sábado, 17 de noviembre

Ciudad Real

Visita nuestra página en Facebook Síguenos en Twitter
Buscar
Logotipo de Ciudad Real Digital

Lo notable del cine para mí es que siempre es el presente

Martin Scorsese, director de cine

Estreno en Royal City

Compartir en Facebook Compartir en Twitter Imprimir crítica

No serás un extraño ()

Director: Stanley Kramer

Intérpretes: Olivia de Havilland, Robert Mitchum, Gloria Grahame, Frank Sinatra, Charles Bickford, Lee Marvin, Broderick Crawford, Lon Chaney Jr., Harry Morgan, Virginia Christine

Sinopsis: Lucas Marsh (Robert Mitchum), un estudiante de medicina ambicioso y sin recursos, se casa con Kristina Hedvigson para poder costearse los estudios. Ella lo ama, pero él sólo ama su trabajo. Emocionalmente es una persona cerrada, incapaz de abrirse a los demás, ni siquiera a su mejor amigo (Frank Sinatra) o a su alcohólico padre (Lon Chaney Jr.). Terminada la carrera empieza a trabajar para el doctor Dave Runkleman, un médico de maneras rudas pero muy sensible y humano. (FILMAFFINITY)

Crítica de José Luis Vázquez

Valoración: 5 estrellas

“Lo que me molesta de los idealistas es lo lejos que llegáis. Yo seré un cínico, pero no podría hacer una cosa así”

“No vas a ser un buen médico, porque no basta con tener cerebro… hay que tener corazón” (Lon Chaney Jr.)

“El médico es memoria… Los supervivientes de este curso serán los únicos miembros de la sociedad moderna que tendrán el privilegio de matar con impunidad absoluta” (Broderick Crawford)

“No se puede sólo ejercer la medicina… Hay que tratar a la gente” (Charles Bickford)

 

 

NOT AS A STRANGER, o sea NO SERÁS UN EXTRAÑO, fue considerada una de las mejores películas de 1955, año de su producción, según la prestigiosa National Board of Review.  Su título obedece, así lo interpreto, a la relación sentimental principal y a la propia reflexión profesional, médica, porque esta película trata fundamentalmente sobre galenos, facultativos, sobre su mundo.

Supuso la opera prima de uno de los primeros productores independientes (EL ÍDOLO DE BARRO, CYRANO DE BERGERAC, HOMBRES, SOLO ANTE EL PELIGRO) que ejerció como tal en Hollywood y que al poco tiempo pasaría a dirigir sus propios proyectos, el neoyorquino Stanley Kramer. El que sería posteriormente firmante de maravillas como FUGITIVOS, ORGULLO Y PASIÓN, LA HORA FINAL, EL BARCO DE LOS LOCOS, VENCEDORES O VENCIDOS, LA HERENCIA DEL VIENTO o ADIVINA QUIÉN VIENE ESTA NOCHE. Todas ellas, incluyendo si me apuran la descacharrante EL MUNDO ESTÁ LOCO LOCO LOCO LOCO, gobernadas por una inquietud liberal, contestaría, social, progresista, dignas de encomio.

Siempre se le ha acusado por muchos colegas de hacer un cine un tanto pesado y pretencioso, pero este sambenito a mí particularmente me parece injusto. Y si no, hagan la prueba, revisen -o vuelvan a hacerlo- los títulos anteriormente citados.

El caso es que aquí ya deslumbró con esa primera toma de contacto tras las cámaras. Llevaría a cabo una incisiva y amplia radiografía del sistema médico estadounidense, pese a algunos errores o incorrecciones entiendo en esta ocasión que perfectamente perdonables. Y otros no tan evidentes como se han llegado a proclamar. Y manifiesto esto en base a amigos o conocidos expertos en el tema. No es cuestión que me meta en berenjenales que no son los míos, pero sirven y dan juego a cualquier tertulia técnica al respecto.

Lo que sí queda plenamente patente, resulta palpable, es que amparándose en la exitosa –lo fue más que esta película- novela de Morton Thompson, refleja certeramente la vocación de ser médico… con todas sus luces y sombras, teniendo en cuenta las dos caras que se pueden presentar. Plantea muchas cuestiones, dilemas y anhelos relacionados con la profesión. Al respecto supone una excelente y variada cavilación, que toca temas diversos, desde las aspiraciones económicas excesivas o la decisión de decir la verdad a un enfermo de cáncer. Pero no deja de constituir un alegato en favor de quien se preocupa más por la salud del paciente que por su propia cartera.

Se sirve de un férreo guión de Edna Anhalt y Edward Anhalt, que alterna con exquisita precisión drama y algunas gotas de comedia, y de una conducción brillante, en especial una serie de escenas quirúrgicas realistas y novedosas en su época, abordadas con tacto y tratando de no resultar repelentes, especialmente las alusivas a una operación a corazón abierto o a la extracción de un clip. Cuenta además con unos últimos tramos cargados de tensión, de emotividad. Igualmente, los momentos de amor o la ausencia del mismo presentan una gran temperatura dramática. Alguien sintetizó este apartado como “buen médico y mal esposo”.

Transmite impecablemente la evolución de ese ambicioso doctor Lucas Marsh sobre el que gira la trama. Ofrece metáforas visuales cargadas de simbolismo bastante evidente. Y todos los personajes a su alrededor están trazados en sus diferentes roles con firmeza, consistencia, solidez.

Para ello cuenta con de uno de esos repartos de antaño, del Hollywood dorado, de los de cortar la respiración: Robert Mitchum (qué decir a estas alturas de este gigante en todos los sentidos aquí como ese ambicioso doctor o de esa mirada de soslayo casi desdeñosa, en el mismo año que interpretaría la prodigiosa LA NOCHE DEL CAZADOR), Olivia de Havilland (en un papel sumiso y supeditado que podría crispar a mucha gente hoy en día, la dulzura siempre fue un estandarte en esta actriz, aquí como ex enfermera instrumentista, esposa frustrada… la relación con su marido funciona mejor en los quirófanos que en la intimidad), Frank Sinatra (el gran amigo de Marsh… él y Mitchum rondaban los 40 años, cuestión delicada para encarnar a esos estudiantes, pero resultan del todo convincentes), Lee Marvin (otro compañero universitario, incipiente en esto del cine, 31 años), Charles Bickford (como un admirable médico rural, sobre esta faceta trata también), Gloria Grahame (de nuevo, cómo no, mujer fatal… sensual viuda millonaria), Broderick Crawford (el imponente mentor) o Lon Chaney Jr (como el estremecedor padre alcoholizado de Mitchum).

Otras cuestiones a retener o a tener en cuenta: esas curiosas imágenes de médicos y enfermos fumando, el hecho de que la segregacionista localidad de Greenville fuera donde comenzó su lucha en pro de los derechos de los afroamericanos el reverendo Jesse Jackson, la película que acude a ver la pareja es LA CONDESA DESCALZA de Joseph L. Mankiewicz,  las clases de patología o cirugía que se muestran o el hecho de que las secuencias ambientadas en el hospital universitario o las aulas de la Facultad de Medicina se recrearan en estudios californianos… No quisiera obviar tampoco el hecho de que la primera intervención a la que asiste Mitchum es una laminectomía (según leo en el blog del Doctor Albeiros) consistente en extirpar un tumor en la columna del paciente).

Fue nominada al Óscar al mejor sonido.

Espléndida. Será muy interesante comprobar cómo ha resistido el paso del tiempo, aunque me da en la nariz que su esencia continuará inmarchitable.

 

José Luis Vázquez