendremos que enfrentar es el de si tiene sentido hipotecar la libertad y la privacidad en aras de la seguridad.

¿Hasta qué punto cree que va a cambiar esta crisis las relaciones comerciales y de poder económico? ¿Podría ser China la gran beneficiada?

Es muy difícil predecir en este momento cómo será el mundo después de esta pandemia, pero ya estamos empezando a ver algunas señales de proteccionismo en algunos países. Bajo mi punto de vista, esta tendencia va a acelerarse tras la pandemia. Probablemente estemos ante la mayor crisis económica desde el final de la Segunda Guerra Mundial, de la que definitivamente China puede salir beneficiada en términos económicos y comerciales.

¿Cómo calificaría la actuación de la UE en esta crisis, tanto en lo sanitario como en lo económico?

La tensión provocada por el modo en que se está afrontando la alarma entre los países del norte y del sur es más evidente que nunca. Europa no ha sido capaz de dar una respuesta convincente ante la dureza con la que el virus ha golpeado a sus poblaciones y a su economía, especialmente a Italia y a España. También está probablemente fallando en su política de comunicación, en lo que respecta a muchas acciones que sí está tomando y que no llegan a calar lo suficiente en el público general. Esto aumentará inevitablemente el euroescepticismo en el sur del continente.

¿Cómo cree que el covid-19 va a cambiar el mundo que conocemos?

La tremenda crisis que se avecina dependerá mucho de la geopolítica, la cooperación internacional y de si los países deciden olvidarse de sus intereses particulares y buscan una respuesta unificada, lo que desafortunadamente no parece que vaya a ocurrir en el corto plazo.

¿Estamos ante el final de la globalización?

La trayectoria de la globalización ya estaba cambiando cuando llegó esta pandemia, como quedó de manifiesto con la guerra comercial y tecnológica entre EEUU y China. Estamos ante un punto de inflexión histórico que va a traer cambios realmente grandes en nuestra sociedad, porque casi todas las cosas buenas que le han pasado al mundo en los últimos 30 años se han debido a que las fronteras se han hecho más abiertas y el comercio de bienes y servicios ha crecido. Ahora eso está cambiando y ese es un problema real.

¿Por qué debería ser un problema?

La respuesta más obvia la tienes en la situación actual de pandemia. Este es un problema global, al que no se puede responder de manera local. Y hay más retos globales, que necesitan respuestas globales, como erradicar el hambre y la pobreza en el mundo.

Menos globalización significa menos crecimiento económico. Menos interdependencia entre países significa más riesgo de conflictos, incluyendo los bélicos, porque es más fácil ir a la guerra contra alguien de quien no se depende. Esa es una de las razones por las que la relación entre Estados Unidos y China, pese a la desconfianza mutua, ha sido pacífica: porque los dos se necesitan el uno al otro.

Desde luego, la globalización ha traído problemas y desigualdad en ciertos sectores de la sociedad. Pero la respuesta adecuada es distribuir la riqueza de manera adecuada, no acabar con la globalización, porque ello provocaría que hubiese menos para distribuir.

¿Qué cree que aprenderemos de todo esto?

Como empresa, la importancia de diversificar y de una buena planificación de los acontecimientos previsibles y sus consecuencias.

Como país, debería servirnos para ser conscientes de nuestra realidad: la economía española es poco productiva, con un valor añadido por debajo de su potencial; la transformación digital va muy despacio y no tenemos muchas empresas con suficiente tamaño para ser competitivas internacionalmente.

A la clase política debería servirle para preguntarse si ha estado a la altura de la sociedad civil, para definir cuáles son nuestras prioridades colectivas y para dar importancia a aquellas cosas realmente imprescindibles. Cuando se reduce la inversión en salud, biotecnología e I+D se comprometen las necesidades de la sociedad del mañana.

Personalmente, a valorar más las cosas realmente importantes de la vida: la salud, la familia, las amistades y la libertad. Creo que esta crisis va a producir también en cada uno de nosotros un cambio de paradigma, a través del que empezaremos a apreciar cosas que antes dábamos por sentadas.