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Opinión

El disputado escaño del señor Borja

Por Blas Villalta

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Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo, nos dice el refranero popular. El pasado lunes el Partido Popular de la provincia presentó sus listas de candidatos para el Congreso y el Senado para las elecciones generales del próximo 10 de noviembre. Después de que en abril los tres diputados de la derecha se dividieran en tres partidos (pues PP, Ciudadanos y Vox consiguieron uno cada uno), el PP había decidido renovar algunos de sus nombres, con la intención de recuperar al menos alguno de esos diputados perdidos. Es cierto que con el fraccionamiento de la derecha en tres facciones, el PP perdió en toda España muchos diputados, especialmente en las provincias rurales, como fue el caso de Ciudad Real. Y que en provincias como la nuestra, además, donde una amplísima mayoría de ayuntamientos quedaron, después de las elecciones municipales de mayo, bajo gobiernos de izquierdas (en su gran mayoría del PSOE), pues la estructura orgánica del PP se ha ido resintiendo. Falta de poder real en los ayuntamientos, representación en mínimos históricos en la Diputación de Ciudad Real, presencia irrelevante en el Parlamento de la Junta de Castilla-La Mancha, han ido haciendo mella, y cada vez son menos los nombres de los que tirar para las listas nacionales. No ya nombres de relumbrón, gobernantes regionales o alcaldes con méritos reconocidos, sino simplemente nombres con los que rellenar una lista para luchar por el segundo o incluso por el tercer diputado de la provincia.

Así, el PP provincial coloca en primer lugar en la lista del Senado a Francisco Cañizares, que quiso ser alcalde de Ciudad Real, y hasta celebró que lo sería cuando hizo cuentas la noche electoral de mayo, pero que finalmente se quedó sin alcaldía y ya busca un puesto bien remunerado y menos trabajoso en la tranquilidad de la Cámara Alta. Pero la sorpresa fue que colocaron en el número 3 por el Congreso a un imputado, el actual alcalde de Membrilla, Manuel Borja, que en los últimos años aparece y desaparece de las fotos de la Dirección provincial según van sus procedimientos judiciales, o más bien según la prensa se hace eco de ellos o pasa largas temporada sin mencionarlos.

Los que somos de Membrilla y comarca, y seguimos de cerca la política y la antipolítica de nuestro entorno, nos quedamos bastante perplejos al ver que al fin el PP accedía a esta vieja pretensión del señor Borja, pues en el código ético del Partido Popular figura desde hace tiempo la intención de no llevar a imputados o investigados en sus listas, y el señor Borja está procesado y a la espera de la apertura de juicio oral por un delito contra el medio ambiente, que la fiscal considera probado y por el que le piden dos años y medio de cárcel y siete de inhabilitación. Los medios provinciales y regionales publicaron en marzo los detalles de su imputación y la categoría del delito, que supuestamente cometió en 2013 y 2014, siendo ya alcalde de Membrilla, y por el que también está imputada su concejala de Medio Ambiente, así como el ex alcalde de Manzanares y su correspondiente ex concejal, también del PP y ya fuera de la vida política activa.

En la mañana del martes, los medios de comunicación provinciales publicaron otra noticia que comentaba la rueda de prensa que habían ofrecido los candidatos del Partido Popular para explicar sus intenciones de cara a las elecciones. Todos los candidatos “a excepción de Manuel Borja”, decía la nota, pues en ese momento el alcalde de Membrilla ya había sido eliminado de la rueda de prensa y de la foto. Era llegar muy lejos llevar en 2019 a un candidato ya imputado, supuesto delincuente, pendiente de juicio. La designación de candidatos se hizo el día anterior con el beneplácito de la Dirección provincial, pero sin la supervisión de la Dirección nacional. La noche del lunes, Manuel Borja, flamante candidato al Congreso de los Diputados, ya no era candidato. El PP puede admitir candidatos imputados en elecciones municipales (si es que le garantizan el éxito, sobre todo en pueblos aislados o casi desconocidos, sin presión mediática alguna), pero no puede permitirse el lujo de empezar una legislatura, en la que previsiblemente mejorará sus resultados, llevando imputados en sus listas. Si finalmente Manuel Borja es condenado (puede entrar en la cárcel y a buen seguro será inhabilitado), el escándalo afectará a la pequeña vida de su pueblo, Membrilla, y como mucho a la comarca (para los vecinos de Membrilla no es edificante tener un alcalde que es el primero imputado en nuestra historia democrática) pero no será un escándalo nacional. Cosa que sí podría haber ocurrido si no hubiera pasado el filtro de la calle Génova y se hubiera mantenido como candidato e incluso hubiera sido elegido diputado.

La verdad es que este correctivo del PP nacional supone una humillación pública que el actual alcalde de Membrilla podría haberse ahorrado. Pero pasada la tormenta y el berrinche, el mismo martes el señor Borja publicó en redes sociales que, menos de 24 horas después de haber sido nombrado candidato, renunciaba a esa condición y se volvía a su pueblo. Se volvía y, a tenor de sus palabras, se envolvía en la bandera populista de querer más la alcaldía de su pueblo que un escaño en el Parlamento. Excusatio non petita, accusatio manifesta. El señor Borja se podría haber ahorrado que sus aspiraciones políticas quedaran humilladas si hubiera ofrecido a tiempo toda la información sobre sus procesos judiciales a la Dirección nacional de su propio partido. Hay que imaginar esa noche en la sede de Génova, cuando esos encargados de buscar hasta la última mancha que pueda empañar la carrera de los candidatos propuestos desde las provincias, llegan y teclean el nombre de Manuel Borja Menchén en Google y les aparece todo lo que carga en su pesada mochila. Y ni siquiera lo que aparece, los delitos parece que probados y que tendrán que ser sometidos a juicio, son lo más grave, pues quienes hemos vivido en el pueblo en las últimas dos legislaturas conocemos las maneras de obrar de él y de su equipo. Pero esto de estar imputado y tener juicios pendientes, a estas alturas, para querer ser político de verdad, era demasiado. Como dijo el clásico: Manolete, si no sabes torear pa’ qué te metes…

Tenemos una democracia sólida en nuestro país, a pesar de todos los desafíos y tensiones a los que la someten. Y es una buena noticia enterarse que todos los partidos, de izquierda y de derecha, rectifican y valoran más la limpieza interna que los intereses  particulares de mandatarios regionales o locales. Ostentar el cargo de diputado habría posibilitado que el señor Borja disfrutase de un aforamiento tal vez pretendido y rentable para él, pero no justo ni para la provincia de Ciudad Real ni para los intereses generales de su partido, que deben ser los mismos que los de nuestra región y los de España. Comprobar que los mecanismos internos de los partidos empiezan a funcionar, aunque sea con rectificaciones, sí que resulta esperanzador para nuestra higiene democrática.