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Haciendo las américas

La estación de las fiestas

por Lola Romero (Houston)

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Las noches de nuestro bosque al norte de Houston hace semanas que son menos oscuras. Se adivinan entre los árboles calles totalmente iluminadas con miles de bombillas de colores que se extienden en líneas rectas sobre los tejados de las casas. En otros vecindarios, renos, muñecos de nieve y enormes Papá Noeles hinchables pueblan los jardines delanteros. En casi todas las puertas cuelgan ya coronas de muérdago, flores de pascua y espumillón… y no son pocos los coches decorados con los cuernos y la nariz roja del reno Rudolph que me cruzo cada día, por la mañana y por la tarde.

Si en España parece que oficialmente empieza la Navidad en el puente de la Constitución, aquí lo hace en Acción de Gracias. Ese es el día que las familias aprovechan para decorar y poner el árbol de Navidad mientras el pavo se hace a fuego lento en el horno. De hecho, Acción de Gracias se considera el inicio de la temporada de fiestas, o la “estación de las fiestas”, como dicen aquí. Y desde luego que lo es, para mí al menos, en este 2018, en el que cada fin de semana desde finales de noviembre, tengo (o he tenido ya) alguna celebración.

En general se trata de “festejos” navideños, como la cena de españoles en The Woodlands, a la que este año asistiremos alrededor de 100 invitados; la tradicional comida de la empresa, en la que seremos más de 150; o la fiesta del “Ugly Sweater” (del jersey feo) a la que nos han invitado por primera vez, y en la que todo el mundo tiene que vestir un jersey navideño lo más feo u hortera posible. Pero entremedias de todas esas festividades también tenemos un par de cumpleaños, una fiesta de graduación, inauguraciones del trabajo, y hasta una despedida por mudanza de unos muy buenos amigos. Y todo antes del 20 de diciembre, que es cuando volamos a España para seguir con las cenas y las fiestas familiares…

Pero como ya sabéis que me encanta la Navidad, aunque la apretada agenda suene estresante, en realidad estoy encantada. Son todo celebraciones, momentos para compartir con amigos y compañeros de trabajo, oportunidades de conocer mejor a la gente… Y, claro, todo ayuda: las luces, los villancicos que ponen ya en la radio sin solución de continuidad, el buen humor que se respira, la alegría de los niños al ver a Santa Claus o Papá Noel, las decoraciones en las tiendas y las calles, e incluso las campanillas del Salvation Army recordando que todos no son tan afortunados como nosotros. Que no se me olvide la solidaridad que también es tan característica de estas fechas aquí.

En fin, que una vez más, hay días que me parece que estoy viviendo dentro de una película, una de esas en las que todo está cubierto por una capa blanquísima de nieve… aunque en Texas estemos a 25 grados a principios de diciembre y la única nieve que veamos es la de pega en los escaparates de los comercios. Pero quién sabe, con este año loco que estamos teniendo meteorológicamente hablando, quizá todavía estemos a tiempo…

Foto: Santa Claus llegando en barca a través del Waterway, otra tradición curiosa de nuestra ciudad-bosque al Norte de Houston, y el inicio oficial de la “estación de las fiestas” aquí.