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En el fútbol español apenas hay corrupción

Ángel María Villar, ex presidente de la Federación Española de Fútbol

Barricada Cultural

 

Las dos fronteras

por Ignacio Gracia

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En este siglo XXI quedan ya pocas fronteras con lo desconocido. Barricadas como la que da título a esta sección, desde la que algunos románticos todavía resisten a las máquinas, al mundo virtual o a la influencia de los poderosos. Reductos en los que se lucha a pesar de que se sabe que la guerra está perdida, y esta es la auténtica grandeza. Como decía James Stewart en Caballero sin espada, “las únicas causas por las que merece la pena luchar son las perdidas, porque aun sabiendo que no se puede ganar se continúa luchando...” Esto lo dice todo de las causas, y de sus defensores.

Una de las fronteras con los límites de la mente es el ajedrez. Parece un juego inventado por el diablo para desafiar la inteligencia, para ganarnos siempre, porque supera nuestra capacidad de análisis. Precisamente ese desafío, calcular movimientos más allá de nuestra capacidad, en la bruma del incierto final de la partida, es lo que atrae a la lucha a nuestros mejores estrategas, los que no se rinden nunca. En su contra, la inteligencia artificial surge como el diablo del futuro -o su peor creación, no hay diferencia-. Y un Demonio llamado Deep Blue, consigue en 1996 ganar por primera vez una partida al campeón del mundo Gary Kasparov, en condiciones normales de torneo, con un tiempo de control igual que en las competiciones oficiales de ajedrez. Al final Kasparov logró reponerse y consiguió ganar el torneo 4-2. Fue la última victoria del hombre, porque al año siguiente Deep Blue ganó el campeonato y supimos que la guerra estaba perdida. Desde entonces las máquinas no dejaron de mejorar a una velocidad que no somos capaces de determinar, ese es el problema. Hoy hay ordenadores cuánticos capaces de resolver cualquier partida –cualquiera- con ocho piezas sobre el tablero. Ya no es una cuestión de jugar mejor que el oponente. Analizan cualquier combinación y antes de mover saben cómo ganar. Cuando sean capaces de hacer lo mismo con 32 piezas –no falta mucho creedme-, el juego habrá acabado. Su noble alma se habrá perdido para siempre.

Pese a todo, los ajedrecistas resisten, tenaces. Algunos, incluso, transitan por otra frontera, el umbral de un territorio más salvaje aún que el que delimitaba el muro de Adriano. Me refiero a la igualdad de derechos de las mujeres. Recientemente ha acontecido uno de los gestos a los que aludía que definen causa y luchador, con escasa repercusión en los medios. Pero os recuerdo que esto es una barricada, por eso os quiero hablar de dos ajedrecistas, las ucranianas Anna y Mariya Muzychuk.

Estas navidades han antepuesto sus valores al éxito y el dinero, rechazando participar en el Campeonato Mundial de Arabia Saudí como protesta por las exigencias en la vestimenta de las mujeres o el veto a los jugadores israelíes. Anna fue desposeída de los títulos mundiales en categoría rápida y relámpago por no acudir al torneo. El impacto económico le hubiera supuesto unos 150.000 euros, pero hay luchadoras que no se venden ni por esa cifra, por increíble que parezca en nuestro mezquino mundo. Simplemente no estaban dispuestas a cubrirse al abandonar la sala de juego o al visitar la ciudad, aunque de forma extraordinaria la organización quiso suavizar las normas durante las partidas como consecuencia de su protesta. Ellas no estaban dispuestas a jugar en un país donde los derechos de las mujeres son violados por completo. Donde son tratadas como criaturas de segunda. La libertad para elegir lo que se viste, para poder salir a la calle sin compañía, para no aceptar normas estrictas dictadas por cobardes tiranos no es una opción, es un derecho que no está en venta. Para ellas al menos.

 James Stewart sonreiría de esa forma especial con sus ojos por ese gesto que quizás sea estúpido. Vosotros decidiréis si merece la pena. Hace muchos años, Borges definió este deporte de una forma bellísima: “Dios mueve al jugador, y éste las piezas. ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza?...” Creedme, amigos. Hoy estoy convencido que ese Dios que empieza el misterio del ajedrez es mujer, pese a quien pese.

 

Foto: hipertextual.com

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