miercoles, 8 de abril

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Opinión

La mentira, un atentado a la verdad

Por Fermín Gassol Peco

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La existencia, la realidad preexistente, siempre aparece cargada de verdad. La verdad es cualquier realidad que la vida nos ofrece en su manera original, por lo tanto trasparente, inocente, sin contaminar, de la misma manera que la naturaleza no entiende de dobleces, preámbulos, cálculos o reflexiones pues todo en ella discurre de una manera espontánea. Si equiparamos naturaleza, vida y existencia, tendríamos que colegir que las nuestras en principio deberían estar impregnadas de todo lo anterior. Pero en este maravilloso escenario donde las sorpresas no caben, existe un factor destinado a elevarla y dotarla de personalidad propia, un elemento que hace de esa naturaleza, de esa existencia, de esa vida, algo activo, participativo, capaz de dotarla de una respuesta propia; ese elemento es la libertad. De ella derivan la inteligencia, la conciencia y la moral.

La libertad, la inteligencia, la conciencia y la moral son virtudes y atributos con los que la naturaleza humana está capacitada para poder profundizar en las verdades que la vida ofrece pues la existencia contiene unas potencialidades, unas dimensiones que solamente puede ser abordadas a través de esos cuatro atributos específicos del ser humano. Y es que hasta hoy no existe nada ni nadie con capacidades superiores a las del hombre como especie, de ahí que seamos nosotros los encargados de llegar a descubrir por completo la realidad que existe.

Pero tanto la libertad como la inteligencia, la conciencia y moral pueden ser educadas y utilizadas de una manera veraz o torticera; en este último caso estamos hablando de lo contrario a la verdad, la mentira.

La mentira puede ser considerada como la estrangulación de la verdad que la vida nos presenta, de aquellas realidades que nos encontramos a diario. Las mentiras traicionan por tanto el futuro que procura la verdad que es tanto como decir abortar el futuro del ser humano porque escatiman o anulan la dimensión creciente que la verdad procura. La verdad es oxígeno para ese futuro, mientras las mentiras son conceptos nocivos que eliminan el aire de la vida. Por eso siempre fue usada como estrategia por los tiranos. “Una mentira repetida muchas veces se convierte en una verdad” que dirían Lenin y Goebbels.

La mentira es la tergiversación mental de la verdad, por eso la convierte en el arma más peligrosa para la deriva del ser humano, tanto a nivel individual como social; supone someter a la mente a un proceso erróneo que da como resultado desembarcar en un lugar equivocado. Cuando la mente es subyugada y sometida de manera constante a la mentira, la conciencia acaba perdiendo el sentido, el norte de la realidad y como consecuencia el comportamiento moral presenta un encefalograma plano.

Cuando el ser humano vive sin encontrar referencias, cuando la inteligencia se encuentra inundada por señales equivocadas, la vida se convierte en un naufragio. Es cuando la mentira acaba por estrangular a la vida y a la libertad. Por eso la verdad nos hace libres, porque proporciona oxígeno y paz a nuestras conciencias.