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En todo ser humano hay grandeza

Mario Alonso Puig, cirujano

Diario de un Cinéfilo Compulsivo

 

Lunes, 12 de febrero

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Foto: Irene Dunne y Frank Marshall en Las rocas blancas de Dover/The White Cliffs of Dover

-Acabo de verla pasada la medianoche del domingo, lo que impide que pueda incluir su reseña en su fecha correspondiente. La veo en 13TV, en Cine sin Cortes y constituye un pequeño descubrimiento, no del todo satisfactorio pero interesante. Se trata de la producción estadounidense de 2010 TODAS LAS COSAS BUENAS (ALL GOOD THINGS):

Parece ser que el cineasta estadounidense Andrew Jarecki, firmante de esta insólita e inclasificable crónica criminal, se ha especializado en estos asuntos, como así demuestran los dos tan solo dos largometrajes firmados hasta la fecha, éste, el segundo de su filmografía, y su debut, CAPTURING THE FRIEDMANS, un meticuloso y espeluznante documental sobre uno de los casos más extraños de la historia americana, referido a un tema de pederastia.

Para elaborar estos otros hechos reales, cuyo protagonista es el hijo de uno de los mayores empresarios neoyorquinos de la década de los 80, partió de un texto inquietante y enrevesado cuya autoría compartiría con otros dos guionistas.

En el apartado interpretativo contó con un trío de compinches que aquí dio lo mejor de sí mismo: un veterano Frank Langella (que con la edad alcanzaría su cénit artístico, compruébese en UN AMIGO PARA FRANK o en CAPTAIN FANTASTIC), la deslumbrante Kate Winslet, que ya había dejado numerosas muestras de su talento, con nombres tan prestigiosos como Sam Raimi o Sofia Coppola (muy pronto llegaría MELANCHOLIA bajo las órdenes de Lars Von Trier), y un Ryan Gosling todavía no convertida en star en toda regla, pero que ya había ofrecido credenciales suficientes de su capacidad (al poco no haría sino ratificarla con espléndidos trabajos como BLUE VALENTINE, DRIVE, LOS IDUS DE MARZO o la justísimamente reconocida y multipremiada LA LA LAND (me resisto a referirme a ella  por su título español).

El resultado es un “thriller”, un drama turbio, desasosegante, perturbador, que no tiene una conclusión, porque en la vida real tampoco ha existido hasta la fecha, pero que resulta esclarecedor de comportamientos enajenados o extraviados y de familias disfuncionales o, sencillamente, de psiquiatra.

No está del todo lograda, pero su audacia narrativa y atmosférica, más los aciertos anteriormente mencionados, provoca que consiga mi adhesión.

-Dentro de esa mini sección que no prolongaré mucho más tiempo de películas de las que deberían salir huyendo ante el mero hecho de su enunciado, es el turno de SCARY MOVIE 5 (SCARY MOVIE V):

Ya desde la primera entrega de SCARY MOVIE se me atragantó la que luego se ha acabado convirtiendo en prolongada y, parece, que interminable serie. La fórmula paródica –de títulos emblemáticos y géneros cinematográficos populares- que con tanto éxito y maestría crearan allá por 1980 los hermanos Zucker –Jerry y David- y Jim Abrams, ha ido degenerando hasta límites insoportables.  

El trazo grueso, el humor más burdo y sin contemplaciones, la chanza más escatológica y repugnante se han ido acrecentando con cada nueva entrega. Hasta llegar a esta quinta y tan igual de lamentable que sus antecesoras.  

Por supuesto, las salas de cines de medio mundo se pueblan de niños y adolescentes para los que los chascarrillos, verbales y visuales, del tipo “caca, pedo, culo, pis” parecen continuar siendo efectivos. Al respecto, poco prefiero comentar, pues cada generación de jovencitos arrastra lo suyo, pero no puedo evitar la añoranza de una infancia/juventud en la que los referentes podían ser TIBURÓN, LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, BLADE RUNNER, GREMLINS, LOS GOONIES o E. T. EL EXTRATERRESTRE si me refiero a un cine serio y escapista, o VÍCTOR O VICTORIA, EL JOVENCITO FRANKENSTEIN, la propia ATERRIZA COMO PUEDAS o LOCA ACADEMIA DE POLICÍA (la primera) si me centro en el humorístico. Por no hablarles de los maravillosos clásicos que nos regalaba la televisión, donde por ceñirme al género de la comedia, ahí estaban UNA NOCHE EN LA ÓPERA, EL GUATEQUE, EL BAILE DE LOS VAMPIROS (ésta sí una parodia en toda regla sobre estos asuntos escalofriantes) el cine de Keaton, Chaplin o CON FALDAS Y A LO LOCO.  

Les aseguro que me resulta muy complicado encarar este tipo de comentarios críticos ante películas de estas características, pues tendría que repetir por enésima vez calificativos, expresiones y frases lapidarias mil veces exclamadas para definir productos similares, indistinguibles unos de otros. Ni una gota de originalidad asoma por algún resquicio de sus imágenes. Todo resulta una catarata de majaderías a cuál de mayor proporción.  

En este caso el objeto de sus burlas son algunos de los últimos éxitos del momento del cine de terror, el género siempre primordialmente parodiado. Títulos como el remake de POSESIÓN INFERNAL, PARANORMAL ACTIVITY o la impactante y paulatinamente desinflada MAMÁ. También se da cumplido repaso de exitosas producciones cercanas en el tiempo, como EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS o CISNE NEGRO.  

Ustedes mismos.  

-En Los Clásicos del Deicy propongo este título surgido de los esplendorosos 40 en Hollywood, toda una feliz sorpresa para los asistentes, incluyendo cinéfilos veteranos, pues es de los que han estado relegados bastante tiempo en las programaciones televisivas. Su título conlleva evocación y verdadero encanto, LAS ROCAS BLANCAS DE DOVER (THE WHITE CLIFFS OF DOVER):

Gozó de gran popularidad en su momento (1944), pero hoy en día ni tan siquiera muchos avezados cinéfilos recuerdan este primoroso melodrama romántico, esta esplendorosa producción Metro rodada en Inglaterra, la mayor parte en estudio (para algunas escenas, como la de los niños, se trasladarían a plena campiña).

Es una emotiva y conmovedora historia de amor que se prolonga en el tiempo, a lo largo de las dos guerras mundiales del siglo XX, tal como sucedía con EL PUENTE DE WATERLOO de Mervyn Le Roy. O con HECHIZO de Irving Reis. Posee ese estilo, esa aura, aunque con corte y confección propias.

Al igual que estos dos memorables ejemplos, parte de un brillante flash-back, salpicado con una serie de breves poemas recitados por una envolvente voz en off, basados a su vez en un prestigioso poema épico de Alice Duer Miller.

En esencia trata la relación amorosa entre una norteamericana de mentalidad amplia y un prototípico aristócrata inglés que se alista en el ejército por tradición familiar.

Hay que tener muy en cuenta la fecha de su realización, faltaba un año para que finalizara la segunda gran contienda bélica en Europa, por tanto resultan inevitables algunos apuntes propagandísticos. Pero combina ejemplarmente ese legítimo patriotismo con un cierto pacifismo, sin llegar a las cotas de la admirable ADIÓS A LAS ARMAS. Pero en calidad nada tiene que envidiar a la sublime obra de Frank Borzage.

Buena parte de que ello sea así fue responsabilidad de su excelente director, Clarence Brown. Repasar su filmografía es echar un vistazo a la mejor y más dorada etapa hollywoodense. Forjado en la etapa silente, fue el cineasta por excelencia de Greta Garbo (7 trabajos en común, todos magníficos, pero algunos de especial brillantez como ANA KARENINA, MARIA WALEWSKA o ROMANCE) o de Joan Crawford (en este caso uno menos, seis, tal como el estupendo AMOR EN VENTA).

Aparte no se deben olvidar otras varias obras maestras que salpican su filmografía –jamás desafinaba, ni en las de menor fuste-, tales como EL DESPERTAR, HAN MATADO A UN HOMBRE BLANCO (un excepcional alegato antirracista), VINIERON LAS LLUVIAS, INDIANÁPOLIS, EDISON EL HOMBRE o LA COMEDIA HUMANA.

Se caracterizaba por un mimo, un cuidado exquisito con las estrellas. Aquí le volvió a tocar en suerte –todas prácticamente confiaban en él, en cómo las realzaba tanto física como profesionalmente- otra de las verdaderamente grandes, una Irene Dunne de 46 años, a la que tal vez le pillara un tanto mayor la primera y crucial fase de su personaje, pero que entre maquilladores y su innato talento solventarían sin dificultad el escollo.

De Dunne, entre tantas otras maravillosas aportaciones interpretativas, siempre me vienen a la cabeza cuatro de cabecera, cinco con la aquí comentada: NUNCA LA OLVIDARÉ (el mejor homenaje rendido en una pantalla a la figura materna, junto a esa ROMA de Adolfo Aristarain, hay bastantes más), LA PÍCARA PURITANA (una comedia sensacional con el felizmente inevitable Cary Grant), SERENATA NOSTÁLGICA (otro melodrama sentimental memorable con  un inusualmente dramático Grant) y ANA Y EL REY DE SIAM (primera versión de EL REY Y YO).

Da todo un recital como la corajuda madre que le tocó esta vez lidiar. Además, representa a una mujer con una acusada personalidad, que trata de resolver diferencias y prejuicios entre los distintos modos de contemplar la vida entre estadounidenses e ingleses. Es fácil identificarse con su punto de vista, o así me lo parece a mí. Y la historia, escrita por hasta cuatro guionistas, trata de realzar la postura para salvar esas diferencias.

Pero no solo Dunne luce a enorme altura. El apuesto Alan Marshal cubre bien el tipo. Y luego están una pléyade de característicos de esos de chuparse los dedos: Frank Morgan (como su padre, el de ella, no se olvide que había sido el Profesor Marvel, el inolvidable mago de EL MAGO DE OZ), ese eterno mostachos Charles Aubrey Smith (repitiendo uno de sus tantos personajes de coronel), unos jóvenes Peter Lawford o Van Johnson y unos aún más jovencísimos Roddy Mac Dowall y Elizabeth Taylor (se habían reunido artísticamente por primera vez un año antes, en 1942, con la deliciosa LA CADENA INVISIBLE). Taylor ya deslumbraba con esos fulminantes ojos violeta, pero esta vez redujeron mucho su intervención, dando lugar pese a ello a una corta pero sustanciosa aparición que no figuraría en los títulos de crédito.

Fue justamente nominada al Oscar a la mejor fotografía, obra de George J. Folsey y Robert H. Planck.

Destila exquisitez, ternura, romanticismo del bueno y añorado por alguien como el que esto escribe, irremisiblemente tocado por aquella maravillosa e irrepetible manera de hacer películas.

Apostilla:

Es impresionante cómo está rodada esta maravillosa producción Metro Goldwyn Mayer de 1944. Era la segunda vez que la veía y la primera que la he delectado, aun gustándome muchísimo cuando la descubrí hace años en una emisión televisiva de un canal especializado, CineClassics creo recordar.

Disfruto del juego que se trae entre contrastes culturales anglosajones, estadounidenses y británicos, pues está expuesto con un fuste, un sentimiento, una inteligencia y un fino sentido del humor de los que me resulta imposible resistirme.

Es de una emotividad enorme. Los lagrimones se me saltan bastantes veces. Y tiene un mérito enorme que en plena contienda mundial apele a que nunca más se permita otra guerra, otra conflagración de esa magnitud (la II Mundial), sin por ello caer en un pacifismo barato, a cualquier precio. Y sin que su patriotismo resulte maniqueo o insultante.

Y qué manera de filmar las muertes, como la de la abuela, con ese chaval avanzando por el pasillo junto a la nanny.

O ese otro momento en el que la cámara, en un preciso y fascinante movimiento de grúa, se introduce en la parte alta del carruaje en el que se encuentra la pareja que se acaba de conocer, deteniéndose en el rostro feliz, pleno, de ella. Fantástico.

Qué grandísimo director Clarence Brown, qué actores, qué preciosidad ya de niña Elizabeth Taylor… aunque filmada en blanco y negro ya casi se advertían esos ojazos color violeta que le acompañaron en vida. Y qué grata, que estimulante siempre la presencia de ese niño prodigio nada repelente llamado Roddy McDowall. O ese mostacho adherido a un tipo grandullón y encantador como Ch. Aubrey Smith, casi siempre haciendo de coronel retirado del ejército inglés.

O Dame May Whitty, o un jovencísimo Peter Lawford… Seguro que a partir de ahora será de esas varias elegidas a las que acudiré a ella frecuentemente.

Todo un descubrimiento para los asistentes, también con los ojos acuosos. No puedo evitar fundirme en un abrazo con un reciente amigo inglés, Phil, con el que no me comunico verbalmente dada mi incapacidad para los idiomas, pero con el que me basta con una mirada para entender que nos gustan idénticas películas. Lo hago porque me cuenta que su padre combatió contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Le doy las gracias a su progenitor y a todos esos chicos británicos y estadounidenses que se partieron el cobre para que una buena parte del continente europeo continuara siendo libre. Y gracias sobre todo a ti Carmen, por tu simpatía y propiciar este encuentro.

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