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Haciendo las américas

Ponerse las botas

por Lola Romero (Houston)

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Parece que las botas de “cowboy” están de moda este año, y no hablo precisamente de Texas. Cuando estuve en España hace unas semanas las vi por la calle y en los escaparates, y esa es para mí la referencia de lo que está de moda o tiene estilo, pues ya he contado aquí que, al menos en este estado, no es que el “Vogue” sea la revista más vendida…

Me hizo gracia el despliegue de modelos y las variaciones de la versión original o mejor dicho, de las versiones originales, que se ven aquí todos los días, ya sea en el trabajo, en el supermercado, en la consulta del médico o en un restaurante. Aunque quizá con una diferencia, y es que en España la tendencia es femenina, es decir, que este tipo de botas se han puesto de moda entre las chicas, mientras que aquí las que se ven a diario las llevan hombres, mayores o jóvenes, da igual, pero no precisamente del tipo que sigue las tendencias.

Especifico, aquí no es que no haya botas de “chica”, pero noto que forman parte del atuendo para ocasiones un poco más especiales, como el Rodeo (que acaba de terminar en Houston, por cierto), o una noche de country con amigas. En cambio, como ya he apuntado en estas líneas en alguna ocasión, para los hombres “pegan” con todo, ya sea unos chinos y camisa para ir a la oficina o unos vaqueros para trabajar en el rancho. Bueno, claro, y para el Rodeo o la noche de country por descontado.

Que las botas de cowboy auténticas no tienen edad ni época, ni siguen tendencias, se puede ver a simple vista en cualquier tienda especializada. Las hay, y no pocas, en todo el estado de Texas y, en general, en todos los estados con tradición vaquera, como Kansas, las Dakotas, Utah, Montana o Wyoming entre otros. En cualquiera de ellas, cientos de botas se agrupan en pasillos ordenados por tallas, estilos y tipos de piel, legítima siempre (como dicen aquí). Así, en un lado puedes encontrar las “exóticas”, hechas de pieles de cocodrilo por ejemplo, y en el otro las clásicas de piel de vacuno, y puedes elegir entre punta cuadrada, o más puntiaguda, o con labrados y dibujos en la piel, o lisas y con acabado brillante, etcétera, etcétera, etcétera.

Son caras, claro, pero se supone que duran muchísimo tiempo porque son muy resistentes y no se estropean con las inclemencias del tiempo, ni con el barro que se le presupone a cualquier trabajo entre ganado. Por eso sigue siendo parte básica del atuendo en estos lares, aunque la mayoría ya no se dedique a montar a caballo o a guiar reses a través de los miles de kilómetros que separan el fresco norte del caluroso sur.

A mí, sinceramente, no me gustan mucho. No tengo pensado sumarme a la moda de este año, pero mi marido decidió hace unas semanas que él quería unas botas de cowboy. Así que fuimos a una tienda muy típica y, después de unas cuantas pruebas, encontró unas que le cuadraron. A mí no me entusiasmaron, como es lógico, pero tengo que reconocer que escogió unas bastante discretas y que no desentona del todo cuando, a veces, se las pone los viernes para ir a trabajar.

Pues sí, ver para creer. Pero, ya se sabe, “donde fueres”…