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La propaganda racista es eficaz porque toca algo muy profundo de la mente

Telmo Pievani, filósofo y biólogo

Diario de un Cinéfilo Compulsivo

 

Jueves, 7 de noviembre

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Foto: Mariana Treviño, Sara Jiménez, María Blanco, Rodrigo Simón y Edu Soto en Los Rodríguez y el más allá/Los Rodríguez y el más allá

-El último estreno que me quedaba por ver de este pasado fin de semana me lo podría haber ahorrado perfectamente… pero el prurito (profesional) es el prurito. Se trata de LOS RODRÍGUEZ Y EL MÁS ALLÁ (LOS RODRÍGUEZ Y EL MÁS ALLÁ):

El título debo reconocer que ya me predisponía un tanto a la contra, pero como no deja de ser eso, un título, siempre hay que pensar que la cosa va a tener enmienda una vez comience a arrancar la proyección… y que lo propuesto de la nacionalidad que sea, pese a mi ancestral debilidad por los productos norteamericanos. Pero puesto que este es española ahí están una respetable serie de ejemplos autóctonos que no auguraban nada nuevo por sus enunciados y sin embargo me acabaron suponiendo gratísimas sorpresas, LA HOZ Y EL MARTÍNEZ o PLATILLOS VOLANTES sin ir más lejos.

Bien, pues no es el caso del último trabajo del otrora prometedor –MAKTUB- cineasta mejicano (también se ha ganado la vida como cantante en algún período de su vida) de origen español Paco Arango, que tanto con el que aquí me ocupa como con el anterior, LO QUE DE VERDAD ME IMPORTA (resulta ligeramente superior) ha pinchado en hueso, aunque con éste hiciera una muy buena recaudación en taquilla.

Su cine se caracteriza por los buenos sentimientos, humanitarias intenciones y mejor finalidad (lo recaudado suele ir en un buen porcentaje a su loable y admirable Fundación Aladina (su nombre constituye un homenaje a la popular serie televisiva que dirigiera titulada precisamente ¡ALA… DINA! con la inefable Paz Padilla), destinada a mejorar la vida y hacer más felices a niños y adolescentes enfermos de cáncer y a sus familiares.

Como comprenderán esto no puede servir de otro condicionante para juzgar una obra que no sea el de su propio e intrínseco valor, o mejor aún, por lo que sinceramente pueda generar como tal. En este caso, no hay posibilidad para atenuante alguno. El humor es familiarmente inocuo, bobalicón, de tebeo pobre, dentro de un estilo de garrafón infantil de lo más devaluado, propio más bien de otros tiempos. Todo me suena a muy apolillado, desvencijado y superado. Su gracia, si tuviera alguna o algún destinatario, me temo que solo sea cuestionablemente apreciada por una chavalería de muy escasa edad.

Es muy poquita cosa, irrelevante. No creo que ni haga falta entrar demasiado en su argumento, aunque el título ya les puede dar alguna ligerísima pista.

Ni como farsa, ni como parodia, ni como fantasía, funciona en ningún momento. Despliega una narrativa que hace de lo botarate fin y causa. A los diez minutos me entran ya ganas de salir disparado de la sala, pero aguanto estoico para acabar dando testimonio fehaciente de los insoportables 115 minutos que dura su metraje. Otras veces me he largado, pero esta he de reconocer que al menos me siento a gusto reclinado en la butaca y no me apetece darme de bruces tan pronto con el exterior.

Supongo que serán muchos, o algunos, los que se enternecerán por sus plausibles y solidarias intenciones, pero vuelvo a repetir, en mi caso ello no es condicionante ni escollo para remarcar la nulidad de su propuesta.

-Muy buena -200 espectadores- entrada la que registran LOS JUEVES AL CINE para ver un competente pero sin verdadero fuste “thriller” a la española muy bien ambientado en Vitoria. Me refiero a EL SILENCIO DE LA CIUDAD BLANCA (EL SILENCIO DE LA CIUDAD BLANCA):

Si la comedia y el drama han sido los géneros “mayores” que han venido dando lustre y esplendor al cine de español de cualquier época, desde hace poco más de una década, o si prefieren, en lo que llevamos de siglo XXI, el terror y, especialmente el cine policíaco o el “thriller” están siendo los registros que están otorgando respeto y consideración a nuestra industria.

En este punto creo que resulta obligado citar títulos como NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS, los extraordinarios LA ISLA MÍNIMA, EL SECRETO DE SUS OJOS (aunque el peso principal sea argentino), CELDA 211, LA VIDA MANCHA y QUE DIOS NOS PERDONE, EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS y (en sus variantes o vertientes “política”) EL REINO y PAN NEGRO, TARDE PARA LA IRA, GRUPO 7, EL ROBO MÁS GRANDE JAMÁS CONTADO (comedia), TODO ES SILENCIO, QUIEN A HIERRO MATA, LA CAJA 507, EL NIÑO, LA SOMBRA DE LA LEY, 7 VÍRGENES, EL GUARDIÁN INVISIBLE, EL ALQUIMISTA IMPACIENTE, LA NOCHE DE LOS GIRASOLES,  PLENILUNIO, EL DESCONOCIDO, TODOS LO SABEN y TE DOY MIS OJOS (se pueden y deben incluir aunque sean un tanto más cogidos por los pelos) y, en uno o dos escalones por debajo, otros que contribuyen a mantener una industria, como TORO, CIEN AÑOS DE PERDÓN, EL CUERPO, EL LOBO, 70 BINLADENS, CONTRATIEMPO, HEROÍNA, X, UNA CASA EN LAS AFUERAS, LA NIEBLA Y LA DONCELLA, LA PLAYA DE LOS AHOGADOS, LOS CRÍMENES DE OXFORD, EL AVISO o las reciente EL CRACK CERO y EL ASESINO DE LOS CAPRICHOS. Espera estreno inmediato LEGADO EN LOS HUESOS.

Pero ojo, que este relativo esplendor de ahora, cuenta con basamentos de otras épocas. Si nos vamos a la década de los 50 y 60 nos encontramos con muestras tan valiosas como EL CEBO (el mejor policíaco español de toda la historia y uno de los más grandes en general), BRIGADA CRIMINAL, LOS OJOS DEJAN HUELLA, LOS PECES ROJOS, EL EXPRESO DE ANDALUCÍA, APARTADO DE CORREOS 1001, UN VASO DE WHISKY, CRIMEN IMPERFECTO y ATRACO A LAS TRES (estas en clave felizmente cómica), LOS PALOMOS, USTED PUEDE SER UN ASESINO, 091 POLICÍA AL HABLA, A TIRO LIMPIO, EL CERCO, DISTRITO QUINTO, A SANGRE FRÍA (TRAMPA AL AMANECER), A HIERRO MUERTE, EL OJO DE CRISTAL, CRIMEN DE DOBLE FILO, LA CORONA NEGRA, ¿CRIMEN IMPOSIBLE?, TODOS ERAN CULPABLES, ESTAMBUL 65, ARMAS CONTRA LA LEY, LAS ARMAS SUCIAS, NO DISPARES CONTRA MÍ, CITA IMPOSIBLE, DE ESPALDAS A LA PUERTA o LOS ATRACADORES . Y de los 70/80/90… FANNY PELOPAJA, EL ARREGLO, DEPRISA DEPRISA, EL CRIMEN DEL CINE ORIENTE, ASESINATO EN EL COMITÉ CENTRAL, EL CRACK 1 y 2, POLICÍA, TODO POR LA PASTA, AL LÍMITE, PLENILUNIO o LISBOA.

Supone pues una buena excusa esta crítica para dejarles constancia, un listado de una gran parte de lo mejor del género gestado por estos pagos. Espero que a alguno pueda resultarles de utilidad. Desde luego supone un porcentaje mayoritario de lo que recuerdo con más aprecio.

EL SILENCIO DE LA CIUDAD BLANCA, adaptación de la exitosa, la muy leída novela de la escritora vitoriana Eva García Sáenz de Urturi, publicada en 2016 y ambientada en su Vitoria natal, se suma a esa retahíla.

Precisamente uno de los aspectos más destacables, tampoco ofrece demasiados, es precisamente el lóbrego contexto en el que transcurre la trama criminal, en el marco principalmente de la fiesta de la Virgen Blanca. En las calles, aledaños, catedral (la verdad es que da bastante juego) y caseríos del entorno.

De nuevo, como es norma en su director, el barcelonés Daniel Calparsoro (GUEREROS, EL AVISO), goza de un buen empaquetado formal; aunque también exhala esa falta de consistencia habitual en su cine, que nunca acaba de tener esa pegada con la que llegue a alzar el vuelo. Claro que tampoco ayuda en esta ocasión un montaje un tanto abrupto, incluso confuso en algún momento (y nada desvelaré para no fastidiar su intríngulis).

Además, carrera para aquí, carrera para allá, parece mentira que su protagonista, el joven y en magnífica forma inspector Unai López de Ayala (un insípido Javier Rey), que no para de hacer running, sea superado por cualquiera de los personajes cada vez que surge una escena de persecución. Igual esto les parece una gracieta, una ocurrencia o frivolidad por mi parte, pero estos son los “pequeños” detalles que acaban otorgando credibilidad a una película. Algo parecido en el aspecto negativo sucede con la desdibujada figura de Belén Rueda, a la que me resulta difícil creer con tan fenomenal despiste (ya me entenderán, espero, si la ven).

La atractiva Aura Garrido repite rol de agente respecto a la también en cartelera –desconozco ahora mismo cuál se rodó antes y tampoco creo que sea necesario acudir en esta ocasión a Internet- EL ASESINO DE LOS CAPRICHOS, aunque me da la impresión que en esta última su presencia tiene más fuste, final incluido. En cualquier caso, ambas producciones mantienen un tono de corrección que le viene bien a nuestra industria.

Lo que no creo que tampoco le siente bien al conjunto son sus –escasos, todo hay que decirlo- insertos amorosos, pues lo que más bien le insuflan son un discreto grado folletinesco y sin entidad alguna. Las escenas al respecto resultan prescindibles. Más de lo mismo.

Por otra parte, las influencias, humildes claro, de SEVEN y EL SILENCIO DE LOS CORDEROS son evidentes y no precisamente para bien.

Pese a lo expuesto, se sigue con cierta atención y distracción. La solvencia de Calparsoro sí sirve en este caso para rociarla de cierto lustre.

El 3 que le otorgo es más bien un 2,5 que la configuración del periódico no me permite adjudicarle.