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Sobrevivir a la violencia también te hace violento

Edurne Portela, escritora

Diario de un Cinéfilo Compulsivo

 

Sábado, 12 de agosto

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Foto: una escena de Emoji: la película/The emoji movie

-Uffff... me la temía y se han cumplido los peores designios, EMOJI: LA PELÍCULA (THE EMOJI MOVIE) es prácticamente la mayor y más tostonaza bobada vista en lo que llevo –poco más de siete meses- de 2017: Por ese mismo motivo algunos dirán que no es para tanto, que no se merece dicha saña. Seguramente, pero se me atragantó desde el mismísimo inicio y ya no fue posible enmienda alguna.

Lamento unirme a ese nutrido grupo de colegas que han puesto a caldo o se han cebado con esta en el fondo inofensiva, tontorrona y también mercantilista producción animada. Esto último, como cualquier maniobra comercial en el ámbito que sea, nada tendría de malo si a cambio el gato por liebre o lo vendible mereciera la pena. Pero no es el caso.

Lo propuesto es una aburridísima historia de mensajes mil veces expuestos de manera muchísimo más imaginativa y original, que saquea impunemente el espíritu de DEL REVÉS, pero no alcanza su genialidad ni por rozamiento.

Trata, fundamentalmente, del viaje de un emoticono, de cierto parecido animado con el más bien olvidable y lejano Naranjito, desde Textópolis hasta la Nube y de la lucha por preservar su mundo y a él mismo. Algo más o menos así, pues si tengo que meterme en mayores jerigonzas, de carácter exclusivamente técnico, mi tedio se amplifica hasta límites estratosféricos… y eso que el lenguaje empleado está al alcance de un niño hoy en día. Pues por eso, si lo llevamos a esos terrenos no doy el nivel requerido. Me refiero a mundos en el que las referencias son Candy Crash –que les prometo que no sé lo que es, lo he copiado, empeño mi palabra en ello- y jergas parecidas que para mí se encuentran a trasmano.

El problema ya no es ese, el que sea sumamente infantilona (por tanto, puede que sus casi únicos destinatarios sean críos muy pequeños, aunque los que asistieron a la sesión en que la vi apenas soltaron un par de risillas precipitadas) en el peor sentido del término, sino que creativamente es de un simplismo agotador. A años luz de la relativamente reciente ROMPE RALPH, por ejemplo.

A tono con el conjunto general, el guión está a idéntica bajísima altura. Es de una inanidad y pobreza lamentables, tanto en lo referido al abordaje de alguna copia descarada ya citada, como en lo concerniente a sus ridículos personajes (ese señor Caca y su hijo… que como agudamente señala Nando Salvá cuando van al baño ¿qué es lo que hacen?) o sus bobos contenidos, desde deducir que tener móvil con muñequitos te hace más –disculpen el tonillo adolescente- guay o el hecho de reivindicar la propia identidad… para pasar a defender lo de siempre. En fin… prefiero no continuar divagando ni confundirles aún más a ustedes.

Algo positivo se puede extraer de esta sandez, el hecho de que el firmante de la banda sonora sea el magnífico compositor Patrick Doyle (Oscar por SENTIDO Y SENSIBILIDAD y HAMLET de Kenneth Branagh, GOSFORD PARK, GRANDES ESPERANZAS, BRAVE, CENICIENTA…).

No mucho más puedo indicar pues flipé con los primeros compases  y prácticamente desconecté a los cinco minutos, mi atención se mantuvo por mínimo prurito profesional, pura inercia. Y no me largué de la sala porque tenía después otro estreno nocturno y, además, se estaba muy fresquito.

Desde luego si tienen alguna cuenta que saldar con alguien a quien tengan enfilado, si quieren gastarle alguna broma pesada a algún amigo o si desean llevar a cabo una buena jugarreta con algún enemigo, no lo piensen más, apáñenselas para conseguir que acuda a verla o regálensela cuando se edite en dvd o blu-ray.

Respecto al interesado descaro que supone su campaña en favor de las nuevas tecnologías, de Smartphones sin ir más lejos, precisamente por parte de quienes las venden y han auspiciado esto, no voy a concederle mucha más importancia. Insisto, lo hubiera dado por bueno, por estupendamente empleado, si a cambio lograran haberme transportado al más feliz Nirvana de los sueños, a ese al que sí me llevó la divina DEL REVÉS.

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