martes, 31 de marzo

Ciudad Real

Visita nuestra página en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Instagram
Buscar
Logotipo de Ciudad Real Digital

Opinión

Fermín Gassol Peco

Pablo Iglesias, una "aspiradora" de poder

Por Fermín Gassol Peco

Imprimir noticia

Y es que su “talante succionador” viene siendo desde hace tiempo una evidencia rotunda y cada día más esperpéntica. Sus proclamas, su dialéctica, su filosofía totalitaria resultan hoy tan fuera de lugar como increíbles, (máxime además si la coherencia entre aquello que dice defender y su mansión como respuesta, para muestra un botón, algo decepcionante que por otra parte nunca entendí, se dan de tortas).

No es la primera vez que escribo sobre este político; ”Jesucristo ¿avalista de Podemos?”, “Aciertos y errores de Podemos, “La calle de señor Iglesias”, ”Pablo e Irene expulsados del paraíso”, son algunos de los títulos en los que el líder de Podemos ha centrado el tema de manera exclusiva. Sin embargo lo traigo una vez más y en estos momentos tan difíciles a raíz de su comparecencia ante los medios hace unos días, saltándose la cuarentena para hacer un mitin, dando así un ejemplo tan flaco como irresponsable a una ciudadanía de la que es su representante. Y digo esto porque la causa de su aparición estuvo clara, lanzar una proclama partidista publicitando más que a Podemos a él mismo, para recordar al respetable que estaba ahí, abusando de su condición de vicepresidente del gobierno.

Una perorata que pasando los días causa mayor estupor y sonrojo; su referencia a la libertad de expresión en la cacerolada al rey, para mí cuestión menor si no estuviera en esa responsabilidad y su machacona insistencia en hacer de los muertos otra lucha de clases, algo grosero. Pero su apelación a lo público como única posibilidad de respuesta a esta situación, tiene muchísimo más calado porque significa pretender un modelo de régimen con rey o sin él que esta es su única obsesión en una cabeza repleta de semen político caducado.

Lo tachaba además de esperpéntico porque hablar de progresismo, de avance social hoy desde una ideología comunista es un chiste malo, muy malo pero sobre todo indecente. Pero hay más, creo que a este autoproclamado profeta de las más puras esencias democráticas “le da igual todo lo que no sea él y solo él consigo mismo”, un narciso político de libro que juega a intentar escalar sea como sea, el fin justifica los medios, ya saben, una mayor cuota de poder con la endeble carta de presentación de treinta y cinco diputados, eso sí, que parecen poseer una calidad democrática muy superior al resto, excluyendo a independentistas, defensores de terroristas y demás socios de conveniencia para estos momentos, por supuesto.

Defender hoy en Europa y en pleno siglo XXI la idea de que todo debe ser público resulta tan patético como ofensivo. Intentar hacer de aspiradora, succionando toda la enorme y rica variedad que contiene una sociedad en libertad para vestirlas de un monocolor y meterlas en un saco, el suyo, el de pensamiento único, que no contiene más que reparto de pobreza y miseria, es propio de un peligroso lunático.

Porque esa sociedad a la que Podemos quiere salvar con sus ungüentos es una sociedad mucho más evolucionada y compleja. Iglesias se ha querido confundir de siglo y por lo tanto de momento social, porque no tiene algo más novedoso que ofrecer. Un comunismo revestido ahora de populismo pretendiendo igualar a todos por abajo; eterno programa de fondo que presenta cualquier comunismo, la igualdad en la pobreza y en la falta de libertad, que ejemplos tenemos a patadas, el de Venezuela por ejemplo para hoy mismo. Como es lógico y consustancial en una democracia todos los políticos venden sus programas ofreciendo las bondades, que algunas siempre tienen; pero ninguno de ellos osa arrogárselas de manera exclusiva; Pablo Iglesias sí, y es que el líder podemita va directamente contra el sistema establecido y no sólo contra el modelo de estado.

Curioso y sintomático por otra parte que ningún comunismo hable nunca de generar riqueza, sino de repartir la que otros han creado. Pues bien, pretender esto en una sociedad europea con una enorme clase media, con gente emprendedora salida de ese pueblo a quien tanto gusta apelar, que ha parido pequeñas, medianas y grandes empresas a base de talento, esfuerzo y sudor y que ahora se está mostrando solidaria, no parece ciertamente el mejor remedio, sino el peor virus político.