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Tenemos medicamentos que previenen el cáncer de mama y nadie los usa

Miguel Martín, oncólogo

Estreno en Royal City

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Jojo Rabbit ()

Director: Taika Waititi

Intérpretes: Taika Waititi, Scarlett Johansson, Sam Rockwell, Rebel Wilson, Roman Griffin Davis, Thomasin McKenzie, Alfie Allen, Stephen Merchant, Archie Yates

Sinopsis: Jojo "Rabbit" Betzler (Roman Griffin Davis) es un joven y solitario niño alemán perteneciente a las Juventudes Hitlerianas que ve su mundo puesto patas arriba cuando descubre que su joven madre Rosie (Scarlett Johansson) esconde en su ático a un niña judía (Thomasin McKenzie). Con la única ayuda de su mejor amigo imaginario, un niño un poco idiota, Jojo deberá enfrentarse a su ciego nacionalismo.

Crítica de José Luis Vázquez

Valoración: 5 estrellas

-“Deja que todo te pase

La belleza y el terror

Solo sigue caminando

Ningún sentimiento es definitivo” (Rainer Maria Rilke)

-“-¿Cómo sabes si puedes confiar en los demás? –Confiando” (Thomasin McKenzie y Scarlett Johansson)

-“La vida es un regalo, debemos celebrarla” (Scarlett Johansson)

-“Bailar es para la gente libre, una forma de escape” (Scarlett Johansson)

-“No hay nada más fuerte que el amor” (Scarlett Johansson)

 

Cineasta singular, el neozelandés Taika Waititi se ha afincado en la industria norteamericana con muy buenos resultados comerciales y artísticos, como atestigua su segundo largometraje en la misma, JOJO RABBIT.

Creo haber leído por algún lado que la emparentan con LA VIDA ES BELLA y no me parece del todo desproporcionado, al menos en lo referido a tratar el lado más amargo de la guerra y el horror que esta conlleva de una manera decididamente alegre, desenfadada, delicada, ensoñada y jovial… pero ojo, sin dejar de contener una creo que evidente carga de profundidad.

Nada tan catártico como el poder de la risa, del humor, bien sea brusco o negruzco, para encarar el problema más peliagudo… y el del nazismo y el antisemitismo obviamente lo es.

Waititi consigue, además, transitar admirablemente de un género puro de comedia a otro más dramático, sobre todo en su parte final, sin que la cosa chirríe, deslizándose con elogiable discreción y ligereza, resultando divertido, refrescante y profundo a la vez, otorgándole un carácter singular. Lógicamente no les voy a desvelar nada de sus golpes dramáticos principales, pero presten especial atención al breve pero relevante cometido de Scarlett Johansson, merecidamente nominada al Oscar al mejor actor de reparto.

Aunque, claro, es inevitable que el foco de atención recaiga en ese desenvuelto chaval de amigos imaginarios, amiga perseguida muy humana y de cómplices adultos que contribuyen a su crecimiento y a despejar de su mente ficciones equivocadas y telarañas del todo opacas. Por cierto, el nombre del actor es Roman Griffin Davis. Y el de la adolescente que le secunda, el de la monísima Thomasin McKenzie. El propio Waititi se ha reservado para sí el papel de Adolf, ese nada recomendable colega imaginario.

Ellos y un reparto de lo más homogéneo dentro de su atipicidad y extravagancia están bañados por un colorido entre naif y pop (un tanto a lo Wes Anderson), ofreciendo una imagen original y personal de los últimos días de la contienda bélica en zona germana durante la Segunda Guerra Mundial.

Lo que vemos en pantalla está envuelto en papel de celofán y recubierto con el carácter de una fábula entre moral y vital sobre la amistad entre diferentes, el lavado de cerebro y el espanto que supone asesinar impunemente en nombre de principios vanos, incomprensibles, bárbaros.

Algunas maravillosas canciones que salpican su trama –un par o tres, la inicial de The Beatles por ejemplo, KOMM GIB MIR DEINE HAND… o el MAMA de Roy Orbison- suponen un aparte reconstituyente.

Una delicia, una verdadera delicatesen, preciosa, tierna, francamente estimulante. Una pasada, vaya. Y apta para todos, sí, lo digo convencido y consciente que el material contenido no está libre de dolor y sufrimiento, como la propia vida, como tantas veces lo supone el tránsito de la infancia a la madurez en tiempos bélicos y de sinrazón.

José Luis Vázquez