domingo, 19 de mayo

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Opinión

"Como Juan Palomo…"

Por Casto Sánchez Gijón. Concejal grupo municipal socialista.

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Miguel Ángel Ruiz, alcalde de Puertollano, con la decisión de declarar fiesta local el día del Santo Voto, se comporta como Juan Palomo, aquel de “yo me lo guiso y yo me lo como”. Seguro que el Voto sería festivo desde hace décadas si la ley permitiera poner un tercer día a los ayuntamientos. Ningún alcalde socialista hubiera dejado pasar esa oportunidad, con una decisión casi indiscutible, como dice el conductor de Imás TV al citar su encuesta, en la amable y complaciente entrevista que le ha regalado este lunes al alcalde.

Tampoco ningún alcalde franquista hizo festivo el Santo Voto. Ni en los gloriosos tiempos del nacional catolicismo me consta que hubiera debate, quizá porque, si ello suponía mover alguno de los otros dos días feriados, como son la Virgen, el 8 de septiembre, o el festivo de la feria de mayo, día variable, que solía ser el primer viernes del mes de mayo, hubiera supuesto quebrantar algún orden “divino” como lo son las tradiciones del pueblo, esas que no deben tocarse sin consultar a la gente, tengan estas ciento veintinueve o tengan seiscientos setenta y cinco años. Para saber esto, solo hay que consultar el catón del buen gobernante.

Puertollano, siempre -entendiendo este siempre como el tiempo que abarca la memoria de los aún vivos-, ha tenido su feria grande, en mayo, y sus fiesta patronales en honor a la Virgen de Gracia, con feria y fuegos artificiales, el 8 septiembre. Dicen algunos que un justo empate entre laicos y creyentes, pero tampoco esto responde a la verdad. No es verdad que exista esta dualidad en Puertollano, ni en ningún sitio de nuestra singular España. Sabemos que son multitud los que reconocen su agnosticismo a la vez que gritan, cirio en mano, vivas a la virgen, al Cristo o al santo de su pueblo. La mayor parte de esa multitud que ilumina el paso del trono virginal el 8 de septiembre no pisan la iglesia desde su primera comunión. Pero la Virgen de Gracia es tan de ellos, tan nuestra, como lo es de la curia local y de sus cofrades. Tan de todos como es la feria de mayo. Tan de Puertollano y de su gente que la hacen única. Una feria de tradición laica, con origen en la cuerda de ganado que Fulgencio Arias, un joven emprendedor de finales del siglo XIX, vaticinó que dinamizaría el comercio y la economía local, pero de tradición mucho más antigua dado que la propuesta del Sr. Arias homologaba a Puertollano con muchos otros pueblos fijando una fiesta en mayo que, desde tiempos remotos, estaban asociadas a las celebraciones primaverales, cuando los pueblos y culturas primitivas, al principio de la primavera, celebraban con ceremonias y rituales la nueva fertilidad de la tierra y la renovación de la naturaleza en todo su esplendor. Desde este punto de vista, las fiestas en mayo, son milenarias.

Y en Puertollano además tenemos nuestra promesa eterna a la Virgen, nuestro Santo Voto, en el que repartimos panes y estofado de vaca a diestro y siniestro, con alegría y gran alborozo. Para muchos creyentes se celebra este día nada menos que nuestra existencia, gracias a que Ella extendió su manto y salvó de la peste a nuestros antepasados. Para los que no, es un juramento votivo que, aquellos aldeanos, muertos de miedo e impotencia ante la gran mortandad que producía la peste negra, plegaron al cielo la promesa de que un día al año guisarían sus mejores viandas a los pobres. Quizá la primera ola de peste se resolvió con un voto vitalicio de los supervivientes y sus descendientes vivos, la historia aquí es imprecisa, porque la segunda ola de peste, la de 1486, 138 años después de la primera, debió hacerles pensar que había expirado la ofrenda. El susto debió ser mucho mayor, quizá ahora fue pánico, era preciso renovar el voto y subir la oferta. El juramento comprometió entonces a todas las generaciones presentes y futuras, hasta el infinito y más allá. Además de cocinar viandas a los pobres, se acordó una derrama entre los supervivientes, esta vez fueron más de trece, y se levantó la ermita, modesta, de la dignidad que permitió su humilde hacienda. Como era la época de la epigénesis de María, madre de Dios, en múltiples madres, la de aquí mutó a de Gracia y la nueva ermita se consagró a su advocación. Y desde entonces, cada generación ha repetido año tras año, y ya van seiscientos setenta y cinco, esta tradición que seguiremos haciendo hasta que se extingan las vacas o nos extingamos nosotros -salvo que Ella, la ahora Señora de Gracia, vuelva a protegernos bajo su manto-.

La lectura de cualquier historia, también la del Santo Voto, más aún cuando la información se desvanece al alejarse en el tiempo, suele estar recubierta del óxido que pone el espíritu de cada tiempo. Me he permitido en el párrafo anterior ponerle mi propia pátina con los datos existentes, a la misma historia, con los mismos datos de base. No es una lectura laica, ni creyente, es neutra, con el único filtro de la racionalidad.

Nuestro Santo Voto ha sobrevivido seiscientos setenta y cinco años y eso lo hace grande y de gran valor. Pero esta tradición no es de nadie, no necesita salvadores. Con los gobiernos socialistas esta conmemoración ha alcanzado además las más alta consideración que puede dársele a una tradición, no solo por ser de las más antiguas y acreditadas de la provincia de Ciudad Real desde el punto de vista antropológico y por enriquecer la diversidad cultural de nuestra región y por formar parte indiscutible del patrimonio cultural de Puertollano. Se ha hecho de esta fiesta algo popular involucrando a grupos muy numerosos y diversos -además del cabildo y los cofrades- cada uno de los cuales juega su papel. Desde mayo de 2020 cuenta con la declaración de Bien de Interés Cultural por el Gobierno de Castilla-La Mancha.

Que sea festivo o no este día a costa de alguna de los existentes es una posibilidad, hace años que se plantea, pero no es una obligación de ningún partido político figure o no en su programa electoral. Imponerlo con la mayoría absoluta de la asociación PP-VOX en un Pleno municipal es un atropello a esta tradición secular patrimonio de todo un pueblo.

Claro que, como dice nuestro flamante alcalde, “probamos, y si no funciona el año que viene lo volvemos a cambiar”. Señor alcalde, no sea como Juan Palomo, los experimentos se hacen con gaseosa.