viernes, 27 de noviembre

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Opinión

La trascendencia del momento

Por Fermín Gassol Peco

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“Inteligencia es aquello que utilizas cuando no sabes que hacer”, Jean Piaget.

Los momentos y circunstancias que estamos viviendo pasarán sin duda a los anales de la historia no solo por su gravedad como epidemia, sino por la estupefacción e incredulidad de un escenario que creíamos erradicado; momentos por lo tanto no solo importantes sino trascendentes pues marcarán el devenir y los planteamientos de futuro, desde luego que de manera inevitable a corto pero muy probablemente a medio y largo plazo tanto en la economía como en nuestro talante social. Quizá estos momentos estén sirviendo para separar los granos de las pajas…lo importante de lo accesorio, pero sobre todo poniendo en el epicentro aquello que es vital.

Las circunstancias hacen patentes las distintas dimensiones de cada ser humano tanto a nivel personal como social y comunitario. Las que estamos atravesando, imprevistas, sorprendentes, preocupantes, desconocidas, profundamente interventoras en nuestra cotidianidad, nos obligan a reflexionar y reenfocar muchas cosas de muy diferente índole.

En estos momentos extraños, nos vemos abocados a un comportamiento distinto, sometidos a un tipo de vida comprimida, no sabemos aún por cuanto tiempo y proclive por ello a poder sacar lo mejor de nosotros mismos.

Ahora es momento de recurrir a solidaridad a base de ejercitar las virtudes humanas como la paciencia, renuncias, comprensión, humor y sobre todo inteligencia y madurez. Este virus ha impactado de manera grosera en la línea de flotación de lo que somos, hacemos, deseamos y amamos, poniendo a prueba el peso de nuestro bagaje humano.

Las renuncias a algunas de las costumbres, dependencias y hábitos, fundamentalmente los que marcan nuestras formas de ser, suponen la parte más difícil de encajar, de ahí que al obligado cumplimiento del comportamiento que las autoridades y el sentido común nos dictan, hemos de añadir esa libertad interior que detecta la riqueza que tenemos como individuos y sociedad, son momentos de disciplina social y obedecer a quienes saben.

El momento está sirviendo, insisto, para la relativización y apreciación de muchas cosas, detectar aquello que es necesario, importante y tangencial, y como no, para la corrección de otras que quizá nos estaban alejando de la verticalidad racional y humana. Momentos de cierto desconcierto en los que hemos de conjugar el instinto de conservación y la inteligencia como capacidad de adaptación al cambio.