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Agitar miedos identitarios funciona

François Jullien, filósofo

Diario de un Cinéfilo Compulsivo

 

Jueves, 12 de octubre

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Foto: Óscar Martínez, Paco León, Rossy de Palma y Alexandra Jiménez en Toc toc/Toc toc

-Aprovecho la festividad del día para acercarme a las salas y ver el último estreno pendiente del fin de semana, TOC TOC (TOC TOC): La adaptación de la exitosa obra teatral de Laurent Baffie, ocho temporadas en los escenarios españoles, vuelve a constituir un buen ejemplo de comedia española que divide drásticamente a los espectadores, entre los que se lo pasan bomba y entre a quienes nos genera indiferencia. A veces me sucede justo lo contrario, las disfruto, como en el caso de las divertidas y coetáneas: LA LLAMADA, OCHO APELLIDOS VASCOS, 3 BODAS DE MÁS, CARMINA Y AMÉN, ¿QUIÉN MATÓ A BAMBI? o LA NOCHE QUE MI MADRE MATÓ A MI PADRE. Todas ellas mucho mejores que tantas insoportables y vulgares comedietas norteamericanas de reciente cuño.

Pero esta vez no, esta vez los responsables de esta propuesta no han hecho diana en lo que a mí se refiere… aunque le auguro una buena taquilla y receptividad. Y eso que su director, el valenciano Vicente Villanueva, debutó hace seis años con un título nada desdeñable, LO CONTRARIO AL AMOR, y su segundo largometraje, de hace tres años, resultó una aportación fallida pero curiosa, NACIDA PARA GANAR. Parece ser que como cortometrajista ha denotado siempre personalidad y cierta originalidad. Le desconozco en esa faceta.

Su puesta en escena resulta esta vez un tanto deudora de su origen teatral.

En lo que aquí coincide con aquél segundo trabajo es en idéntica protagonista, Alexandra Jiménez, la mejor comedianta con que cuenta el actual cine español, una prolongación y actualización a estas latitudes de las norteamericanas Meg Ryan o Reese Witherspoon, incluso remontándonos tiempo atrás, de una Goldie Hawn al estilo hispano.

Posee mucho encanto y desenvoltura la zaragozana, desde luego a mí hace tiempo que me tiene ganado. Y sin ser un bellezón glamouroso, muestra siempre un considerable, casi irresistible, atractivo.

Está acompañada para la ocasión por profesionales talentosos, desde ese magnífico “ciudadano ilustre” argentino llamado Óscar Martínez hasta el ecléctico y –en el sentido positivo- multiusos Paco León, pasando por Adrián Lastra, la inefable Rossy de Palma y Nuria Herrero.

Lástima que este apreciable grupo de intérpretes reunido esté bastante desaprovechado. Va de más a menos. Y las presuntas gracias por unos actores –insisto- buenos pero excesivos, demasiado gesticulantes (salvo Jiménez), acaban resultando baldías en un amplio porcentaje. Es una cuestión de tono, de tirar innecesariamente de estridencia.

Y no me vale la coartada de que encarnan a una serie de personajes con trastornos o manías reunidos en torno a una consulta psiquiátrica. Sirva como plausible ejemplo de todo lo contrario, la interpretación llevada a cabo por el comúnmente histriónico Jack Nicholson como maníaco depresivo en MEJOR IMPOSIBLE.

De todas formas, seguramente una buena porción de espectadores incondicionales del género de raíz autóctona, puede que pasen un moderado buen rato, de que se echen unas risillas vamos. 

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