martes, 5 de marzo

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Opinión

25N, No somos iguales

Por Elena Herreros, Secretaría de Igualdad JSLCM.

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Otro año más llegamos al 25 de noviembre, y de nuevo, el número de mujeres asesinadas es desolador: 52 llevamos en lo que va de año, 2 de ellas en nuestra región y 51 menores de 18 años huérfanos. Estos datos parecen escasos para algunos a la hora de reconocer que la violencia de género existe. A aquellos que quieren tachar de violencia doméstica estos asesinatos (para añadirlos a un saco donde el hecho de que sean por una causa concreta, resultado de relaciones de poder que, junto a factores subalternos derivados de la desigualdad, mantienen y reproducen la violencia no es suficiente), quiero asumir que les es demasiado vergonzoso enfrentarse a estos datos. Pero estas cifras son realidad: una de las principales causas de muerte en mujeres de 15 a 44 años es la violencia de género, mujeres con nombre y apellidos que quedan reducidas a un número y al “otra más”. Mujeres acuchilladas, asesinadas delante de sus hijos, ejecutadas a puñetazos y un largo etcétera, todo con una misma causa detrás: el machismo.

La violencia de género es una forma de violación de los derechos humanos derivada de una masculinidad hegemónica que constituye la norma, haciendo que todo lo que no responde a ella pueda ser sometido. Cada vez más mujeres alzan la voz, pero no podemos olvidarnos de quienes no pueden hacerlo, quienes su entorno no se lo permite, ya sea por el miedo a la pérdida de ese anonimato a la hora de denunciar o el juicio social ejercido por su comunidad. Y, por supuesto, de las violencias cotidianas, como hemos querido resaltar desde JSCLM: “No me pega, pero”, hay múltiples formas de violencia que no traspasan lo físico pero que siguen siendo formas de deshumanización.

Es una realidad que la violencia contra las mujeres es una cuestión sistemática y estructural. No podemos pasar por alto que la violencia en el ámbito de la pareja no es la única violencia que sufren las mujeres, sino que precisamente este día busca erradicar todas las violencias sufridas por el simple hecho de ser mujer. Por ello es importante destacar: ¿Dónde están las mujeres?

Los movimientos de movilización feminista muestran claramente las numerosas reivindicaciones e indignación que las mujeres muestran en las calles, donde sí están presentes y siendo el principal problema el veto a las mujeres en los espacios de toma de decisiones. Somos dueñas en el espacio privado y de asociación, pero no estamos presentes en lo público y en las altas esferas de decisión (aunque, por suerte, cada vez más), y eso conduce a una continua reproducción social.

Quiero recalcar y reconocer la violencia hacia las mujeres trabajadoras, que tienen una presencia mayoritaria en los sectores precarizados. Y, por supuesto, el trabajo no remunerado al que las mujeres han estado sometidas de forma histórica: la lacra de los cuidados. Los sistemas de conciliación ayudan, pero sin un cambio en las conciencias colectivas y sin un cambio social y estructural, esto nunca cambiará y ahí es donde necesitamos al feminismo. Hay que prestar atención a estas desigualdades para entender que son violencias sociales, no individuales.

El 28 de mayo marcó un antes y un después en el respeto y en las políticas dedicadas a proteger los derechos de las mujeres con la llegada de los ultras de VOX a las instituciones con la alfombra roja del Partido Popular como acto de bienvenida.

En la Comunidad Valenciana, su presidente, Carlos Mazón Guixot, toma de la mano a un negacionista de la violencia de género, y el presidente del Partido Popular tacha de “divorcio duro” el caso de violencia machista ejercido por su anterior candidato por Vox a la coalición del gobierno valenciano. Si nos trasladamos a Castilla y León, de nuevo la coalición de gobierno PP y VOX nos deleita con la eliminación del reconocimiento de la violencia machista. Estos son solo dos ejemplos de los múltiples despropósitos que estamos viendo en todos los gobiernos y ayuntamientos a manos de PP Y VOX, una desfachatez constante. Y concretamente que VOX esté pidiendo el boicot de los actos del 25N es atronador.

Afortunadamente, en Castilla-La Mancha, con la mayoría absoluta del presidente Page, pudimos respirar tranquilas y seguir viviendo con la certeza de que nuestro Gobierno autonómico no nos da la espalda.

En nuestra tierra, la lucha por la protección y los derechos de las mujeres sigue siendo una prioridad. No es suficiente tener conciencia de algo para liberarse de ello; el foco no está únicamente en si nos consideramos feministas o no, sino en qué se hace con esa conciencia. Conmemoramos que hace 5 años nuestra región fue pionera en la ley contra la violencia de género, la cual aborda la violencia contra las mujeres más allá de la ocurrida en la pareja. El Gobierno de García-Page comprende que la violencia de género no es una cuestión baladí y que es desde las instituciones donde se deben habilitar los recursos para luchar contra esta lacra, no solo a través de la educación social, sino especialmente para garantizar una asistencia eficiente a todas y cada una de las víctimas.

Podemos presumir que este año se han dado el 100% de las ayudas al alquiler a las víctimas de violencia de género, que hay un compromiso firme por el acondicionamiento y creación de centros de la mujer, donde ya no solo las víctimas de violencia, sino todas las mujeres puedan tener una atención plena y acceder a los múltiples recursos disponibles. Este gobierno ha hecho una inversión de 48 millones de euros en la lucha contra la violencia machista y ha dedicado 7,4 a los centros de atención de víctimas de agresiones sexuales. Otro de los compromisos del presidente es la ampliación de la ayuda a los hijos víctimas de violencia de género de 18 a 21 años, ya que este gobierno entiende que con 18 años no tienes los recursos suficientes para salir adelante cuando te han arrebatado a tu madre.

Esta es solo una parte de la batería de medidas llevadas a cabo y propuestas por el Partido Socialista de Castilla-La Mancha, pero la conclusión es que no, que no todos somos iguales. Mientras unos se dedican a rechazar la existencia de la violencia machista y la estructura social patriarcal de la que deriva, otros la reconocen como una enfermedad social y luchan desde los medios institucionales por defender a las mujeres, proteger a las víctimas y acabar con ello.

Como mujer joven, sé y siento que queda mucho por hacer. La sociedad avanza, pero la igualdad ha de avanzar con ella (por ejemplo, las nuevas violencias digitales). Es especialmente importante que las mujeres estemos presentes en todos los espacios de decisión y construcción, porque de lo que no se habla, no existe, y el feminismo aún tiene mucho trabajo por delante.