martes, 25 de febrero

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Tenemos medicamentos que previenen el cáncer de mama y nadie los usa

Miguel Martín, oncólogo

LGTBI

De diversidad va la cosa

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Beth Giraldo Díaz.- ¿Se imaginan estar trabajando 24 horas al día? ¿Se imaginan que una actriz esté actuando 24 horas al día? ¿Se imaginan que un payaso esté haciendo payasadas las 24 horas del día? Pues eso es lo que tenemos que sufrir las personas tras antes de iniciar la transición: actuar desde que nos levantamos hasta que nos acostamos.

Ser una persona trans no es ni fácil ni un camino de rosas. Tenemos que adecuar nuestro cuerpo a lo que sentimos, y no siempre es comprendido.

Son años los que puede llegar a tardar una persona trans en iniciar el tránsito, años en lo que la persona pasa por un estado de autoaceptación. Tiempo que está pensando como “salir del armario” como iniciar el proceso. Y si la sociedad le damos la espalda estamos abocando a esa persona a un mundo solitario.

En  los últimos años estamos viviendo un aumento en cuanto a las agresiones y la hostilidad hacia lo diferente y lo desconocido. Han aumentado las agresiones hacia personas LGTBI, la xenofobia y el racismo, al igual que las violaciones en grupo, los crímenes machistas. Esto es una lacra, una lacra que tenemos que enfrentar con firmeza.

Por eso es necesaria una educación más inclusiva, donde aprendamos que la diversidad, en todas sus vertientes, es un factor clave para la convivencia. Que las personas racializadas no vienen a quitarnos el trabajo, vienen a sobrevivir. Que las mujeres tenemos que ser iguales a los hombres en derechos y deberes, y que no somos propiedad de nadie. Que las personas LGTBI no son personas desviadas ni confundidas, que las mujeres trans no somos hombres que se disfrazan de mujeres, al igual que los hombres trans a la inversa. Hablar de diversidad en la escuela no puede seguir siendo una asignatura pendiente de nuestra democracia.

Si en la época donde yo estudiaba se hubieran dado estas charlas no habría tenido que soportar burlas, insultos, agresiones y todo tipo de vejaciones. En esas charlas nos habrían enseñado que ser una persona LGTBI es tan normal como ser hetero o cis-sexual. Si cuando estudié hubiera habido visibilidad en la escuela no serían necesarias estas palabras hoy.

Soy de esas mujeres que luchan día a día contra la discriminación. Soy transexual y hablo en primera persona de las violencias a las que me he enfrentado y me enfrento cotidianamente. Soy una de las muchas mujeres que aún viviendo esas situaciones somos quienes hablamos de nuestra experiencia y no sólo de las estadísticas. Soy una de las “T” de los colectivos LGTB.

¿Tenemos que permitir que se nos siga acosando? ¿Tenemos que permitir que se nos siga señalando? ¿Tenemos que permitir que un padre o madre desinformada, homófoba o que por mera presión social no de su consentimiento para que su hijo asista a una charla donde se visibiliza la diversidad de maneras de ser?

La educación en diversidad no representa ningún adoctrinamiento. Muestra la diversidad que existe en nuestro país, el respeto hacia todas las orientaciones e identidades sexuales, el respeto hacia todas las personas sin tener en cuenta su origen, raza, color de piel o expresión de género.

Hay dos caminos por los que guiar los principios en la escuela: o educar en la diversidad o educar en la discriminación. Podemos tener hijos e hijas libres, que no necesiten llevar a cuesta el peso del armario o, en cambio, que vayan a la escuela a niños y niñas donde sigan acosando a su compañero o compañera de mesa solo por ser gordo, alta, negra o tenga poco pelo. Qué es lo que queremos y hacia dónde van algunas propuestas es lo que tendríamos que plantear en este debate. De qué lado nos situamos ante el acoso escolar, de qué lado estamos cuando insultan a alguien por ser transexual.

Y ahora les hago una pregunta, si hablamos de que estamos dispuestos a desautorizar algo en la escuela ¿Por qué no poner mejor el pin parental a la lgtbifobia y los discursos de odio?.