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Aprender es el oficio más bonito del mundo

Joan Roca, chef

Diario de un Cinéfilo Compulsivo

 

Martes, 15 de mayo

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-Se impone un breve, pero obligado, agradecido recuerdo a Margot Kidder, el día que me entero de su fallecimiento a la prematura edad de 69 años en su casa de Montana. Para siempre quedará como la novia del Superman, la y el que más hemos querido y disfrutado muchos, el encarnado por el malogrado Christopher Reeve, principalmente en la magnífica adaptación que llevó a cabo el excelente todoterreno Richard Donner en 1978, con Marlon Brando comp padre natural del súper héroe:

No es que acumulara una filmografía especialmente brillante, aunque sí se pueden encontrar en la misma algunos títulos elogiables. Como EL CARNAVAL DE LAS ÁGUILAS, NAVIDADES NEGRAS, LA REENCARNACIÓN DE PETER PROUD, SISTERS (HERMANAS), MAVERICK (un papelito secundario), CRIMEN Y CASTIGO (en versión de Menahem Golan), THE GRAVY TRAIN, TENGO UNA PRIMA EN EL BRONX, TERROR EN AMITYVILLE y hasta tres secuelas más del hombre de la kryptonita (salvo la segunda, las otras dos, concretamente la última, mejor olvidarlas).

Interpretó también bastante cine de saldo: EL PAYASO DE MEDIANOCHE, HALLOWEEN II, TRENCHCOAT, 92 IN THE SHADE…

En los últimos años, en lo que llevamos de siglo XX), había adquirido más relevancia por su participación en series televisivas como SMALLVILLE (de nuevo con Reeve en el que supuso su regreso al mundo que le había otorgado prestigio y popularidad), precisamente hacía de la asistente del doctor que encarnaba éste), THE HAUNTING HOUR (serie infantil por la que recibió un Emmy), BROTHERS & SISTERS o THE L WORD (en estas dos últimas en intervenciones puntuales, episódicas). Tampoco descuidaría el teatro, como prueba LOS MONÓLOGOS DE LA VAGINA.

Al menos demostró ductilidad, perseverancia, encanto y desenvoltura, como la periodista Lois Lane que le otorgara la fama. Y casi no paró de trabajar desde que debutara en 1969 en la gran pantalla con la interesante LOS LOCOS AÑOS DE CHICAGO de su compatriota Norman Jewison.

Eso sí, estuvo condicionada en una larga etapa de su vida por un trastorno bipolar que, en su caso, le llevó a situacones límite en las que se quiso quitar la vida. Se acabaría sobreponiendo después de una larga travesía del desierto. Canadiense de nacimiento, adquiriría la nacionalidad estadounidense para poder votar en contra de la Guerra de Irak.

Siempre la recordaré en aquel vuelo nocturno con el hombre de la capa roja y azul, uno de los momentos mágicos del cine de los 80… y no se olvide que fue una década pródiga en los mismos.

Descanse en paz.

-Hace escasas fechas, con motivo de la presentación de ese espléndido terror y drama familiar que es UN LUGAR TRANQUILO –todavía en cartelera, no la dejen pasar-, citaba por la fonía parecida de ambos directores una notable cinta de ciencia-ficción titulada tal cual el original, OBLIVION (OBLIVION). Me vuelve a resultar placentero su visionado. Recupero la crítica publicada en este mismo periódico con motivo de su estreno el 13 de abril de 2013. Fue, además, uno de los títulos seleccionados en 2013 en mi actividad de Los Jueves al Cine:

Puedo decir que, dejando al margen el pujante cine de superhéroes que está viviendo su Edad de Oro (X-MEN, LOS VENGADORES, trilogía EL CABALLERO OSCURO, SPIDER-MAN...), he visto dos espléndidas películas de ciencia-ficción en los últimos 6 meses: LOOPER de Rian Johnson y esta OBLIVION de Joseph Kosinski, su segunda aparición como director, tras haberse estrenado con la más bien olvidable TRON: LEGACY, un trabajo para el que empleó inútilmente y con profusión cámaras de alta velocidad.

Y es lo que digo y proclamo muchas veces respecto al género en los últimos tiempos, los efectos digitales muy espectaculares, sí, siempre a favor, pero el problema es que en tantas ocasiones están puestos al servicio de la nada más atronadora. En esta ocasión cambia el cuento. Estamos ante un espectáculo en el que esos efectos son fundamentales, de acuerdo, pero su tratamiento y la introducción de un guión repleto de giros y de incertidumbre ante lo que va a pasar en el siguiente fotograma, los elevan muy por encima de tantas primas hermanas más o menos coetáneas. Guión que viene firmado también por el propio Kosinski, en base a una novela gráfica suya.

Lo que el emergente cineasta de Iowa nos ofrece es una particular y visualmente fascinante visión de un futuro apocalíptico en la Tierra. Poseen muchísima fuerza esas imágenes de barcos encallados en la arena, desiertos interminables o rascacielos devastados. Como contraste, un insólito oasis en medio de la nada y un pequeño brote verde, este sí de verdad. Su look metalizado y sus tonalidades grises (gran trabajo de Claudio Miranda), merecen un punto aparte. Junto a esas grandes panorámicas o el diseño del bungalow de los protagonistas, constituye otro de los varios aciertos de esta más que notable propuesta.

Pero tras este despliegue técnico, se encuentra un asunto de fondo profundo, de calado. Muy bien expuesto sin recurrir a reflexiones vacuas, introduciéndolo de manera ágil y nada latosamente solemne. Me refiero a la permanencia de esos restos que por mucho que estemos avocados a un futuro repleto de máquinas y tecnología, siempre quedarán de nuestra conciencia individual, de nuestra alma, de nuestra esencia humana.

OBLIVION es cine puro y duro. De inteligente y brillante reciclaje, el que tiene en cuenta desde TERMINATOR a MOON, pasando por ASESINOS CIBERNÉTICOS, SOLARIS, FAHRENHEIT 451, MATRIX o DESAFÍO TOTAL y por encima de todos estos títulos, la poderosa sombra de la genial WALL-E. 

Otro de los apartados a tener en cuenta es el de la banda sonora. Así como en TRON: LEGACY, Kosinski concedió una oportunidad -irrelevante- a Daft Punk, aquí ha acertado plenamente con los galos M83, en particular ese tema con Susanne Sundfor titulado "Star waves".

En el apartado interpretativo, muy importante también, destacar una vez más al entusiasta e incombustible Tom Cruise, que parece haber encontrado el secreto o haber bebido en la fuente de la eterna juventud. Su Jack Harper, que bien podría ser descendiente del mítico John Connor, ofrece vigor y consistencia. La aparición de Morgan Freeman tan deslumbrante como cabía esperar. Y atención igualmente a las dos chicas, con unas rutilantes, contrapuestas Olga Kurylenko y Andrea Riseborough otorgándoles encarnadura.

Buenas escenas de acción y un impecable montaje son otros montajes que contribuyen a su impoluto acabado final.

Vista y escuchada en el nuevo y avanzado sistema digital K4 en las salas Las Vías de Ciudad Real, es un placer inusitado, una auténtica gozada. 

PD: Otros títulos estupendos vistos en el último cuarto de siglo serían el citado ASESINOS CIBERNÉTICOS, INTELIGENCIA ARTIFICIAL, EL HOMBRE BICENTENARIO, MINORITY REPORT o MOON entre varios más.

-Qué ganas de ofrecer en la VERSIÓN UCLM, esto es, en versión original en inglés con subtítulos en español, esta nueva delicatesen del singular y extraordinaria cineasta estadounidense Wes Anderson. Una apuesta fascinante, deslumbrante en lo estético, en lo formal y a lo mejor algo más complicada para muchos espectadores en cuanto a su contenido. En todo caso, considero magistral su ISLA DE PERROS (ISLE OF DOGS), que tal como indica su título, no deja tampoco de constituir una oda canina en toda regla. La asistencia es más nutrida de lo esperado (más de 130 asistentes), dado que se había estrenado hace un mes y su explotación en La Fiesta del Cine:

Bastante de animación tiene el cine de ficción real del asombroso y siempre fascinante cineasta tejano Wes Anderson. Y mucho de hiperrealismo el que fabrica dentro de los parámetros del género que alberga a Disney o Pixar.

ISLA DE PERROS es su segunda producción de estas características, tras una primera y ya sorprendente incursión en 2008 con FANTÁSTICO SR. FOX, basada en un célebre cuento de Roald Dahl en el que los zorros son quienes campan a sus anchas, siendo esta vez sustituidos por perseguidos canes. Aquí son exiliados a una isla vertedero de Japón.

Precisamente de fantástico, de original, se puede calificar el mundo y las películas de Anderson, siempre dispuesto a la subversión, al absurdo con sentido o sin él, e incluso, como es el caso, a la sátira... o más bien alegoría política nipona, que por extensión se acaba erigiendo en universal, pues asuntos como la corrupción o la manipulación de los medios informativos son actualidad permanente en cualquier rincón del planeta, aunque en unos más que en otros, como se puede contrastar.

Aunque la verdad es que resulta difícil acotar tanto este trabajo como cualquier otro de su director. E indistintamente de que se ame, como es mi caso, o se deteste su cine, creo que nadie puede dudar de su exquisito mimo formal, aquí potenciado por una labor minuciosa de más de cuatro años de trabajo, aplicando técnicas de sobra conocidas como la “stop motion”, pero confiriéndole otra dimensión que no me resulta nada fácil especificar.

La estética esgrimida es única, intransferiblemente personal, por mucho que se proclame que encuentra su inspiración en la cinematografía japonesa, en alguno de sus mitos indiscutibles como Akira Kurosawa. Pero muestra una elaboración y una belleza ante las que no puedo sino rendirme, aun en el caso de que su argumento pueda en algún momento descolocarme un poco y no por el hecho de que no sea entendible. Da igual, lo mostrado es tan deslumbrante que mi claudicación es inmediata.

Está también rociada por un humor muy particular, excéntrico, ni mucho menos de carcajadas sino más bien irónico.

Lamentablemente, la versión doblada nos priva de la voz de enormes actores como Edward Norton o Bryan Cranston, éste poniendo timbre al perro callejero Chief, tal vez descendiente de aquellos pioneros y encantadores de la maravillosa LA DAMA Y EL VAGABUNDO, aunque nada más lejos este exponente de lo que solía ofrecer el genio de Burbank.

Tan disparada como suele ser norma y distintivo en la obra de Anderson, esta vez su trabajo le ha valido incluso el reconocimiento de festivales de máxima categoría como el de Berlín, en el que obtendría el premio al mejor director en su última edición.

Para quienes busquen algo fuera de horma, de los estándares establecidos, seguramente tendrán con esta una buena oportunidad de sentirse saciados. Pero ya aviso, puede que no resulte apta para muchos paladares, no por nada sino porque suele ser un hecho constatable.

Ah… Y me encanta que comience y concluya a ritmo –no puede ser más característico de la cultura retratada- de tambores taiko.

Singular en su mejor acepción.

Apostilla:

El segundo visionado de ISLA PERROS, contemplada ya sin la marabunta de estrenos con la que la vi la primera vez, acentúa aún más aquella placentera primera impresión.

Políticamente me parece muy potente en su discurso político. Da mucho juego en este terreno. A la hora de retratar una distopía identificable con el presente que vivimos. Su exposición del abuso de poder, de corruptelas, manipulaciones mediáticas, manejo de las redes sociales o su descripción de tipos autoritarios que buscan enemigos donde no los hay o chivos expiatorios, no tiene desperdicio.

Y, por supuesto, no deja en ningún momento de constituir una fábula canina. Y una oda a la cultura japonesa, tanto a la hora de respetar la expresión verbal de sus dos principales protagonistas humanos (el chaval y el alcalde), como la de mostrar un amplio abanico de rasgos distintivos, desde esos constantemente percutantes tambores taiko, hasta el teatro kabuki, las peleas de sumo, pequeñas explosiones que recuerdan a la de la bomba atómica o la elaboración de sushi.

Me encanta ese no sé si buscado o no, pero ese patente homenaje a LA DAMA DEL VAGABUNDO, encarnado en esa escena en la que el perro golfo, callejero, aborda desde la distancia a esa sensual perrita iluminada por detrás a la que da voz Scarlett Johansson.

El tema de las voces originales me parece fundamental, se impone por tanto escucharla incontaminada, en puridad. Podrán delectarse con las de un buen ramillete de grandes nombres de la interpretación, e incluso de alguna “intrusa”: Bryan Cranston, Frances McDormand (es la traductora o locutora radiofónica), Edward Norton, Bob Balaban, Greta Gerwig, Jeff Goldblum, Bob Balaban, Yoko Ono o el gran Ken Watanabe (CARTAS DESDE IWO JIMA, ORIGEN, EL ÚLTIMO SAMURAI, MEMORIAS DE UNA GEISHA) doblando al malo de la función.

Y lo que vuelve a resultar una gozada es el inequívoco estilo Wes Anderson. Esa estética casi obsesiva, rociada de una amplia paleta de colores (rojos y azules para mostrar ambientes urbanos, grises y terrosos para esa isla de proscritos y desechos).

Y de nuevo ha vuelto a hacer alarde de unas composiciones aparte de deslumbrantes muy elaboradas (crear esta película en un “stop motion” de orfebrería le ha costado cuatro años), desplegando esos encuadres marca de la casa, geométricos, simétricos. Como ejemplo de esto último, ese palo que arroja Atari y cae justo en el centro.

Sumen una gran variedad de recursos y técnicas, desde flash backs que anuncian su propio inicio y final, hasta planos cenitales o generales de considerable amplitud.

Otro de sus puntos fuertes, habitual por otra parte en su filmografía es un sentido del humor intransferiblemente personal, entre negro, tierno, irónico, relativamente absurdo, incluso gamberro. Aplicado a cualquier situación y teniendo en cuenta que todo tiene su lógica interna, o su lógica-ilógica.

También conviene destacar que utiliza un futuro distópico para hablar del más rabioso presente. Llevó a cabo idéntica operación, pero mostrando esa vez el pasado con su anterior trabajo, EL GRAN HOTEL BUDAPEST.

Y no quiero olvidarme de la aportación musical del genial compositor Alexander Desplat (merecedísimo Óscar por LA FORMA DEL AGUA), ejecutando una partitura que bebe tanto de elementos tradicionales del folklore autóctono como de orquestaciones más o menos sinfónicas.

Muchos han cuestionado su emotividad, yo creo sinceramente que sí es emotiva, pero de otra forma, no a la manera habitual. Digamos que su calidez es callada, sin ostentación, pero no deja de ser por ello conmovedora. Y construye personajes que acaban despertando sentimientos, aunque sea desde una parsimonia que desarma al más pintado.

A falta de que se estrene LOS INCREÍBLES y algún otro título sugestivo más, la postulo desde ya para conseguir la estatuilla dorada como mejor producción animada en la próxima edición de los Óscar.

Alguien la ha catalogado como de humanismo animal. De lo que no me cabe la menor duda es que es humana, demasiado humana. Y despliega afecto, muchísimo afecto. Y POESÍA.