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Diario de un Cinéfilo Compulsivo

 

Lunes, 13 de enero

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Foto: W. C. Fields, Jean Cadell, Freddie Bartholomew y Elsa Lanchester en David Copperfield/David Copperfield

-Recuerdo que este pasado 2019 Los Clásicos del Deicy reiniciaron singladura con un clásico de aventuras marítimas de mediada la década de los 30 del pasado siglo, LA ISLA DEL TESORO. A la espera la semana que viene de otro de especial calado, la primera versión de REBELIÓN A BORDO (titulada en España LA TRAGEDIA DE LA BOUNTY) abrimos inmejorable boca y ratificamos la apertura del año con la que probablemente sea hasta el momento la mejor versión jamás filmada –en sí misma, sin comparativas, resulta excepcional- de una novela del fundamental Charles Dickens, DAVID COPPERFIELD (DAVID COPPERFIELD). Al igual que los dos anteriormente citados fechados por la misma época, lo que habla a las claras de la impresionante del cine norteamericano del momento. Y eso que el sonoro solo llevaba ocho temporadas balbuceando:

Es un verdadero lujo, en todos los sentidos, esta versión cinematográfica de la novela de Charles Dickens auspiciada por el rutilante Hollywood de 1935.

El material literario le supuso dos años de preparación al escritor inglés, desde 1848 a 1850, publicándolo por primera vez por entregas en 1849 y ya como libro al año siguiente. Planificaría con mucho mimo y escrupulosidad su trama y estructura. Su título original es LA HISTORIA PERSONAL, AVENTURAS, EXPERIENCIA Y OBSERVACIÓN DEL JOVEN DAVID COPPERFIELD.

Seguramente es de todas las suyas la obra que contiene más elementos autobiográficos. Y dadas propias manifestaciones suyas, su criatura preferida… y eso que tenía donde elegir por abundancia y calidad.

Y aunque no suelo entrar al trapo en estas cuestiones por una serie de principios o reglas que siempre me he impuesto, entre tantas otras virtudes resulta admirable la poda sintética a la que fue sometido el original por parte de los excelentes guionistas Hugh Walpole y Howard Eastabrook. Cierto que en el camino se dejaron u omitieron –inevitable por otra parte, estamos refiriéndonos a un considerable tocho- algún que otro episodio relevante, como el tiempo que David pasa en el internado de Salem House, pero en cualquier caso no merma en modo alguno su alcance y grandeza.

Lo que sí continuó respetándose es la narración en primera persona del relato. E igualmente tratar con tacto el aprendizaje vital, la vida emocional y moral del protagonista, del héroe, todo un exponente, un ejemplo de generosidad, educación, humanidad y benignidad.

En lo que a producción se refiere volvió a suponer una aparatosa y generosa producción Metro a la que tan habituados estaban los espectadores, bendecida de nuevo por el mítico David O´Selznick, cuyo padre, Lewis J. Selznick había aprendido inglés gracias a esta obra que les leía todas las noches a sus hijos. Así que en esta ocasión supuso por su parte algo más que un ambicioso empeño profesional.

La verdad es que se echaron los restos en esta empresa, comenzando con un reparto, que contemplado con la perspectiva que otorga el mucho tiempo transcurrido –ochenta y cinco años cuando escribo esta reseña- tal vez podríamos estar hablando de uno de los más señeros de la historia, como lo es la propia película, elegida entre las 100 mejores de todos los tiempos en una encuesta llevada a cabo por The New York Times.

Así, se pueden encontrar con un debutante niño prodigio Freddie Bartholomew, seleccionado en lugar del inicialmente previsto Jackie Cooper, y descubierto al ir a rodar una serie de planos generales en Londres. Continuando por el personalísimo y formidable cómico norteamericano W. C. Fields como el excéntrico y amistoso Wilkins Micawber (en un papel destinado inicialmente a Charles Laughton, nominado ese año por su memorable rol del Capitán Bligh en LA TRAGEDIA DE LA BOUNTY), siempre optimista respecta a lo que traerá cada día. Resulta característica e icónica su imagen con sombrero y gesticulante, algo extensivo a buena parte del elenco, pues no olvidemos que el cine sonoro todavía era deudor del mudo, tras tan solo ocho años de existencia. Atención a su acentazo yanqui que tira para atrás, pues no hubo forma alguna de que enmendara la plana al respecto.

Por no hacerles más exhaustiva la relación, también pueden encontrarse con la que ya se había estrenado como Jane en las películas de Tarzán, la guapísima Maureen O´Sullivan, madre de Mia Farrow. Y el malvado de malvados por excelencia Basil Rathbone (el padrastro de David) a punto de batirse en duelo tres años después con el mismísimo Robín de los Bosques/Errol Flynn. También las inefables y sensacionales características Ednay May Oliver, Elsa Lanchester (para las antologías la novia de Frankenstein) o Lionel Barrymore entre tantos otros.

Al mando de las operaciones uno de los directores más exquisitos que haya habido jamás, George Cukor, ya cotizadísimo en aquel momento y considerado un director sofisticado y especializado en papeles femeninos, aunque aquí los preponderantes sean más bien masculinos.

Sí es conveniente destacar que obtuvo un resultado impecable en su recreación de la Inglaterra ferozmente industrializada de mediados del siglo XIX, trufada de injusticias, explotaciones, miserias, maltratos infantiles, mezquindades e hipocresías. También como contraposición, de esperanza y bondad, plasmadas estas en el personaje del señor Pegotty.

No deja de resultar una foto finish, un fascinante y atmosférico retrato del momento, expuesto mediante primorosas composiciones fotográficas de Oliver T. Marsh y la extraordinaria dirección artística del indispensable Cedric Gibbons (¿recuerdan MY FAIR LADY?). Y que muestra de manera plausible el pálpito de la sociedad del período que refleja.

Se rodaron algunos exteriores en las Inglaterra, en concreto el exterior de la Catedral de Canterbury, metraje que en pantalla no rebasa el minuto. Y la casa de la tía Betsey y los elevados acantilados blancos de Dover (¿recuerdan esa otra obra maestra de una década después titulada LAS ROCAS BLANCAS DE DOVER?) fueron filmadas en Malibú.

Desde luego pocas versiones como esta han reflejado mejor el espíritu y la esencia dickensiano. Tal vez solo sean comparables esas dos magistrales aportaciones del genial David Lean firmadas en la década de los 40, CADENAS ROTAS y OLIVER TWIST.

Al novelista rindió merecido homenaje Clint Eastwood en 2010 con su subvalorada MÁS ALLÁ DE LA VIDA.

Tuvo 3 nominaciones al Oscar, entre ellas a mejor película, estatuilla que acabó obteniendo la primera versión de REBELIÓN A BORDO… LA TRAGEDIA DE LA BOUNTY en España.

De las más taquilleras y prestigiadas de 1935. Una verdadera gozada.

Apostilla:

Me ha vuelto a encantar en este tercer visionado a lo largo de mi vida. Y tiene mucho mérito porque el sonoro -como he comentado- solo llevaba 7 años, de ahí algunas interpretaciones un tanto sobre actuadas. El tono caricaturesco o extravagante de algunos personajes está en la obra original de Dickens. Me ha encantado que una mujer tan tontita como la esposa de David acabe teniendo finalmente mostrando una gran generosidad y un rasgo de lucidez acerca de sus limitaciones. Vuelta a ver relajadamente vuelvo a comprobar lo primorosamente rodada que está, sin ir más lejos la secuencia de la tormenta y el naufragio en alta mar (sorprendente para 1935). Y el hecho de que constituya una serie de láminas en movimiento -aunque fueran rodadas de manera estática con un despliegue artístico y planificación tremenda- o grabados de la Inglaterra social y en expansión de mediados del siglo XIX es otro de sus muchos pluses.

DAVID COPPERFIELD es en realidad -también la novela- una película sobre la BONDAD.