domingo, 26 de enero

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Sociedad

Madrugar es aprovechar el día

Por Fermín Gassol Peco

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Hoy el día ha abierto sus compuertas muy temprano. Quienes han tenido la suerte u obligación de penetran en él madrugando, se han encontrado con los mejores lugares para disfrutarlo. 

Dicen que “a quien madruga, Dios ayuda”; no seré yo quien mantenga lo contrario, antes bien, me atreveré a aseverar que esta afirmación tiene rango de axioma existencial y para los reacios a la realidad divina, defensores de que lo único importante para tener éxito es el esfuerzo, así sin más “elementos” que lo faciliten, el axioma quedará en: “a quien madruga, el día ayuda”.

 Soy testigo como digo, de esta verdad existencial, por eso me atrevo a afirmarla. En el transcurso de mi vida tuve épocas en las que disfrutaba demasiado de los sabores de la noche en detrimento de los frescores de la mañana. Conservo de esos días cierto desagrado por la sensación de desasosiego y vencimiento que me producía comenzarlos viendo las espaldas de los que ya lo llevaban andado desde unas horas antes. Era como llegar tarde a un atrayente espectáculo ocupando siempre los lugares más lejanos y laterales quedándome a dos velas de lo que allí se estaba representando.

Más tarde el destino me hizo ser testigo de miles de amaneceres durante las cuatro estaciones del año. Y a fuer de ser sincero, es el recuerdo más agradable de esa época. Ser testigo de ese instante cuando el día se hace vida y movimiento, asistir al momento en el que el sol inicia su andadura por el horizonte y la sociedad pone en marcha el engranaje que permite su propia subsistencia. Colaborar en el izado de ese inmenso telón que supone la noche para iniciar la representación de otra obra que es el nuevo día.

Porque madrugar es acompañar al día en sus inicios, beber su esencia por entero, aprovechar su permanencia en toda la dimensión. Madrugar es como coger el ritmo paulatino de ese “salto a la comba existencial” que son los quehaceres cotidianos. Madrugar es ganarle al nuevo día por la mano levantando el vuelo lentamente para ir tomando altura y planear con solvencia sobre los distintos problemas, interrogantes y satisfacciones por los que cada día atravesamos.

Levantarse, iniciar la jornada cuando el sol ya está en lo alto, es como no querer estrechar esa mano que al amanecer el nuevo día nos extiende, es como llegar tarde a todos sitios, perderse el inicio y el porqué de muchas cosas, entregar a la nada parte de lo que somos y tenemos.

Mañana comenzará otro nuevo día, sus compuertas se abrirán al alba…les invito a entrar muy pronto en él…y después de tomarse un buen café si es con churros ni les digo, coger el mejor sitio para poder disfrutarlo.