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Estreno en Royal City

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El veredicto (La ley del menor) ()

Director: Richard Eyre

Intérpretes: Emma Thompson, Stanley Tucci, Fionn Whitehead, Jason Watkins, Ben Chaplin, Rupert Vansittart, Anthony Calf, Rosie Cavaliero, Andrew Havill, Nicholas Jones, Dominic Carter, Micah Balfour, Nikki Amuka-Bird, Des McAleer, Eileen Walsh, Alex Felton, Honey Holmes, Chris Wilson, Daniel Eghan, Flor Ferraco, Ty Hurley

Sinopsis: Fiona Maye (Emma Thompson) es una prestigiosa jueza del Tribunal Superior de Londres especializada en derechos familiares que atraviesa por una grave crisis matrimonial. Cuando llega a sus manos el caso de Adan (Fionn Whitehead), un adolescente con leucemia que se niega a hacerse una transfusión al ser Testigo de Jehová, Fiona descubrirá sentimientos ocultos que desconocía y luchará para que Adan entre en razón y sobreviva.

Crítica de José Luis Vázquez

Valoración: 4 estrellas

Solidez, minuciosidad y madurez, estos serían los calificativos elegidos, el resumen en poco más de tres palabras con las que defino en esencia el cine del director inglés Richard Eyre.

Y de eso vuelve a tirar aquí el firmante de las notables IRIS, DIARIO DE UN ESCÁNDALO y BELLEZA PROHIBIDA (solo me falta por conocer suya LA COMIDA DEL LABRADOR), bueno de eso y de esa habitual e intachable pulcritud británica que tanto se confunde a veces con frialdad y que suele sentar tan bien a este tipo de producciones, tal como es el caso.

O si lo prefieren, de una contención que no le viene nada mal al potente drama expuesto, drama jurídico, legal, personal, moral.

El protagonizado principalmente entre una juez del Tribunal Superior especializada en casos de derecho de familia y un adolescente para el que sus padres –y él mismo- no autorizan una transfusión de sangre por ser Testigos de Jehová. Y en este punto me recuerda a otra destacada película fechada en las Islas en 1962, VIDA PARA RUTH, y centrada más especíicamente en esta cuestión.

Dado el preámbulo, no creo que haya falta que insistir mucho en que quienes vayan buscando morbo gratuito, exhibicionismo o sentimentalismo del tres al cuarto podrían darse perfectamente de bruces. Y es que estoy hablando no solamente de un director nada dado a algaradas, aunque los temas que suele manejar sean de lo más fuertecitos, sino de un novelista pasado a guionista, Ian McEwan, de un considerable rigor y de un nada superficial fuste.

Si a ello le suman tres actuaciones verdaderamente espléndidas, maduras, tienen como resultado una película de altura, de elevada, pero controlada intensidad, de cierto calado.

Ese vértice interpretativo está formado por una –me da igual que el califcativo pueda resultarles pomposo y petulante– eximia Emma Thompson (58 años), cuya rotundidad expresiva es una de las más brillantes de su ya de por sí brillantísima filmografía. Se empapa en esa no madre que se ve avocada sin pretenderlo poco menos que a ejercer de ello.

La ganadora de dos Oscar en su doble faceta de actriz (REGRESO A HOWARD´S END) y guionista (SENTIDO Y SENSIBILIDAD) transmite dilemas intensos y complejos de manera ejemplar. Y escucharla recitar a Yeats –lástima que la versión vista esté doblada- según algún extracto que he podido posteriormente recuperar en su idioma original, es un verdadero regalo.

Como principal actor de apoyo y réplica brilla un joven y de lo más expresivo en su desolación Fionn Whitehead (DUNKERQUE), que constituye la grata –por inesperada- sorpresa de la función.

El tercero en discordia es el grandísimo Stanley Tucci, como esposo de la protagonista, al que no habría estado nada mal concederle más presencia. La relación de ambos, que está mostrada lo justo, me da la impresión que habría necesitado de algunos planos y minutos más para quedar explicada con más precisión ese punto de estancamiento en el que se encuentra. Apenas empaña el empaque, el muy apreciable resultado final.

Y es que da gusto cuando se contemplan historias tan bien escritas y llenas de matices como la que conforma esta LEY DEL MENOR, verdadero título original de este EL VEREDICTO con el que ha sido rebautizada en España, y que otorga a lo visto en pantalla un espíritu taxativo que no se corresponde del todo –aunque sí respecto al desencadentante del hecho fundamental- con las –creo- intenciones de cuestionamientos por parte de su autor literario.

José Luis Vázquez