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Después de 'Juego de tronos' estoy empezando a encontrarme a mí misma

Sophie Turner, actriz (Lady Sansa en Juego de tronos)

Diario de un Cinéfilo Compulsivo

 

Martes, 14 de mayo

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Foto: Pokémon -voz y movimiento facial de Ryan Reynolds- y Justice Smith en Pokémon: Detective Pikachu/Pokémon Detective Pikachu

-Con el cuarto y quinto estreno cinematográfico del fin de semana vuelven lo que es la supremacía en lo que vemos habitualmente en la gran –o pequeña, da igual- pantalla, el cine norteamericano. Pero mientras el primero, el que ahora paso a comentarles, POKÉMON: DOCTOR PIKACHU (POKÉMON DOCTOR PIKACHU) aguanta el tipo, respecto al otro, TIMADORAS COMPULSIVAS, cuya reseña publicaré el jueves, mejor correr un tupido velo. Pero voy por orden de visionado y de publicación:

En el cine, como en la vida, a veces suceden cosas, reacciones muy extrañas o aparentemente contradictorias. Películas que interesan mucho a priori o que ofrecen contenidos atractivos, se acaban indigestando y, al contrario, algunas que, como en mi caso, rechazo a priori de facto su argamasa argumental, acabo reconociéndole méritos.  Es el caso de esta traslación a imágenes reales (y animadas) del popular pokémon Doctor Pikachu.

Admito que de partida se me atraganta la fuente en que está inspirada (y el diseño de los bichitos, de esos chiquitos amarillos y peludos, me estomaga… y eso que algunos podrían estar próximos al mundo del genial Hayao Miyazaki), el popular vídeo juego, y todos sus antecedentes de dibujos, pero he de reconocer que esta producción estadounidense presenta –siempre dentro de los parámetros en los que se mueve y sabiendo principalmente al público que va destinado, jóvenes y otros algo menos, pero nostálgicos, algo de lo que en este caso no puedo hacer gala, pues nunca viví ni experimenté el fenómeno- una dignidad formal, un acabado, que merece ser respetado por mi parte.

Antes de proseguir, hago un pequeño aparte para manifestarles –y empeño mi palabra en ello- que jamás he jugado en mi vida a un vídeo juego. Ni he descargado pelis, ni he pagado jamás con tarjeta. En fin, disculpen la acotación personal, pero es para que sepan a qué atenerse y por mero posicionamiento… del que no es que me sienta especialmente orgulloso, pero las cosas son las que son.

Vuelvo a lo que verdaderamente importa. El tono y trazos argumentales de este DOCTOR PIKACHU no superan un estadio elemental de una típica ficción de peculiares mini héroes y de buenos y malos, pero los efectos especiales presentan solvencia y la trama, dentro también de unas premisas casi inamovibles e infantilizadas, se sigue con agilidad. Igual se me escapa alguna densidad o complejidad de las que no me percato. Estoy dispuesto a recibir información de ello por parte de sus fans.

Al menos, no bostezo en ningún momento, lo cual, dadas las expectativas con las que acudí a verla, les aseguro que no es poco. No supera un estadio medio, pero es una versión bullanguera y decorosa.

Por lo que me indican, por lo que husmeo, no parecen salir defraudados los seguidores de esta franquicia, así que según lo que se consideren ustedes, así la disfrutarán o no.

Nota: Disculpen que me haya dispersado con acotaciones personales, pero les aseguro que para mí ya suponía de partida todo un esfuerzo asistir a ver esto, por lo cual supongo que advertirán mi pereza en explayarme en profundidades para los que tampoco esta producción entiendo que dé de sí. Y conste que no es poco lo logrado, lo de verla sin enojo alguno, no abandonar la sala e incluso distraerme.

-KEEPERS, EL MISTERIO DEL FARO (THE VANISHING) es una propuesta francamente interesante de cine de intriga, de introspección psicológica, en buen maridaje entre el cine británico y un director de inequívoco origen nórdico. Se salta un poco la programación de grandes superproducciones estadounidenses programadas últimamente en VERSIÓN UCLM, con todo lo que ello conlleva de considerable pérdida de espectadores, pero de innegociable renuncia a la calidad y a otro:

En los cuatro últimos años he visto tres destacables propuestas ambientadas en faros (remotos… ya sé, es redundancia), una norteamericana, LA LUZ ENTRE LOS OCÉANOS, y las otras dos curiosamente españolas, EL FARO DE LAS ORCAS y LA PIEL FRÍA. Todas ellas de diferentes empadronamientos genéricos, por lo que bien podría calificar a dos de quedamente emotivas y a una de fantástica, pero con el denominador común de los sentimientos a flor de piel… por muy envueltos que vengan en austeridades expresivas. Es lo que tiene vivir aislado de la civilización, que potencia algunas emociones básicas por muy interiorizadas que se manifiesten.

A las mismas se viene a sumar con todos los honores esta producción británica de reminiscencias nórdicas –su director, Kristoffer Nyholm lo fue de la segunda unidad de esa maravilla que es la austeramente pasional ROMPIENDO LAS OLAS y la reivindicable EL JEFE DE TODO ESTO, ambas de nacionalidad danesa- que cuenta con una dupla interpretativa de verdadero lujo, Gerald Butler y Peter Mullan, con alguna joven aportación, como el para mí desconocido Connor Swindells.

Aborda un episodio de lo más misterioso y apasionante para el que hubo en su momento todo tipo de conjeturas, desde alienígenas hasta fantasmagóricas. Me refiero a la desaparición de los tres fareros de las escocesas islas Flannan a finales de 1900, poco antes de la Navidad.

Como hice recientemente a propósito de la excepcional, intimista y colosal VENGADORES: ENDGAME, vuelvo a traer a colación párrafos de dos colegas que me parecen de lo más atinados y certeros. Por ejemplo, uno de Miguel Ángel Palomo que señala que “se mueve en los terrenos de la violencia, la codicia y la introspección psicológica… es de alabar su renuncia a los ritmos fílmicos que dominan el cine contemporáneo, su alejamiento de la pirotecnia, su profundización en el uso de la imagen sobria, concreta, precisa”.

O este otro, más breve aún, de Sergio F. Pinilla: “brioso y claustrofóbico thriller… la concisión de la puesta en escena y el magnetismo de un reparto exclusivamente viril, terminan por conformar un filme altamente recomendable”.

Ya de cosecha propia, añado que he de reconocer que me cautiva su atmósfera insalubre, amenazadora y su ritmo rebozado en tiempos muertos y en una narrativa árida, concisa, nada dada a exhibicionismos.

Cierto que tal vez su resolución no esté a la altura de la intriga, del enigma. De todas formas, ello no anula su capacidad de sugerencia ni el hecho de que suponga un ejercicio atípico dentro de un cine comercial que en ocasiones cae en el adocenamiento, el atropello y lo formulario.

Si a esto le suman tres excelentes y casi adustas interpretaciones, a tono con su ritmo visual, de los veteranos Gerard Butler y Peter Mullan y el joven Connor Swindells, el resultado es un muy apreciable y atípico ejercicio de intriga que no necesita tirar de alharacas para resultar efectivo y estimulante. A condición claro, que valoren el tipo de tonalidades y registros por los que se mueve.

Nota: Reparo en las reacciones de los espectadores a mi alrededor… y advierto que, en general, no gusta. Supongo que, por su pesadez narrativa, que para mí no es tal, y por sus tiempos muertos, que los sobrellevo bastante bien.