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Sufrir tres agresiones sexuales me fortaleció... porque me enseñó a construir mis propias defensas

Juliette Binoche, actriz

Diario de un Cinéfilo Compulsivo

 

Jueves, 10 de enero

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Foto: Sôsuke Ikematsu, Moemi Katayama, Mayu Matsuoka, Kirin Kiki, Lily Franky y Sakura Ando en Un asunto de familia/Manbiki kazoku/Shoplifters

-He perdido las veces que he disfrutado de esa obra maestra incontestable de Tim Burton que es LA NOVIA CADÁVER (CORPSE BRIDE). Tal como me sucede con tantas otras, necesito acudir a ella cada equis tiempo, pues me alivia, me reconforta, me reconcilia con la especie, aunque los protagonistas sean dibus. Vuelvo a disfrutarla en la bendita soledad de mi salón y en un pantallón como dios manda:

Adoro, venero el cine de Tim Burton. Salvo un par de títulos fallidos –su debut con la pesada y excéntrica LA GRAN AVENTURA DE PEE WEE y el innecesario y tostón "remake" EL PLANETA DE LOS SIMIOS-, su obra me ha proporcionado abundantes momentos de felicidad.

Si tuviera que decidirme por un solo título de su filmografía, bueno la verdad es que serían seis o siete –EDUARDO MANOSTIJERAS, ED WOOD, BIG FISH, SLEEPY HOLLOW, aunque firmado por Selick PESADILLA ANTES DE NAVIDAD, CHARLIE Y LA FÁBRICA DE CHOCOLATE-, en este momento y tras haberlo revisado recientemente, me inclinaría por LA NOVIA CADÁVER. Si me lo planteo dentro de un año igual es otro. Pero ahora éste es mi favorito.

Me apasiona el arrebatador, el exacerbado, el furibundo romanticismo que gasta. O esa poética atmósfera gótica, marca inequívoca de su autor. O sus inteligentes y nada fatuas reflexiones acerca de lo grisáceas de nuestras existencias y la apuesta por la imaginación más desbordante o por lo diferente. Determinadas, como es el caso, por una resolución visual aparentemente sencilla, pero de lo más compleja y contundente. Como, por ejemplo, mostrar el mundo de los vivos a través de tonalidades oscuras, cenicientas…  y el de los muertos mediante una borrachera permanente de color, de ingentes estallidos cromáticos. Desde luego, la juerga, alegría y vitalidad permanente en el submundo de los muertos me genera envidia.

Y es que LA NOVIA CADÁVER es una permanente lucha de la luz, provenga de donde provenga, venciendo a las tinieblas… a las que afectan al alma fundamentalmente.

Basada en un cuento popular ruso-judío, ambientado para la ocasión en un pueblo ficticio de la época victoriana, sus influencias podrían provenir hasta del mismísimo ESTUDIANTE DE SALAMANCA de José de Espronceda, aquél de la ineludible CANCIÓN PIRATA de varias generaciones.

Burton mediante un brillante diseño de personajes recogidos exultantemente por su cámara/paleta centrifuga la historia para su propia causa y nos regala, o me regala para no tener que hablar en nombre de nadie más, una fascinante historia de tintes tristes y melancólicos, de amores imposibles, pero trocados estos definitivamente en puros y verdaderos. Al respecto, el momento en el que Emily, la novia cadáver se desvanece en miles de mariposas, resulta de inenarrable belleza y emotividad.

Todo ello potenciado, una vez más, por una mágica, envolvente, portentosa banda sonora del habitual colaborador del director, Danny Elfman. Dos temas destacan por encima de los demás, aunque ninguno tiene desperdicio la verdad, LÁGRIMAS QUE DERRAMAR y el SOLO PARA PIANO DE VÍCTOR, una partitura de enorme sensibilidad compuesta mediante un tempo lento y cuyo comienzo viene determinado por un do sostenido menor. La secuencia que la alberga constituye también uno de sus momentos cumbre.

Supuso un proyecto arduo y laborioso, algo bastante habitual cuando se utiliza la técnica del stop-motion, ya saben, la del fotograma a fotograma. Diez fueron los años empleados en su concepción definitiva… algo que doy por más que bien empleado en vista de los resultados. Mike Johnson acompañó en la dirección al mago de Burbank para crear esta maravilla.

Y Johnny Depp, Helena Bonham Carter o Emily Watson fueron algunos de los actores encargados de poner las voces a los protagonistas en la versión original.

No se dejen despistar por sus evidentes formas o contornos lúgubres, pues acaba suponiendo finalmente un decidido canto a la celebración de la vida y del amor por encima de oscurantismos, hipocresías y represivas morales, o por todo aquello que lastre mezquinamente esa permanente proclama del Carpe diem entendido en su sentido más libre e imaginativo.

-Es el primer estreno del fin de semana que veo, adelantado a este jueves por deferencia del empresario del Parque de Ocio Las Vías, el querido amigo Santiago Salas. Ello me permite inaugurar a lo grande –otro lleno apoteósico, se quedan más de 50 espectadores sin poder entrar- el nuevo año de, precisamente, esos entrañables Los Jueves al Cine con el mendalerenda. Se trata de la espléndida, la extraordinaria UN ASUNTO DE FAMILIA (MANBIKI KAZOKU/SHOPLIFTERS) del grandísimo Hirozaku Koreeda:

Si tuviera que elegir un par de cineastas japoneses actuales que me apasionen estos serían sin duda el veterano -87 años, de la quinta de Eastwood- Yoji Yamada e Hirozaku Koreeda (lo pueden leer también como Kore-eda Hirozaku). De este he visto y he podido seleccionar para mis sesiones/presentaciones sus cuatro últimos y excelentes trabajos de su filmografía: DE TAL PADRE TAL HIJO, NUESTRA HERMANA PEQUEÑA, DESPUÉS DE LA TORMENTA y EL TERCER ASESINATO. De los anteriores me encantan KISEKI (MILAGRO) y STILL WALKING.

Con la segunda de las citadas, con NUESTRA HERMANA PEQUEÑA, es con la que UN ASUNTO DE FAMILIA muestra más concomitancias, tanto por registro, tono y temática. Al igual que aquella es conmovedora. Y, como suele ser habitual y muy recurrente en su filmografía, vuelve a hablar de la familia y su singularidad, de la necesidad de tener una y darse protección mutua, de otorgarse calor, del frío emocional del exterior o de cómo no necesariamente los lazos sanguíneos tienen que ser el vínculo más poderoso (pone contundente y delicadamente en solfa los conceptos de familia tradicional). También le importa mucho todo aquello relacionado con la infancia y la maternidad.

Y lo vuelve a hacer mediante un lenguaje diáfano, cristalino, profundo sin afectación, sensible, complejo (su tercer gran tramo resulta modélico al respecto) y humanista, tremendamente humanista. En el que sencillez y franqueza se alían, se dan la mano en perfecta comunión. Exudando cercanía en todo momento. Para ello se ha esmerado en aplicar un afortunado ritmo pausado, pero envolvente, robusto, recio, dejando en todo momento resquicio a lo legítimamente sentimental.

Se reafirma, tal como ha comentado algún colega, en tirar de ternura, humor sutil y también de dureza para mostrarnos a esta familia tan atípica (o no tanto), convencional, rebosante en afecto, tan singular, que encuentra la armonía en la exclusión social. La secuencia que protagonizan en la playa es de las que ya quedan para la posteridad. Y ese otro instante en el que un crío en orfandad exclama un postrer "papá" susurrado en un autobús me parece maravilloso. Momentos pequeños, íntimos, encofrados en una pintura admirable de almas necesitadas de afecto.

Lily Franky, uno de los actores más prestigiosos y populares de Japón, está formidable como Osamu Shibata, ese padre de familia y raterillo. Los dos niños están adorables. La joven modelo Moemi Katayama amén de una beldad se muestra de lo más desenvuelta. Y la veterana Kirin Kiki, que fallecería tras el rodaje el pasado mes de septiembre, vuelve a comerse la pantalla, está inmensa.

Es un Koreeda en estado puro, sereno, sabio, delicadamente intenso, emotivo. Con razón Cannes premió su obra con el máximo galardón, la Palma de Oro. Y San Sebastián con el premio Donostia. La Asociación de críticos de Los Ángeles la ha considerado el mejor filme extranjero de 2018. Igualmente ha sido nominada a mejor producción de habla no inglesa en los recientes Globos de Oro (tuvo una campeona prácticamente invencible por delante, la ROMA de Alfonso Cuarón) y seguramente será una firme candidata a los Oscar en idéntico apartado en una edición de lo más reñidísima. Les garantizo que ninguno de estos reconocimientos es gratuito.

No se la pierdan. Es un ruego que probablemente agradecerán.