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Edurne Portela, escritora

Opinión

La política, o nunca digas de este otro partido no beberé

Por Fermín Gassol Peco

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La política, permítanme que así lo exprese, es un noble arte al que se une a veces, muchas veces, un ingenioso y porque no, arriesgado y divertido juego en el que se utiliza el intelecto para llegar a resultados y conclusiones curiosas unas veces, ilógicas otras e inconcebibles en algún caso. Sobre el mundo de la política existen infinidad de expresiones más o menos acertadas, siendo la mayoría  de ellas  una caricatura o exageración de sus extremos. Los que me conocen saben de mi dicho:  la política es el ingenioso arte de intentar demostrar que la suma de dos y dos puede dar cualquier resultado siempre que no sean cuatro que para eso están las aburridas y recurrentes matemáticas. No pretendiendo pasar a la historia con esta definición de andar por casa y menos cuando alguien que, me consta, sabe  mucho de aritmética y política me corrigió al oír esta afirmación; bueno, dijo, incluso alguna vez puede darse el caso de que sumen cuatro. 

Y es que lo verdaderamente ingenioso de este arte es que, aún permaneciendo el resultado de la suma inalterable todos los “sumandos” intentan aparecer siempre con mayor valor; un ejemplo: No hay más que escuchar a los “mandamases” de los partidos en la noche de las elecciones realizando auténticos ejercicios malabares mentales para demostrar a sus electores que han salido victoriosos del trance. Digo al principio que la política es sin duda divertida por las curiosas conclusiones que se extraen pero también puede resultar arriesgada. Y es que este” juego” adquiere otros tintes cuando se juega a ganar utilizando métodos que, aun siendo legales, resultan más que curiosos, ilógicos o inconcebibles.

Cuando dos o más formaciones, que defienden postulados muy distintos estando incluso a la greña en otros escenarios, se unen contra un tercero simplemente para que éste no gobierne pese a obtener mayor número de votos y no me estoy refiriendo en estos momentos a nada y nadie en particular, de alguna manera se está adulterando el resultado del pensamiento que la mayoría ha votado.  De esta suma de “peras y manzanas”, de, a veces “perros y gatos” en que se convierten algunas “pseudo-alianzas” de estos extraños compañeros de mantel y cama, se derivan unos resultados que al final y a la postre, no resultan ni del agrado de sus integrantes, ni de la inmensa mayoría de sus electorados. Y así vemos que pasa lo que pasa, que la duración de estas uniones dura poco tiempo normalmente a no ser que existan intereses “supramatrimoniales” muy fuertes que mantengan esa unión de conveniencia.

Y es que la política como ejercicio de poder ha de resultar un plato exquisito con un sabor  tan rico, intenso y contundente que resulta un deleite para todo aquél que lo ha probado. Tuvo razón Bossuet cuando dijo: la política pretende ser un acto de equilibrio entre la gente que quiere entrar y aquellos que no quieren salir.

 

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