domingo, 15 de septiembre

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Los días en los que no estás enamorado son días desperdiciados

Claude Lelouch, director de Los años más bellos de una vida

Estreno en Royal City

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Infierno bajo el agua ()

Director: Alexandre Aja

Intérpretes: Kaya Scodelario, Barry Pepper, Morfydd Clark, Ross Anderson, George Somner, Anson Boon, Ami Metcalf, Annamaria Serda, Colin McFarlane

Sinopsis: Una mujer (Kaya Scodelario) lucha por salvar a su padre cuando se produce en Florida un huracán de categoria 5. Sin embargo, mientras ambos tratan de huir, la tormenta les deja encerrados detro de una casa que se inunda y en la que tendrán que hacer frente a una legión de salvajes depredadores. (FILMAFFINITY)

Crítica de José Luis Vázquez

Valoración: 4 estrellas

INFIERNO AZUL, MEGALODÓN y este 2019… A 47 METROS 2 y ahora, finalizando agosto, INFIERNO BAJO LAS AGUAS (CRAWL… o sea, GATEAR). En este caso una de supervivencia pura y dura, huracanes y… cocodrilos. Todas con un denominador común, bestias que campan a sus anchas bajo las aguas.

En concreto, sobre ese repelente y gigantesco reptil de escama dura, también el cine cuenta con una filmografía respetable en cuanto a cantidad, aunque más reducida en cuanto a calidad artística que la de los escualos carnívoros de esqueleto cartilaginoso y mordedura igual de letal aparecidos ya en tantas ocasiones.

Las mejores películas que este comentarista ha visto al respecto vuelven a ser de procedencia aplastantemente norteamericana, junto con –justo es también reconocerlo- un par de aportaciones del país/continente de los canguros. Me refiero a las verdaderamente atractivas, curiosas o emocionantes LA BESTIA BAJO EL ASFALTO de Lewis Teague, TRAMPA MORTAL de Tobe Hooper, MANDÍBULAS de Steve Miner (cineastas todos ellos adscritos al fantástico o al terror con buenos resultados medios) y la que considero la mejor de todas ellas, la precisamente australiana EL TERRITORIO DE LA BESTIA de Greg McLean con una relativamente -34 añitos ya- jovenzuela y todo un bellezón en cualquier caso Radha Mitchell (EL FUEGO DE LA VENGANZA, MELINDA Y MELINDA, SILENT HILL) ¡Hay que ver qué mujeres más guapas lleva aportando al Séptimo Arte ese –visto desde España- remoto enclave geográfico… ahí están por citar las primeras que se me vienen a la cabeza Nicole Kidman, Cate Blanchett (mi actriz favorita en la actualidad) o la cada vez más –en todos los sentidos- imponente Margot Robbie (la pueden disfrutar en la cartelera con ÉRASE UNA VEZ EN… HOLLYWOOD).

No quiero tampoco olvidarme de una variante guasona, humorística, de este subgénero, igualmente proveniente de las antípodas… la popularísima COCODRILO DUNDEE, que tampoco es para tanto, pero que se deja ver sin enojo alguno.

Puestos ya en situación, es el momento de pasar a centrarme en el responsable de esta nueva muestra, que incluyo sin vacilación en ese pelotón de cabeza.

Responsable del delirante, rimbombante y escabroso “remake” de la humilde, artesanal y eficaz PIRAÑA de Joe Dante, el vocinglero cineasta galo Alexandre Aja, se ha acoplado perfectamente a la industria del entretenimiento hollywoodiense con tan solo seis títulos (sumen a ellos los dos realizados en su país de origen, el de su debut con FURIA y ALTA TENSIÓN, el mejor de su carrera con el que aquí me ocupa, protagonizado por la misma y algo más púber Cécile de France de la maravillosa MÁS ALLÁ DE LA VIDA de Clint Eastwood o de la trilogía Erasmus UNA CASA DE LOCOS): el también “remake” de un clásico del “slasher” LAS COLINAS TIENEN OJOS, REFLEJOS (MIRRORS), el ya citado PIRAÑA 3D, CUERNOS (HORNS), LA RESURRECCIÓN DE LOUIS DRAX y este.

Está claro que hasta la fecha Aja no se complica la vida profesional con argumentos o guiones elaborados, complejos o sofisticados. Es más, resultan de una sencillez que tiran de espalda y se caen de culo (disculpen el escaso refinamiento). Pero qué más da. Él lo fía todo a la espectacularidad salvaje, a veces brutal, de sus imágenes y a una labor de montaje de lo más llamativa, con todo lo bueno y malo que eso conlleva.

Sus resultados suelen ser una combinación de cine de terror lindante con lo fantástico, cuando no lo rebasan sin complejo alguno (no es el caso, pues dentro de lo disparatada que pueda parecer su premisa, resulta factible), con un dramatismo apenas psicológico sino más bien físico. El cóctel puesto en liza se revela como bastante eficiente para los amantes de las emociones fuertes.

INFIERNO BAJO LAS AGUAS transmite angustia en numerosos momentos y me muerdo las uñas –ya, ya sé que es una feísima costumbre, haré voto de contrición- durante todo su metraje. En este caso, acháquenlo como mérito y virtud ante lo expuesto y contemplado. Aunque sí, tal como muchos pueden temerse, los protagonistas son un poco bobalicones (y algunos secundarios que pasaban por allí, especialmente estos).

No me gusta el término por lo que conlleva de tener que aguantar a verdaderos rumiantes durante su proyección, pero considérenla como una agradecible muestra de cine palomitero. Encarada así, merece bastante la pena. Que no solo de Platón y Engeles vive el hombre o la mujer cavernaria.

José Luis Vázquez