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Esto con Rajoy no pasaba

Jordi Évole, periodista y presentador (tras la derrota del Madrid en la Supercopa)

Diario de un Cinéfilo Compulsivo

 

Martes, 13 de febrero

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Foto: Dylan O'Brien y Kaya Scodelario en El corredor del laberinto/The maze runner

-Aprovechando el reciente estreno de la tercera y última parte de la trilogía EL CORREDOR DEL LABERINTO (THE MAZE RUNNER), es un buen momento para revisar y traer a colación las dos anteriores entregas, en concreto este martes me referiré a la inicial, una relativamente sorprendente y grata muestra de cine de fantasía distópica destinada principalmente a públicos juveniles. Recupero la crítica escrita con momento de su estreno en este mismo periódico. Queda trasladada tal cual (es curioso contrastar los propios comentarios transcurridos un tiempo, leyéndolos con perspectiva):

Al final, muchas distopías post apocalípticas como esta, ciencia-ficciones y franquicias para adolescentes están llevándome a su terreno, a sentirme un baby más entre esa legión en todo el mundo que sigue fervorosamente este tipo de producciones de holgados presupuestos. Lo consiguieron con la última y más que estimable entrega de LOS JUEGOS DEL HAMBRE, EN LLAMAS, en parte con DIVERGENTE y ahora me han vuelto a llevar relativamente al huerto con este comienzo de la más que probable sucesora de la saga creada por Suzanne Collins, cuya penúltima entrega, SINSAJO, está a punto de ver la luz. Y es que los que somos Peter Panes vocacionales está visto que no tenemos remedio.

Y lo hacen porque es innegable que la industria cinematográfica norteamericana continúa manteniendo una cualidad que es santo y seña de cualquier época de la historia, la brillante factura técnica de la que hace gala y con la que nos empaquetan sus regalos. La de EL CORREDOR DEL LABERINTO me parece notable. Comenzando por esa tensión que su director, el “novato” Wes Ball, imprime a la historia, las gráficas descripciones de sus delimitados ambientes o ese fascinante diseño visual del laberinto en cuestión (al respecto, impresionante esa panorámica final) del que también se ha encargado él mismo, pasando por la resplandeciente fotografía del ecuatoriano Enrique Chechak.

Lo de Ball pese a su bisoñez tras la cámara no resulta nada extraño, pues suya era la elogiable dirección artística de BEGINNERS (PRINCIPIANTES) o la responsabilidad de un insólito y curiosísimo corto animado y apocalíptico titulado RUN.

El caso es que consigue el que debiera ser siempre objetivo principal, mantener clavado a la butaca durante dos horas salvo que alguno demos una parcial y puntual cabezada debido a motivos ajenos a los méritos contraídos por esta vibrante producción.

Por supuesto, si uno quiere ponerse exquisito, podrán extraer o comprobar influencias y reciclajes mil de títulos de todo tipo, desde las ya citadas sagas de LOS JUEGOS DEL HAMBRE y DIVERGENTE hasta EL SEÑOR DE LAS MOSCAS o CUBE, pasando por series como LOST (PERDIDOS) o mitos como el de TESEO Y EL MINOTAURO. Como siempre explico, el problema no es tanto el de esas influencias como el saber hacer adecuado acopio de todas ellas y volver a vendernos la mercancía como si pareciera diferente o no importase su linaje. Y en este caso el objetivo ha sido más que conseguido.

Lo que desconozco son los libros de partida que han dado origen a esta presumible saga –ese es su mayor inconveniente, que esa vocación de capítulo piloto deja con la miel en los labios-, MAZE RUNNER en el original, creados por el mismo responsable de trasladarlos en forma de guión a la gran pantalla, por James Dashner. Tampoco es un requisito que, como tantas otras veces, sea necesario. Me basta con lo plasmado.

Se achaca a estos en concreto y a esta literatura en general su falta de contenido. Ya estamos con lo de siempre, como si la diversión por la diversión bien construida, no fuera más que suficiente. Pero es que, además, si nos ponemos reflexivos y culturetas, perfectamente se puede interpretar como un interesante relato, una fábula de supervivencia que cuanto más misteriosa, más atractiva resulta.

Al igual que en con algunos otros referentes coetáneos, no deja de ser una alegoría de nosotros mismos, de la juventud, de sociedades regladas u ordenancistas que necesitan removerse, de quienes se quedan estancados, se acomodan o se dejan llevar por una engañosa seguridad o complacencia, frente a los que se arriesgan y transitan caminos nuevos… o al menos lo intentan.

En fin, que creo que quienes sean devoradores de este tipo de historias probablemente no quedarán defraudados, el público más adulto puede que sea reticente, pero como en cualquier caso no soy adivino y tampoco me apetece mucho jugar a ello, me basta con haber disfrutado de lo lindo con mi joven y entusiasta compañera de butaca de un espectáculo que me mantuvo en todo momento expectante y en vilo.

Respecto a los intérpretes son muy jóvenes todavía, hay que darles más minutos en el campo, en otros claros de laberinto similares o de otro corte. Resuelven con eficiencia y sin aparente esfuerzo sus cometidos. Los atractivos Dylan O´Brien y Kaya Scodelario, guapa chica ésta, no exhiben el carisma de sus brillantísimas antecesoras en cometidos parecidos, sobre todo Jennifer Lawrence o la divergente Shailene Woodley, pero el tiempo dirá si apuntalan alguna cualidad atisbada.

Muy buen entretenimiento… si quieren hasta con miga.

-Siguiendo la inercia comenzada desde que iniciáramos el año cinematográfico estos martes de VOS, el aforo para ver la propuesta seleccionada en esta ocasión, EL HILO INVISIBLE (PHANTOM THREAD), vuelve a rebasar expectativas. Llenazo de nuevo:

Advierto que el personal sale un tanto perplejo de esta tremenda historia de amor, eso sí, enfermiza, malsana y desquiciada. Una historia de dominio-sumisión-poder, de sadomasoquismo mental, tan obsesiva y neurótica como lo es su protagonista, un perfeccionista de la moda aquejado de síndrome de Edipo y unas cuantas cosas más. Aunque ella, la mosquita muerta, la que es capaz de mantener la mirada atrás sin retroceder, no se queda atrás tampoco en cuanto a salidas de tono.

Me resulta imposible identificarme ni con él ni con esa joven entregada, pero el brillante cineasta estadounidense me empaqueta tan magníficamente bien esta tortuosa relación, que no puede sino rendirme ante la misma por tercera vez, en realidad segunda, pues la primera que la contemplé me dejó un tanto helado.

Desde luego puedo entender que no resulte fácil entrar en ella, o que la pasión expuesta, esa relación adictivamente retorcida que se marca la pareja pueda provocar la adhesión mayoritaria, pero la belleza estética que desprende, con la que ha sido envuelta tal vez pocos la pueden negar. Hay tanta paciencia y mimo en cada uno de sus fotogramas, como en los exclusivos diseños que crea Daniel Day Lewis para señoras de la nobleza y la realeza.

No sé si será finalmente la despedida del cine del actor inglés, tal como ha anunciado con rotundidad, pero sería una lástima que ello fuera así. Está en su cénit de una carrera en la que se ha señalado siempre por escoger con mucho cuidado, muy selectivamente, sus personajes.

La joven y ya refulgente Vicky Krieps es una magnífica oponente para –en principio- tan histórica retirada. Mujer vivaz donde las haya, se llama en la ficción Alma. Y en eso precisamente se acaba convirtiendo para un individuo casi inaccesible para dejar entrar el amor en su vida. Por momentos, parecen reeditar alguna de las relaciones imaginadas por Alfred Hitchcock en las sublimes VÉRTIGO o ENCADENADOS. Puro y enrevesado suspense emocional.

Su meticulosidad formal, ambiental; ese toque imbuido por igual de clasicismo y modernidad; sus juegos de miradas; esa cena de setas y la perfecta percepción de él, de lo que va a pasar, son algunas cualidades que emergen de esta película singular, arrebatadora y glacial a la vez, fascinante. Y exhibe un malicioso sentido del humor.