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Claude Lelouch, director de Los años más bellos de una vida

Barricada Cultural

 

Progres de plástico y otros radicales de salón

por Ignacio Gracia

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Es un poco triste comprobar como existen personas con el comportamiento errático de una veleta, moviéndose hacia donde apunta la moda marcada por histéricos conductores y tertulianos de programas y concursos de televisión, o por quienes los ponen en ese sitio, gente que quiere hacer su negocio de vendernos mierda.

La gente que peinamos canas hemos tenido una serie de referentes de calidad en la formación académica e incluso en la política. Quizás la necesidad de la época y la dictadura calentita todavía fue una ocasión para tener las cosas claras, para saber qué es lo que puede pasar si se va todo al carajo, si no se razona desde el fundamento coherente, sensato. La vida quizás nos hizo posicionarnos a la fuerza y a veces tener claras las alternativas, con las luces y sombras que albergaban indudablemente. Tuvimos claro lo que era detrás y adelante, izquierda y derecha; y hasta abajo y arriba gracias entre otros a fantásticos programas como barrio sésamo.

El caso es que compruebo con estupor que mucha gente sin aquellas cosas claras se apunta al discurso fácil lamentablemente porque está de moda. Y empieza a despotricar asumiendo un discurso radical preocupante, porque no saben de lo que están hablando, ni las posibles consecuencias de sus exigencias llevadas hasta el fin. Obviamente son iguales que todos los chicos de todas las generaciones, quieren molar, quieren ligar y parecer interesantes. Trascender. Pero el problema es que están jugando con fuego.

La gente que hizo una virguería de tolerancia para parir un acuerdo reflejado en la constitución –con todos sus defectos-, se tiene que rasgar las vestiduras o revolver en sus tumbas. Que un antiguo jefe del régimen legalice al partido comunista, que éste acepte la existencia de una monarquía para dejar de oír los ecos de disparos, todo ello de forma consensuada y pacífica es poco menos que un milagro.

Pues veo a gente desde posturas radicales y con reivindicaciones excluyentes que son incompatibles con la convivencia normal, y si eso no lo quieren entender todos tenemos un gran problema. Os voy a poner algunos ejemplos. Loquillo, el cantante, lleva más de una década sin poder interpretar una de sus mejores canciones porque la tiene autocensurada. Se llama “la mataré”, y habla de un hombre que odia a una mujer y la quiere matar. Evitar hablar de una cosa no va a evitar el problema. Meter el polvo debajo de la alfombra, esconder esos problemas no los soluciona, al contrario. Se deben sacar a la luz y que la gente pueda discutir sobre ellos, aunque sean incómodos. Sería como cerrar Austwitz por violento; que por cierto, está de moda por el turismo de selfies al lado de las tumbas de judíos. A eso me refiero exactamente con el ejemplo, a no ocultar cosas y al gilipollismo de los que siguen la tendencia sin saber lo que están pisando.

Otro caso ocurrió hace unos años con Sabina, ese que canta. Cuando sacó la canción de dice: “desde que te pintas los labios en vez de don Juan te llamamos Juana la loca…”, empezó a sufrir un boicot por parte de muchos programadores de música de la radio porque lo tachaban de homófobo. Nada más lejos de la realidad. Sabina reconoció más tarde que la canción se la dedicó a la persona que más quiso en esta vida, a su abuelo Juan. A veces hay que pensar antes que abrir la boca o el micrófono.

Y últimamente me gusta la actitud de un cómico tocayo mío (Ignatius Farraz), cuando reivindica el derecho a hacer chistes sobre esos tabúes a los que me refiero. Él defiende que una persona sin fobias puede decir “negro o maricón de mierda” porque lo dice con ironía, y esa ironía es una crítica a los que lo dicen porque lo piensan de verdad. Recuerdo en un programa suyo a una chica de color llevar un colgante con una esvástica. Me parece un triunfo sobre el nazismo, no hay nada que nadie no pueda llevar, si se sabe el sentido de la ironía. Que se puede hablar con gente de todo el ámbito político, ver cualquier tipo de película si se hace con sentido crítico, desde el capital hasta mi lucha. Para opinar una vez que conoces y a lo mejor entonces te das cuenta que es una mierda.

Nunca dejéis que os censuren, que os limiten las cosas que escuchar porque no son políticamente correctas. Empieza a parecerse demasiado esto al ministerio en el que trabajaba el protagonista de 1984, eliminando palabras del diccionario para esclavizar a la gente encajonándolos en ideas fijas. A so me refiero. ¿A que os suena?

 

Foto: bbc.com