lunes, 11 de noviembre

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No supimos entender el clamor por una sociedad más justa

Sebastián Piñera, presidente de Chile

Barricada Cultural

 

Fireball

por Fernando Aceytón Sorrentini

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Una de las características fundamentales del proceso madurativo del ser humano consiste en asumir y tolerar la frustración. En saber capear los designios del iter vital, lo que la vida nos depara para bien o para mal. Consiste, en definitiva, en asumir que no todo es como lo hemos previsto (algún listo diría preveído); que siempre hay alguien más alto, más guapo, más delgado y más rico que uno mismo. Que, como dijo John Lennon, la vida es eso que va sucediendo mientras hacemos otros planes. Que no todo gira entorno a nuestro ombligo. Y que cuando algo no sale como hemos previsto, hay que joderse. El trastorno de personalidad narcisista y el de personalidad inmadura, tal y como lo define el DSM IV (el manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales) enfatiza como elemento definidor la baja tolerancia a la frustración.

Asistimos estos días a la revolución de los narcisos en Barcelona. Con la excusa, telón de fondo, o so capa de una resolución judicial que condena a unos lilas con perfiles psicopáticos, creídos de su papel de libertadores del pueblo oprimido (la ensoñación a la que se refiere el TS), se manifiestan con la finalidad terapéutica de encontrar una salida decente a la frustración que supone vivir una vida vacía e inútil, de burgués de Pedralbes o de pijo del Ensanche. ¡Qué emoción correr delante, detrás, a un lado y a otro de los Mossos de Escuadra y la Policía Nacional! ¡Qué bonito no ir a clase! ¡Cómo mola abrirles la cabeza los polis, quemar contendores, coches, negocios! ¡Qué maravilla joder la vida de cientos de miles de personas! Recuerda David Gistau la reflexión contracultural de Pasolini referente a que en el 68 simpatizaba con los policías porque eran los verdaderos proletarios: delante tenían niños bien jugando a ser niños mal. En ningún caso lo dicho excluye la responsabilidad de los alborotadores profesionales, los radicales, los hijos del mal, los enviados por algunos interesados en arrasar Cataluña, España, Europa y la civilización occidental. Tampoco, mal que les pese a gente que sólo mira la pelusa de su ombligo, debe olvidarse la responsabilidad de unos tarados criminales y malvados que azuzan a las bestias y avivan el fuego, llenando las cabecitas de mierda y convirtiendo Cataluña en un escenario propio de esa gran película que es Invasion of the body santchers (La invasión de los ladrones de cuerpos), de Don Siegel, basada en la novela de Jack Finney, The body snatchers y que contó con una notable secuela en el año 1978, dirigida por Philip Kauffman y protagonizada por Donald Sutherland. Nos invaden las vainas que tratan de convertirnos en copias indepes con estrellada pegada a la chepa. Un horror. Acabarán como el puto Nerón. De todo esto no va salir nada bueno para el independentismo ni para los que contemporizan con él anteponiendo sus sueños de grandeza. De momento, y como muestran las imágenes del pillaje y el robo descarado en las tiendas reventadas, el independentismo ha regresado a sus predios fundacionales, que son los del trinque y la mangoleta; el tres per cent, nen.

Y hablando de seres molestos e inútiles, hay que traer a colación a unos pequeños y muy, muy letales: los mosquitos. ¿Sabían Uds. que tan sólo en 2018 mataron a 830.000 personas? Todo sobre estos insectos dípteros mematóforos nos lo cuenta el doctor en Historia por la Universidad de Oxford Timothy C. Winegard en su obra El mosquito. La historia de la humanidad desde un punto de vista insólito, el de unos bichos que han sobrevivido desde hace 190 millones de años y han provocado la muerte de cerca de la mitad de todos los seres humanos que han vivido. Publicado por Ediciones B (635 páginas. 24,90 euros)

El vino recomendado esta semana es un sudafricano rico, rico, The Chocolate Block 2017. Syrah, Garnacha tinta y Cinsault del área de Swartland y Cabernet Saugvignon de la zona de Franschoek para conseguir una enorme concentración de color, sabor y estructura tánica. Vibrante acidez y textura suave y carnosa. Un vinazo potente.

Sigan con salud.

 

Foto: notiulti.com