viernes, 19 de julio

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En el anonimato se vive muy bien

Rosa Márquez, locutora

Estreno en Royal City

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Kin ()

Director: Jonathan Baker y Josh Bake

Intérpretes: Jack Reynor, Myles Truitt, James Franco, Carrie Coon, Zöe Kravitz, Dennis Quaid, Ian Matthews, Jonathan Cherry, Romano Orzari, Bree Wasylenko, Gavin Fox, Shawn J. Hamilton, Khalid Klein, Lily Gao, Ivan Wanis-Ruiz, Ivan Sherry, Carson Manning, Jeffrey Barnes, Eli Ham, Carlos Pinder, Kevan Kase, Stephane Garneau-Monten, Dave Reachill, Amos Stern, Attila Sebesy, Madelyn Grace, Stella Acquisto, Adam Crew, Peter Schindelhauer, Nolan Greenwald

Sinopsis:
Perseguidos por un criminal vengativo (James Franco) y una banda de soldados sobrenaturales,​ un exconvicto recién liberado (Jack Reynor) y su hermano adolescente adoptado (Myles Truitt) se ven obligados a escapar con un arma de origen misterioso que es su única protección. (FILMAFFINITY)

Crítica de José Luis Vázquez

Valoración: 3 estrellas

En tono menor, por supuesto, pero KIN me resulta una grata y modesta sorpresa, que me temo pasará desapercibida tanto en esta enroscada cartelera de abundantes propuestas para los más jóvenes, como en lo referido a un aprecio crítico y público probablemente generalizado.

Verdaderamente es hoy en día atípica dentro del género fantástico y de efectos digitales en el que se desenvuelve, precisamente porque estos acaban suponiendo una mera anécdota dentro de un relato que bascula entre el viaje por carretera (los anglosajones no utilizan el término “road movie”, parece ser que este es un término europeo, puede ser que a raíz de que Wim Wenders filmara en los USA su brillante PARÍS, TEXAS) y las aventuras con gotas fantásticas.

Los que sean conspicuos devoradores de este tipo de cine o habituales espectadores, preferentemente jóvenes, puede que estén de acuerdo en que no es muy habitual que una historia de estas características no use y abuse de aparatosidad técnica de todo tipo (si me apuran, me inclinaría más por situarla dentro de terrenos intimistas).

Y, sin embargo, aquí no es así. Cierto que hay unos visitantes espaciales que persiguen al protagonista por un arma de lo más sofisticada y letal, pero entiendo que es una excusa para hablar de otros asuntos. Del protagonista, por ejemplo, un chaval afroamericano solitario, cauteloso y desconfiado, miembro de una pequeña familia disfuncional. O de su conflictivo y delincuente hermano mayor. O de una chica que trabaja en una especie de club de alterne y que encuentra en los hermanos una oportunidad para escapar de un trabajo no precisamente gratificante ni enriquecedor (entiendan este calificativo en su doble acepción).

Los también hermanos cineastas norteamericanos –otros más- Jonathan y Josh Baker debutan en el campo del largometraje con este trabajo. Para ello se han inspirado en un cortometraje previo que realizaron cinco años antes, BAG MAN, que contenía en esencia el argumento que aquí han desarrollado más extensamente.

Interpreto que no persiguen contar nada pretencioso ni de grandes ambiciones, si no ampararse de la manera más nítida y transparente en un esquema propio del cine ochentero con un toque juvenil no muy usual, por aquello de sus aristas dramáticas, esas circunstancias domésticas anteriormente sugeridas, en la que los tres protagonistas expresan con convicción sus paulatinos sentimientos de necesidad de afecto y acercamiento.

El color empleado, las localizaciones (las mayorías situadas en un Ontario que da el pego del medio Oeste americano), el carácter sombríamente juvenil que presenta, son aspectos que contribuyen a su curioso y apañadito acabado.

No es ninguna maravilla, pero se deja ver con relativo agrado, sobre todo por parte de quienes sean afectos o añorantes de aquellos títulos de los 80 de todo corte y confección, auspiciados principalmente por genios como Steven Spielberg, Joe Dante o James Cameron entre tantos otros.

Y ya, ya sé que en Filmaffinity no cuenta con una gran puntuación y ha sido recibida de uñas por buena parte de la crítica, pero uno tiene que ser fiel a sus convicciones y creencias, sobre todo a no engañarse sobre lo que le inspira realmente lo visto en pantalla. Vamos, criterio propio, lo que enarbolaba la maravillosa EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS.

José Luis Vázquez