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La migración debe compensar el envejecimiento de la población

Gina Magnolia Riaño, Secretaria general de la Organización Iberoamericana de Seguirdad Social

Haciendo las américas

Propósitos

por Lola Romero (Houston)

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Año nuevo, oportunidades nuevas.

365 días por delante para hacer, deshacer, reír, llorar (si es necesario), vivir y dejar vivir.

52 semanas para cumplir los propósitos que nos hacemos al filo de la medianoche del 31 de diciembre: llamar más a mamá, comer menos, hacer más deporte, pasar más tiempo con los niños, y de más calidad, mirar menos el móvil, o envidiar un poco menos y querer un poco más…

En esto hay poca diferencia a uno y otro lado del “charco”. La página en blanco, o más bien el libro en blanco, que se abre con el nuevo calendario ilusiona igual en Infantes que en Houston. Y los propósitos se hacen igual en español que en inglés… aunque, a propósito de esto, nunca mejor dicho, la expresión que utilizan aquí para formular las intenciones, o los deseos, para el nuevo año, tiene un punto distinto que me encanta. En inglés se dice “New Year resolutions”, o “resoluciones del Año Nuevo”, y es ese matiz, esa pequeña diferencia entre las palabras “resolución” y “propósito”, lo que me hace cambiar la perspectiva.

Según la Real Academia de la Lengua, la definición de “propósito” tiene que ver con el ánimo o la intención de hacer algo, un objetivo a conseguir. La de “resolución”, en cambio, se refiere a la acción y efecto de resolver, con acepciones como valor, valentía o arresto. Ya sé que es ligero el matiz, pero me gusta la idea “americana” (o quizá anglosajona en general) de ir un poco más allá de la simple intención, el concepto de “resolver” y la mención del “valor”. Porque el problema de los propósitos es que sabemos que son sólo eso, contamos con que alguno, o muchos, se perderán por el camino de los meses por venir, los abandonaremos o quizá nunca llegaremos si quiera a ponerlos en marcha. O en nuestra rutina.

Pero tener una resolución, a mí me da la impresión de que impone más, compromete más. O eso me digo a mí misma desde que vivo aquí, y por eso desde hace cinco años, hago una lista mental de propósitos, y otra más pequeña de resoluciones. Intento que esta última sea realista, probable y posible, aunque, para qué engañarme y engañaros, no siempre consigo lo que me propongo. Vamos, que no resuelvo lo que decidí. O, que no le echo valor, según el caso. Pero como la mayoría, supongo.

Así que me gusta el matiz conceptual de cómo lo decimos en España y cómo lo dicen en inglés, pero al final el resultado es el mismo: propósitos, o resoluciones, que se cumplen y otros que no. Aunque parezca que en inglés se le ponen más ganas…

Sin embargo, no hay razón para dejar de proponerse “mejoras”. Hay diferentes estudios que señalan que lo que nos planteamos al comenzar el año tiene diez veces más probabilidades de cumplirse o de ser llevado a cabo que cualquier otro propósito en otro momento del año. Así que, aunque sea por una simple cuestión de estadística, yo tengo mi lista de propósitos preparada. Merece la pena intentarlo.

En Infantes o en Houston.

 

Foto: Lola Romero