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Nunca pensé que volvería a pisar el Halcón Milenario

Mark Hammill, actor

Cine y TV

Forjador de sueños (en recuerdo a John G. Avildsen)

Por José Luis Vázquez

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Foto: John G. Avildsen

Es obligado recordar al francamente notable cineasta estadounidense John G. Avildsen, en el día de su fallecimiento -sábado 17 de junio de 2017- en Los Ángeles, a los 81 años. Llegó a obtener el Oscar como mejor director en 1977 por la estupenda ROCKY y ya había puesto en bandeja cuatro años antes el segundo en la carrera de Jack Lemmon por la espléndida comedia dramática SALVAD AL TIGRE, incisiva radiografía,  intenso descenso a los infiernos personales de un prototípico hombre de negocios durante un dramático día y medio de su existencia.

Su cine siempre transpiró inquietudes sociales, mostrando al individuo en entornos nada fáciles, hostiles. Pero por encima de ello late una necesidad de superación por parte del individuo, de pelea constante, aun habiendo mordido el asfalto, por alcanzar los sueños. Así es ROCKY (su entendimiento con Sylvester Stallone resultó de lo más fructífero, estamos ante uno de los grandes títulos setenteros) y así lo fue su otro gran y arrasador éxito comercial KARATE KID, la historia de amistad entre un maestro de artes marciales (Pat Morita) y su joven aprendiz (Ralph Macchio). También llevarían su firma las dos apreciables secuelas a las que dio pie.

Pero repasando su filmografía, no demasiado extensa –poco más de 20- pero suculenta, se pueden encontrar otros títulos que alternan aspectos críticos, cuestionadores de las rendijas de la sociedad estadounidense con otros más lúdicos o de puro entretenimiento. Por tanto, me resulta obligado citar JOE CIUDADANO AMERICANO, MIS LOCOS VECINOS, DANZA LENTA EN LA GRAN CIUDAD (una película preciosa, otra vez de sueños, anhelos y ballet), LA FÓRMULA, UN CARADURA SIMPÁTICO, LA FUERZA DE UNO, 8 SEGUNDOS. La mayoría de ellos protagonizadas por héroes cotidianos, u “ordinary people” que tienen que soportar las asfixias de un sistema que a veces no hace concesiones.

Lo que no tengo contrastado del todo es el egocentrismo que le achacaran algunos actores, como John Travolta, que consiguió le despidieran del rodaje de la siempre reivindicable FIEBRE DEL SÁBADO NOCHE. No sé lo que hubiera obtenido –estaba empeñado en eliminar todo lo concerniente a la música de los Bee Gees- pero está claro que su sustituto, John Badham, consiguió un trabajo apreciable, meritorio. Todo un documento de esa época discotequera y de pantalones de campana (los chicos).

Desde luego quedará como otro de esos profesionales que contribuyó a dar brillo y esplendor al cine de su país en ese nuevo tránsito de las décadas de los 70 y 80.

Descanse en paz.

 

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