miercoles, 26 de junio

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Yo, nada más soy yo cuando estoy solo

Miguel Hernández, poeta

Estreno en Royal City

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De la India a París en un armario de Ikea ()

Director: Ken Scott

Intérpretes: Dhanush, Bérénice Bejo, Erin Moriarty, Barkhad Abdi, Gérard Jugnot, Sarah-Jeanne Labrosse, Seema Biswas, Abel Jafri, Uwamungu Cornelis, Mar Sodupe, Gandharv Dewan, Hearty Singh, Daniele Nisi, Amruta Sant, Omkar Ketkar, Pauline Maréchal, Edwin Gillet

Sinopsis: Aja, un joven estafador de Mumbai, comienza, tras la muerte de su madre, un viaje extraordinario siguiendo las huellas del padre que nunca conoció. Encuentra el amor en París en una tienda de muebles suecos, el peligro en compañía de inmigrantes somalíes en Inglaterra, la fama en una pista de baile en Roma, la aventura en un globo aerostático sobre el Mediterráneo, y finalmente entiende qué es la verdadera riqueza y en quién quiere convertirse.

Crítica de José Luis Vázquez

Valoración: 3 estrellas

Dada la configuración del periódico digital en el que están leyendo esta reseña, no puedo puntuar las películas con decimales, si no esta comedia (aunque el verdadero humor brilla por su ausencia) francesa obtendría por mi parte, un 2,5. Un aprobado francamente raspado.

No me irrita, cierto, pero tampoco me sulibella, que dirían Carlos Mejía Godoy y los de Palacagüina. Es una fábula positivista, o buenista si prefieren, sin especial gracia ni encanto, pero vistosa y fluida, lo que provoca que su visionado no se me haga pesado.

Basada en la novela de Romain Puertolas, su traducción original vendría a ser algo así como EL EXTRAORDINARIO VIAJE DEL FAKIR, algo que resulta más certero que el peculiar título –supongo que la multinacional de objetos para el hogar habrá agradecido el detalle- con el que ha sido rebautizada para su distribución cinematográfica en España.

Para que no se les atragante lo mejor es que la encaren como una fabulilla de buenos sentimientos cuyo mayor atractivo, aparte de una dirección meramente funcional, pero sin personalidad, estriba en la simpatía de su protagonista, Dhanush, actor indio de 35 años nacido con el nombre de Venkatesh Prabhu Kasturi Raja. Creo que no queda margen para la duda que mejor dirigirse a él por el primero artístico, pues así nos ahorraremos todos más de un atragantamiento.

Estrella en su país de origen, él acapara e ilumina la “gracia” de un relato más bien insustancial, aséptico, del que creo se podría haber sacado más partido de no haber estado tras las cámaras el más bien romo y plano Ken Scott.

Lo que pasa es que como la industria gala tiene oficio y solvencia más que demostrada, a veces no es necesaria demasiada identidad en su principal firmante para sacar adelante con cierto decoro una empresa de estas características. En esta ocasión la influencia de Bollywood no le aporta en esta ocasión indulgencia alguna.

Sin duda es bienintencionada, pero eso es como el amor, no basta solo con que la persona amada sea buena. Si lo es, mucho mejor, pero no es eso lo fundamental cuando el corazón hace chiribitas.

Se mueve dentro de los márgenes de las historias de picaresca y estafadores, pero no asoma malicia alguna durante su relajadito discurrir. Es como un bonito e indoloro manual de auto ayuda.

Se ve sin enojo y con relativo agrado.

José Luis Vázquez