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Ser un poco Sancho no te saca de ser Quijote

Juan José Campanella, guionista y director de cine

Diario de un Cinéfilo Compulsivo

 

Martes, 10 de septiembre

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Foto: Nacho López, Óscar Martínez, Inma Cuesta y Mafalda Carbonell en Vivir dos veces/Vivir dos veces

-Antes de rematar del todo el penúltimo fin de semana de estrenos pendiente por mi intervalo veneciano, decido liquidar el pasado viendo el tercero y último de ellos, una producción española titulada VIVIR DOS VECES (VIVIR DOS VECES):

El cine de la barcelonesa María Ripoll desde su debut londinense en 1998 con LLUVIA EN LOS ZAPATOS –un par de décadas por tanto al pie del cañón, 9 largometrajes contando el que aquí me ocupa- siempre ha sido agradable, confortable, liviano, discretamente vistoso, pero nunca ha llegado a alcanzar la redondez o excelencia. No importa, no está mal como característica principal, y más en una industria como la española necesitada de obras de respetable calidad media, como es el caso.

Tal vez junto con LLUVIA EN LOS ZAPATOS, TU VIDA EN 65´ y RASTROS DE SÁNDALO sea esta la que más prefiero de su filmografía nada desdeñable. Todas ellas rebosan placidez, naturalidad, pero ay, le falta ese salto adelante que pudiera convertirlas en especiales, apasionantes o perdurables en la memoria. Mientras se contemplan resultan gratas, aunque luego es probable que el recuerdo se difumine.

Lo que tengo claro que demuestra en todo momento buen gusto para abordar asuntos delicados, en esta ocasión el devastador alzheimer (y sobre "ajustar" cuentas con el pasado sentimental), sin elevar demasiado la voz, dejando hablar y mostrarse a sus criaturas humanas, que suelen acabar rebosando comprensión y sensibilidad. Pero le falta ese punto de cocción para acabar provocando la emoción, tal vez por una cuestión de pudor o por cuidado en no querer pasarse. Bueno esto tampoco tiene porqué resultar negativo, claro. De lo que sí tengo la sensación es que puede que conecte más fácilmente con un público desprejuiciado que con una crítica que a veces nos manifestamos más pejiguera. O no, sencillamente el quid de su estilo estribe en lo anteriormente expuesto.

En lo que sí se suele mostrar muy diestra es en sacarle el partido adecuado a sus actores, un buen jugo, aquí un cuarteto de lo más dispar: el veterano e ilustre –y no solo como CIUDADANO- actor argentino Óscar Martínez, una plenamente consolidada Inma Cuesta (LA NOVIA) y la que tal vez supongan las dos revelaciones, un emergente Nacho López y la “neófita” y de lo más desenvuelta y expresiva jovencita –tan solo 9 años- Mafalda Carbonell, hija del actor y humorista Pablo Carbonell y cuyos problemas de movilidad en la ficción responden a su realidad cotidiana (padece una artrogriposis múltiple congénita).

En su credibilidad –hay cariño y afecto en su trazo por parte de la directora- figuran buena parte de los méritos de una historia sin grandes profundizaciones, epidérmica, atractiva de ver y seguir, con sus momentos graciosetes y tiernos en un do menor nada molesto. Sin más implicaciones… y sin menos.

PD: A falta de varios estrenos a tener en cuenta a priori, es el tercero mejor español que veo en lo que llevamos -casi tres cuartos- de 2019, a considerable distancia de -principalmente- DOLOR Y GLORIA y de a QUIEN A HIERRO MATA.