viernes, 3 de abril

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Opinión

¿Preparados para la paz?

Por Fermín Gassol Peco

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Nos encontramos inmersos felizmente en un prolongado periodo de paz y esto constituye una gran suerte que las guerras siempre suponen multitud de tragedias personales y un empobrecimiento para todos.

Las guerras con su crueldad han tenido un drástico efecto de control sobre la población. Unos efectos devastadores que siempre trajeron además de sangre y lágrimas, sudor, mucho sudor para superar sus efectos en distintos momentos de la historia. El afán por la conquista de territorios ajenos, el control de su riqueza fue en la mayoría de las ocasiones el origen de las continuas contiendas. Las revoluciones asimismo fueron como etapas a las que ninguna civilización supo anteponerse como obligado paso para la liberación de las clases sociales. Las guerras civiles, las más crueles, mostraron siempre la cara más trágicamente “familiar” y más horrible de las revoluciones sociales.

Hoy existe paz en la mayor parte del planeta. Pasó a la historia esa imagen del hombre como un ser hecho para la guerra. Hoy los humanos parece ser que estamos educados para ser elementos de paz. Sin embargo la pregunta surge: ¿Estamos preparados para vivir en la paz? Más de uno dirá que para eso no hay que estarlo, que con no ser físicamente agresivo es suficiente. Cierto es pero solo de momento. Hoy se nos abre a los humanos un nuevo estilo de supervivencia lejos de contiendas sangrientas. La ausencia de guerras y la medicina hacen que afortunadamente no existan bajas masivas de personas por estas causas. Pero cada día somos más, el planeta va viendo aumentado el número de sus habitantes y, aquí viene el problema, a su vez presenta una capacidad de recursos limitados.

¿Estamos preparados para vivir en la paz? reitero ¿Somos conscientes de que el sol sale todos los días y para todos? Dentro de unos años, no sé cuántos, se va a dar la conjunción obligatoria de dos realidades hoy tremendamente distanciadas cuales son la realidad económica y la ética.

El ser humano actual se mueve fundamentalmente por motivos económicos y en mucha menor medida por móviles éticos; éstos últimos van a ser sin embargo los que nos lleven al convencimiento de que habremos de “estrecharnos” para que todos podamos vivir como personas en esta nuestra casa común, la Tierra.

Resulta curioso que unos valores prácticamente ausentes hoy sean los que en un futuro decidan y resulten contener la solución. Aquellos que al final señalen la salida a una economía de supervivencia para toda la especie humana. Porque es de suponer que dentro de unos años las guerras quedarán definitivamente superadas y también lo estará así mismo el hambre en las regiones del planeta que hoy lo padecen. No parece que exista otro que ese deseable camino pues, para la humanidad en el futuro.

O volvemos a luchar para tener un sitio más espacioso a costa de eliminar a otros o será la ética de la fraternidad, la aproximación en los estilos de vida de todos los habitantes del planeta la que haga posible que podamos seguir viviendo todos en paz. Curiosa coincidencia de caminos, el económico y el ético, caminos que hoy parecen resultar tan alejados pero que en el futuro están obligados a entenderse para que la humanidad no quede condenada una vez más en su torpeza.